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jueves, 5 de enero de 2017

Misión de la Literatura





Todo resuena, apenas se rompe el equilibrio de las cosas. Los árboles y las yerbas son silenciosas; el viento las agita y resuenan. El agua está callada: el aire la mueve, y resuena; las olas mugen: algo las oprime; la cascada se precipita: le falta suelo; el lago hierve: algo lo calienta.  
Son mudos los metales y las piedras, pero si algo los golpea, resuenan.  Así el hombre. Si habla, es que no puede contenerse; si se emociona, canta; si sufre, se lamenta. Todo lo que sale de su boca en forma de sonido se debe a una ruptura de su equilibrio.
La música nos sirve para desplegar los sentimientos comprimidos en nuestro fuero interno. Escogemos los materiales que más fácilmente resuenan y con ellos fabricamos instrumentos sonoros: metal y piedra, bambú y seda, calabazas y arcilla, piel y madera.  El cielo no procede de otro modo, también él escoge aquello que más fácilmente resuena: los pájaros en la primavera; el trueno en verano; los insectos en otoño; el viento en invierno.  Una tras otra, las cuatro estaciones se persiguen en una cacería que no tiene fin.  Y su transcurrir, ¿no es también una prueba de que el equilibrio cósmico se ha roto?
Lo mismo sucede entre los hombres; el más perfecto de los sonidos humanos es la palabra; la literatura, a su vez, es la forma más perfecta de la palabra.
Y así, cuando el equilibrio se rompe, el cielo escoge entre los hombres a aquellos que son más sensibles, y los hace resonar.


Han Yü - Título y versión de Octavio Paz


miércoles, 27 de julio de 2016

Todas las cosas y yo somos uno




"Llegamos a un nuevo concepto de inquebrantable totalidad, que niega la idea clásica del análisis del mundo en partes separadas e independientes... El concepto clásico usual de que las "partes elementales" independientes son la realidad fundamental del mundo y que los diversos sistemas sean meramente formas y ordenamientos particulares de estas partes ha sido invertido. En lugar de ello, decimos más bien que la realidad fundamental es la inseparable interrelación cuántica de todo el universo y que las partes que parecen funcionar de un modo relativamente independiente son simplemente formas contingentes y particulares dentro de todo ese conjunto"

David Bohm & B.Hiley, "On the Intuitive Understanding of Nonlocality as Implied by Quantum Theory"


“El Cielo, la Tierra y yo nacimos al mismo tiempo, y todas las cosas y yo somos uno”

Chuang Tzu


lunes, 21 de marzo de 2016

La elegancia del mono




En el curso de sus peregrinaciones entre los cinco picos cubiertos  por brumas centelleantes, Zhuangzi se cruzó con el rey y su séquito, que habían ido a hacer una comida campestre a orillas del lago de la Tranquilidad celestial. El sabio llevaba puesto un vestido de tela toscamente remendada, sus sandalias agujereadas estaban atadas con trozos de cordel.
-¡En qué miseria has caído, Maestro!-, exclamó el monarca.
-La indigencia no es desamparo -contestó Zhuangzi-. La única desgracia de un sabio es no poder transmitir su comprensión del Tao. ¡Esta época no es fausta para los filósofos, eso es todo!
-¿Qué quieres decir? -preguntó el rey.
-Cuando el mono está en los árboles, vuela de rama en rama, tan airoso como un pájaro. ¡Pero cuando se desplaza entre monte bajo y hierbas altas, su paso es ridículo! Así como el sabio que no tiene adeptos entre los príncipes de su tiempo pasea andrajoso. ¡Pero qué importa! Si tiene discípulos que ponen en práctica sus palabras, su corazón está plenamente satisfecho. ¡En ésto consiste su verdadera riqueza, pues el conocimiento que transmites te pertenece para la eternidad!

Cuentos de los sabios taoístas - Pascal Fauliot


viernes, 17 de octubre de 2014

Tien Tse Fang




Tien Tse Fang se hallaba al servicio del marqués Wen, de Wei y a menudo consultaba a Chi Kung.
El marqués Wen dijo:
-Y este Chi Kung, ¿es tu maestro?
-No -dijo Tse Fang-, pero somos de la misma región. Al comentar el Tao con él he hallado que acierta con frecuencia, y por eso le consulto.
-Entonces , ¿no tienes ningún maestro? -dijo el marqués Wen.
Tse Fang replicó:
-Sí lo tengo
-Y, ¿quién es tu maestro?
-El maestro Shun, De la Muralla Oriental -respondió Tse Fang
-Entonces, porqué no has elogiado nunca a este gran maestro?
-En realidad es un hombre que encarna la Verdad -dijo Tse Fang-.Tiene la apariencia de hombre, pero la dimensión del Cielo. Está vacío y su ser es la Verdad; es puro y lo tiene todo. Saluda de manera apropiada a los que no tienen el Tao y se iluminan, pues sus vanidades quedan disueltas. ¿Cómo podría yo presentar sus pensamientos?...


Extracto de El Libro de Chuang Tse, versión de Martin Palmer y Elizabeth Breuilly


Esta historia me trae a la memoria a Vasudeva, el barquero, del Siddharta de Hermann Hesse,..


sábado, 27 de septiembre de 2014

Gobernantes y sirvientes




Si no hay otro, no hay yo. Si no hay yo, no hay nadie que haga distinciones. Esto parece ser cierto. Pero, ¿qué es lo que origina semejante variación? Parece como si hubiera un Señor real, pero no tenemos indicios de Su existencia. Uno debe creer que Él existe, pero no podemos ver Su forma. Debe ser real pero no tener forma. Las cien partes del cuerpo humano, con sus nueve orificios y seis vísceras, son, a su modo, completas. ¿Cuál preferiré? ¿Te gustan todas por igual? ¿O algunas te gustan más que otras? ¿Actúan todas ellas como sirvientes? ¿Son estos sirvientes incapaces de controlarse entre sí y necesitan alguien que los gobierne? ¿Actúan alternativamente como gobernantes y sirvientes? ¿Puede existir algún gobernante verdadero fuera de ellos mismos?

Chuang-Tse



Del mismo modo que consideramos cada punto de la superficie de una esfera como el centro de la superficie, cada órgano del cuerpo y cada ser del cosmos debe ser visto como su centro y gobernante.

Alan Watts

domingo, 14 de septiembre de 2014

No Culpar




"Cuando alguien es herido, no debe culpar a lo que lo ha herido, debe culparse a sí mismo, su vulnerabilidad es prueba de imperfección. Un hombre razonable no culpa al sable que lo hiere, ni la teja que le cae encima. Si todos los hombres buscaran en su imperfección la causa de sus desgracias, tendría la paz perfecta, el fin de las guerras y suplicios. Sería el fin del reino de esta falsa naturaleza humana, que ha llenado el mundo de bandidos; sería el comienzo del reinado de la verdadera naturaleza celeste, fuente de toda buena acción. No ahogar a su naturaleza, no creer en los hombres, he aquí la vía del retorno a la verdad, a la integridad original."

Chuang Tzu

Extraído de 365 Tao - Edición de Francis Amalfi




sábado, 13 de septiembre de 2014

El Sueño de Chuang Tzu




Una fresca tarde de primavera Chuang Tzu llegó a la orilla de un lago y se sentó a descansar. Al poco rato se quedó dormido y soñó que era una mariposa. La mariposa que una vez había sido Chuang Tzu se fue revoloteando por ahí, viendo que el mundo era hermoso y estaba lleno de flores y aromas. Al principio, a la mariposa que una vez había sido Chuang Tzu, le costó un poco adaptarse a las alas que le parecían demasiado grandes y poco manejables. Además, su cuerpo era tan liviano como un sueño y una suave brisa bastaba para arrastrarla varios metros y hacer que variara de rumbo. Pero poco a poco se fue acostumbrando. Aprendió a dejarse llevar y a aprovechar las corrientes de aire para desplazarse más cómodamente de flor en flor. La mariposa que una vez había sido Chuang Tzu enseguida aprendió también a libar las flores con su trompa extensible, y descubrió que el néctar era embriagador.

En un momento en que se estaba poniendo como el quico de riquísimo néctar, descubrió aterrada que a sólo un paso de ella acechaba un enorme camaleón verde que no había sido nunca Chuang Tzu, perfectamente inmóvil como una estatua del templo de Shao Li. Si hay algo que produce pánico a las mariposas es un camaleón. Y este camaleón, que no había sido nunca Chuang Tzu, estaba hambriento.

La mariposa que una vez había sido Chuang Tzu se quedó muy quieta, conteniendo la respiración y sabiendo que su vida pendía de un hilo finísimo. El camaleón que no había sido nunca Chuang Tzu y por tanto no podía sentir ninguna compasión ni afecto por la mariposa que una vez había sido Chuang Tzu, la vigilaba con el ojo izquierdo, atento a su más mínimo movimiento; pues para el camaleón que nunca había sido Chuang Tzu, la mariposa que una vez había sido Chuang Tzu no era más que comida.

Entonces llegó un ruidoso abejorro que tampoco había sido nunca Chuang Tzu. El camaleón dedicó al abejorro toda la atención posible con su otro ojo, el derecho. Y la mariposa que una vez había sido Chuang Tzu supo que tenía una oportunidad de salvar la vida.

Lo siguiente ocurrió en apenas una décima de segundo: el abejorro que tampoco había sido nunca Chuang Tzu, haciendo el mismo ruido que una avioneta perdiendo altura, hizo un quiebro en el aire sobre la cabeza del camaleón que no había sido nunca Chuang Tzu; y en ese momento el camaleón que no había sido nunca Chuang Tzu, disparó su larguísima y pegajosa lengua con la velocidad del rayo y lo atrapó; y entonces la mariposa que una vez había sido Chuang Tzu desplegó las alas y una ráfaga de viento la arrastró fuera del alcance del camaleón que no había sido nunca Chuang Tzu.

Y la mariposa que una vez había sido Chuang Tzu respiró aliviada. Su diminuto corazón latía desbocado mientras las alas la llevaban más lejos a toda prisa y se decía:

-¡Dios mío!, me he salvado de milagro. Estoy temblando como una termita. Tengo que relajarme y descansar.

Y la mariposa que una vez había sido Chuang Tzu encontró una cómoda hoja de junco en la orilla del lago. Se posó en ella con las dos alas muy juntas... y se quedó dormida. Entonces la mariposa que una vez había sido Chuang Tzu que soñaba que era una mariposa, soñó que era un hombre, Chuang Tzu, y por tanto no sintió miedo del camaleón y pudo dormir sin temor.

Chuang Tzu


jueves, 1 de mayo de 2014

Uno




El Cielo, la Tierra y yo nacimos al mismo tiempo,  y toda la vida y yo somos uno.

Chuang Tzu


miércoles, 9 de abril de 2014

Trampas




El propósito de una trampa para peces es cazar peces y, cuando éstos han sido capturados, la trampa queda olvidada.El propósito de un cepo para conejos es cazar conejos. Una vez capturados éstos, el cepo cae en el olvido.El propósito de las palabras es transmitir ideas. Una vez captada la idea, las palabras quedan olvidadas.¿Dónde podría yo encontrar a un hombre que haya olvidado las palabras? Es con él con quien me gustaría hablar.

Chuang-Tzu


A Chuang-Tzu no le dicen nada las palabras y las fórmulas acerca de la realidad, sino la captación existencial directa de la realidad en sí misma. Tal captación es, por necesidad, oscura y no se presta a análisis abstractos. Puede ser presentada en forma de una parábola, de una fábula o de una historia graciosa acerca de una conversación entre dos filósofos... Pero la totalidad de las enseñanzas, el "camino" contenido en estas anécdotas, poemas y meditaciones, son características de cierta mentalidad, que aparece por doquier en el mundo, un cierto gusto por la simplicidad, por la humildad, la autodifuminación, el silencio y, en general, la negativa a tomar en serio la agresividad, la ambición el empuje y la prepotencia que debe uno exhibir para funcionar dentro de la sociedad.
Este otro es un "camino" que prefiere no llegar a ninguna parte en el mundo, ni siquiera en el terreno de algún logro supuestamente espiritual.
Para Chuang-Tzu, como para los evangelios, perder la propia vida es salvarla, y perseguir salvarla para propio bien es perderla... Hay una renuncia al mundo que encuentra y salva al hombre en su propia casa, que es el mundo de Dios.
De cualquier manera, el "camino" de Chuang-Tzu es misterioso, porque es tan sencillo que puede recorrerse aún sin que sea en absoluto un camino. Lo que desde luego no es, es una "salida". Chuang-Tzu hubiera estado de acuerdo con san Juan de la Cruz en que se entra en este tipo de camino cuando se abandonan todos los caminos y, en cierto modo, uno se pierde.

De "Una Nota para el Lector", de Thomas Merton, en el libro "El Camino de Chuang-Tzu"


miércoles, 26 de marzo de 2014

Buena Posición y Fortuna




"Me ofrecéis, sin duda, señor, un gran fortuna y una muy alta posición. Pero yo os pregunto: ¿Habéis visto alguna vez un buey sagrado, camino del altar de sacrificio? Después de haber sido engordado durante varios años, se le adorna con joyas, se le cubre de sedas y brocados y se le conduce al templo. ¿No creéis que en esas circunstancias él cambiaría su suerte por la del más humilde y anónimo buey de los campos?
¡Partid! No me distraigáis más. Decid a vuestro señor, que prefiero la libertad de vivir según mis propias inclinaciones antes que ser el esclavo de un jefe de estado.
¡Nunca aceptaré cargo alguno, con lo cual queda dicho que seguiré siendo un hombre libre!"

Chuang-Tse


Hoy, haciendo limpieza de papeles viejos, encontré un viejo cuaderno con notas tomadas, letras de canciones, escritos propios y ajenos del año 1986. Escritos que reflejan mis búsquedas y mis estados de ánimo de aquella época tan lejana. me sorprendió ver que algunas cosas podría haberlas seleccionado o escrito hoy, con casi treinta años transcurridos...


viernes, 7 de marzo de 2014

Sueños




Recuerdo un sueño, hace unas noches. Había encontrado un libro inglés del siglo XVII y me decía que era muy lindo haber hallado esa edición, pero después pensé que si estaba soñando al otro día no iba a encontrarlo. Entonces me dije, voy a poner el libro en un lugar seguro, y lo puse en un cajón de la biblioteca. Así iba a poder ubicarlo cuando me despertara.

Jorge Luis Borges - Diálogos con Ernesto Sábato

Hay sueños que uno quisiera poner en lugares seguros, que uno quisiera poder encontrar al despertar...
Pero solo son sueños y por más precauciones que tomemos, por más atención que pongamos en resguardarlos, tarde o temprano despertamos y se desvanecen.
Cuál es la realidad?, ¿la que vivimos durante la vigilia?, ¿la que se desvanece cuando despertamos? ¿o, quizás, ambas son reales.?

“Soñé que era una mariposa. Volaba en el jardín de rama en rama. Sólo tenía conciencia de mi existencia de mariposa y no la tenía de mi personalidad de hombre. Desperté. Y ahora no sé si soñaba que era una mariposa o si soy una mariposa que sueña que es Chuang-tse“.

Chuang Tse


jueves, 5 de diciembre de 2013

Chuang-Tzu, un contraveneno




En 1957 hice algunas traducciones de breves textos de clásicos chinos. El formidable obstáculo de la lengua no me detuvo y, sin respeto por la filología, traduje del inglés y del francés. Me pareció que esos textos debían traducirse al español no sólo por su belleza -construcciones a un tiempo geométricas y aéreas, fantasías templadas siempre por una sonrisa irónica- sino también para compartir el placer que había experimentado al leerlos. Los publiqué, ese mismo año, en “México en la cultura”, el suplemento literario de Novedades que dirigía Fernando Benítez. Más tarde reuní esos apólogos y cortos ensayos -algunos muy cerca de lo que llamamos “poema en prosa”- en Versiones y diversiones (1974), bajo un título adrede ambiguo: “Trazos”. Excluí únicamente los fragmentos de Chuang-Tzu. Ahora los recojo. Creo que Chuang-Tzu no sólo es un filósofo notable sino un gran poeta. Es el maestro de la paradoja y del humor, puentes colgantes entre el concepto y la iluminación sin palabras.
Poco o nada se sabe de Chuang-Tzu, salvo las anécdotas, discursos y ensayos que aparecen en su libro (que ostenta también el nombre de su autor). Chuang-Tzu vivió a mediados del siglo IV antes de Cristo, en una época de intensa actividad intelectual y de gran inestabilidad política. Como en el caso de las repúblicas italianas del Renacimiento o de las ciudades griegas de la época clásica, las querellas que dividían a los príncipes y a los pequeños Estados corrían parejas con la fecundidad de los espíritus y con la originalidad y valentía de la especulación. A grandes males, grandes remedios. Un poco más tarde los Ch’n (249-206 a. C.) unificaron al país y fundaron el primer Imperio histórico. Desde entonces hasta la caída de la última dinastía en nuestro siglo, China vivió de las ideas inventadas en el período de los Reinos Combatientes. 
Durante dos milenios no hizo más que perfeccionarlas, podarlas, extenderlas o adaptarlas a las condiciones y circunstancias históricas. La filosofía, o mejor: la moral -y mejor aún: la política- de Confucio (Kung-Fu-Tzu) y sus grandes sucesores (Mo-Tzu o Mencio) fueron el fundamento de la vida social; sus principios regían lo mismo la vida de la ciudad que la de la familia. Pero la ortodoxia confuciana no dejó de tener rivales; los más poderosos fueron el taoísmo y, más tarde, el budismo. Ambas tendencias predican la pasividad, la indiferencia frente al mundo, el olvido de los deberes sociales y familiares, la búsqueda de un estado de perfecta beatitud, la disolución del yo en una realidad indecible. A diferencia del budismo -corriente de fuera- el taoísmo no niega al yo ni a la persona; al contrario, los afirma ante el Estado, la familia y la sociedad. El taoísmo es un “disolvente”. No es extraño que los confucionistas lo viesen como una tendencia antisocial, enemiga de la sociedad y del Estado. En el taoísmo hay una persistente tonalidad anarquista.
Los padres del taoísmo (Lao-Tzu y Chuang-Tzu) recuerdan a veces a los filósofos presocráticos; otras, a los cínicos, a los estoicos y a los escépticos. También, ya en la edad moderna, a Thoreau. Lejos de perderse en las especulaciones metafísicas del budismo, los taoístas no olvidan nunca al hombre concreto que, para ellos, es el “hombre natural”. Sus emblemas son el pedazo de madera sin tallar y el agua, que adquiere siempre la forma de la roca o del suelo que la contiene. El hombre natural es dúctil y blando como el agua; como ella, es transparente. Se le puede ver el fondo y en ese fondo todos pueden verse. El sabio es el rostro de todos los hombres.
He dividido mi brevísima selección en tres secciones. La primera se refiere a la lógica y a la dialéctica. La crítica de Chuang-Tzu a las especulaciones intelectuales de los lógicos aparece en una serie de apólogos y cuentos en los que el humor se alía al raciocinio. Muchos entre ellos asumen la forma de un diálogo entre Hui-Tzu, el intelectual, y Chuang-Tzu (o su maestro: Lao-Tzu). Ante las sutilezas del dialéctico el sabio verdadero recurre, sonriente, al conocido método de reductio ad absurdum. En nuestra época erizada de filosofías y razonamientos cortantes y tajantes (preludio necesario de las atroces operaciones de cirugía social que hoy ejecutan los políticos, discípulos de los filósofos), nada más saludable que divulgar unos cuantos de estos diálogos llenos de buen sentido y sabiduría. Estas anécdotas nos enseñan a desconfiar de las quimeras de la razón y, sobre todo, a tener piedad de los hombres.
La segunda sección está compuesta por fragmentos acerca de la moral. Con mayor encono aún que a los dialécticos y a los filósofos, Chuang-Tzu ataca a los moralistas. El arquetipo del moralista es Confucio. Su moral es la del equilibrio social; su fundamento es la autoridad de los seis libros clásicos, depositarios del saber de una mítica edad de oro en la que reinaban la virtud y la piedad filial. La virtud (jen) era concebida como un compuesto de benevolencia, rectitud y justicia, encarnación del culto al Emperador y a los antepasados. La acción del sabio, esencialmente política, consistía en preservar la herencia del pasado y, así, mantener el equilibrio social. Éste, a su vez, no era sino el reflejo del orden cósmico. Cosmología política. Nosotros, en lengua española, tenemos una palabra que quizá dé cierta idea del término chino: “hidalguía”. La hidalguía está fundada en la lealtad a ciertos principios tradicionales: fidelidad al señor, dignidad personal (el hidalgo es el rey de su casa) y la honra. Todo esto hace de la hidalguía una virtud social. Pero el hidalgo es un caballero; venera el pasado pero no ve en él un principio cósmico ni un orden fundado en el movimiento de la naturaleza. El discípulo de Confucio es un mandarín: un letrado, un funcionario y un padre de familia.
El carácter utilitario y conservador de la filosofía de Confucio, su respeto supersticioso por los libros clásicos, su culto a la ley y, sobre todo, su moral hecha de premios y castigos, eran tendencias que no podían sino inspirar repugnancia a un filósofo-poeta como Chuang-Tzu. Su crítica a la moral fue también una crítica al Estado y a lo que comúnmente se llama bien y mal. Cuando los virtuosos -es decir: los filósofos, los que creen que saben lo que es bueno y lo que es malo-, toman el poder, instauran la tiranía más insoportable: la de los justos. El reino de los filósofos, nos dice Chuang-Tzu, se transforma fatalmente en despotismo y terror. En nombre de la virtud se castiga; esos castigos son cada vez más crueles y abarcan a mayor número de personas, porque la naturaleza humana -rebelde a todo sistema- no puede nunca conformar a la rigidez geométrica de los conceptos. Frente a esa sociedad de justos y criminales, de leyes y castigos, Chuang-Tzu postula una comunidad de ermitaños y de gente sencilla. La sociedad ideal, para él, es una sociedad de sabios rústicos. En ella no hay gobierno ni tribunales ni técnica; nadie ha leído un libro; nadie quiere ganar más de lo necesario; nadie teme a la muerte porque nadie le pide nada a la vida. La ley del cielo, la ley natural, rige a los hombres como rige la ronda de las estaciones. Así, el arquetipo de los taoístas es el mismo de los confucianos: el orden cósmico, la naturaleza y sus cambios recurrentes. Sin embargo, lo mismo en el dominio de la política y la moral que en el de las ideas, su oposición es irreductible. La sociedad de Confucio, imperfecta como todo lo humano, se realizó y se convirtió en el ideario y el patrón ideal de un Imperio que duró dos mil años. La sociedad de Lao-Tzu y de Chuang-Tzu es irrealizable pero la crítica que los dos hacen a la civilización merece nuestra simpatía. Nuestra época ama el poder, adora el éxito, la fama, la eficacia, la utilidad y sacrifica todo a esos ídolos. Es consolador saber que, hace dos mil años, alguien predicaba lo contrario: la oscuridad, la inseguridad y la ignorancia, es decir, la sabiduría y no el conocimiento.
En la tercera sección he procurado agrupar algunos textos sobre lo que podría llamarse el hombre perfecto. El sabio, el santo, es aquel que está en relación -en contacto, en el sentido directo del término- con los poderes naturales. El sabio obra milagros porque es un ser en estado natural y sólo la naturaleza es hacedora de milagros. Pero mejor será cederle la palabra a Chuang-Tzu.


Por Octavio Paz
México





martes, 19 de noviembre de 2013

Sobre Chuang Tzu



Extraído de "Una Nota para el lector", del Libro El Camino de Chuang Tzu, de Tomas Merton




Simplemente, me gusta Chuang Tzu porque es lo que es, y no siento necesidad alguna de justificar este aprecio ni ante mí mismo ni ante nadie. Él es, con mucho, demasiado grande como para necesitar apologías mías. Si san Agustín podía leer a Plotino, si santo Tomás leía a Aristóteles y a Averroes (ambos, evidentemente, mucho más lejos de la cristiandad de lo que jamás estuviera Chuang Tzu) y si Teilhard de Chardin podía utilizar copiosamente a Marx y a Engels en su síntesis, creo que puedo ser perdonado por relacionarme con un ermitaño chino que comparte el clima y la paz de mi propio tipo de soledad y que es el mismo tipo de persona que yo. 
Su temperamento filosófico es, creo, profundamente original y sensato. Por supuesto, puede ser malentendido. Pero es básicamente simple y directo. Busca, como lo hace todo gran pensador filosófico, llegar inmediatamente al corazón de las cosas.
A Chuang Tzu no le dicen nada las palabras y las fórmulas acerca de la realidad, sino la captación existencial directa de la realidad en sí misma. Tal captación es, por necesidad, oscura y no se presta a análisis abstractos. Puede ser presentada en forma de una parábola, de una fábula o de una historia graciosa acerca de una conversación entre dos filósofos. No todas las historias son necesariamente del propio Chuang Tzu. De hecho, algunas son sobre él. El libro de Chuang Tzu es una recopilación en la que ciertos capítulos son, casi con seguridad, obra del propio maestro, pero muchos otros, especialmente los más tardíos, son obras de sus discípulos. La totalidad del libro de Chuang Tzu es una antología del pensamiento, el humor, los chismorreos y la ironía que eran corrientes en los círculos taoístas del mejor período, los siglos IV y III a. de C. Pero la totalidad de las enseñanzas, el "camino" contenido en estas anécdotas, poemas y meditaciones, son características de cierta mentalidad que aparece por doquier en el mundo, un cierto gusto por la simplicidad, por la humildad, la autodifuminación, el silencio y, en general, la negativa a tomar en serio la agresividad, la ambición, el empuje y la prepotencia que debe uno exhibir para funcionar dentro de la sociedad. 
Este otro es un "camino" que prefiere no llegar a ninguna parte en el mundo, ni siquiera en el terreno de algún logro supuestamente espiritual. El libro de la Biblia que más evidentemente se parece a los clásicos taoístas es el Eclesiastés. Pero, al mismo tiempo, hay mucho en las enseñanzas de los Evangelios acerca de la simplicidad, el ser como los niños y la humildad, que responde a las más profundas aspiraciones del libro de Chuang Tzu y elTao Te ching. John Wu ha señalado esto en su notable ensayo sobre Santa Teresa de Lisieux y el taoísmo, que será pronto reeditado en un libro junto con su estudio de Chuang Tzu. Ahora bien, el Eclesiastés es un libro de la Tierra, y la ética de los Evangelios es una ética de revelaciones hechas en la Tierra por un Dios encarnado. El "Pequeño 
Camino" de Teresita de Lisieux es una renuncia explícita a todas las espiritualidades exaltadas y descarnadas que vuelven al hombre contra sí mismo, poniéndolo mitad en el reino de los ángeles y otra mitad en un infierno en la Tierra. 
Para Chuang Tzu, como para los Evangelios, perder la propia vida es salvarla, y perseguir salvarla para propio bien es perderla. Hay una reafirmación de que el mundo no es más que la ruina y la perdición. Hay una renuncia al mundo que encuentra y salva al hombre en su propia casa, que es el mundo de Dios. De cualquier manera, el "camino" de Chuang Tzu es misterioso, porque es tan sencillo que puede recorrerse aún sin que sea en absoluto un camino. Lo que desde luego no es, es una "salida".
Chuang Tzu hubiera estado de acuerdo con san Juan de la Cruz en que se entra en este tipo de camino 
cuando se abandonan todos los caminos y, en cierto modo, uno se pierde. 


jueves, 23 de mayo de 2013

El valor de la vida




Los Ch'in capturaron a una hija del gobernador de Ai. Los primeros días de cautiverio la muchacha empapó su vestido con lágrimas; más tarde, cuando la llevaron al palacio del príncipe y vivió en la riqueza, se arrepintió de su llanto. ¿Cómo saber si los muertos se arrepienten ahora de la codicia con que se aferraron a la vida?.
Un hombre sueña que concurre a un banquete y se despierta para llorar y penar. Otro sueña un entierro y se despierta para asistir a un convite. Mientras soñamos, no sabemos que soñamos. Solo hasta que despertamos sabemos que estábamos soñando. Mientras el Gran Despertador no nos despierta, no sabremos si esta vida es o no un largo sueño. Pero los tontos creen que ya han despertado...

Del libro "Chuang Tzu", de Octavio Paz. Biblioteca de ensayo Siruela.


sábado, 13 de octubre de 2012

La Montaña de los Monos





El Príncipe de Wu tomó un bote hasta la Montaña de los Monos. En cuanto éstos lo vieron, huyeron con gran pánico y se refugiaron en las copas de los árboles.
Un mono, no obstante, permaneció tranquilo,
completamente despreocupado, balanceándose de rama en rama: ¡una extraordinaria exhibición!
El Príncipe le disparó una flecha al mono, pero éste, con gran destreza, capturó la flecha en pleno vuelo.

Ante esto, el príncipe ordenó a sus acompañantes que hicieran un ataque conjunto.

En un momento, el mono quedó acribillado a flechazos y cayó muerto.

Entonces el Rey se volvió hacia su compañero Yen Pu'i: "¿Ves lo que ha pasado?", dijo. "Este animal hacía pública su inteligencia. Confiaba en su propia habilidad. Pensaba que nadie podría tocarlo. ¡Recuerda eso! ¡No te apoyes en la distinción y el talento cuando trates con los hombres!"

Cuando volvieron a casa, Yen Pu'i se convirtió en el discípulo de un sabio para librarse de todo aquello que lo hacía destacarse. Renunció a todo placer. Aprendió a ocultar toda "distinción".

Pronto nadie en todo el reino sabía qué pensar de él.

Por tanto, lo miraban con temerosa admiración.


Del libro "El Camino de Chuang Tzu", de Tomas Merton.


Despostando un buey





El cocinero del príncipe Wen Hui
estaba despostando un buey.
Extendió una mano,
bajó un hombro,
apoyó un pie,
presionó con una rodilla.
El buey quedó deshecho.
Con un susurro,
el brillante cuchillo de carnicero murmuraba
como un viento suave.
¡Ritmo! ¡Cronometración!
¡Como una danza sagrada,
como las antiguas armonías!

"¡Buen trabajo!", exclamó el príncipe.
"¡Su método es impecable!"
"¿Método?", dijo el cocinero
dejando a un lado su cuchilla.
"¡Lo que hago es seguir el Tao
más allá de todo método!

Cuando empecé a
despostar bueyes,
veía ante mí
al buey entero,
toda una masa única.
Después de tres años,
ya no veía aquella masa.
Veía sus distinciones.
Pero ahora ya no veo nada
con los ojos. Todo mi ser
aprehende.
Mis sentidos están ociosos. El espíritu,
libre para trabajar sin un plan concreto,
sigue su propio instinto
guiado por una línea natural.
Por la abertura secreta, el espacio oculto,
mi cuchilla encuentra su propio camino.
No atravieso ninguna articulación, no corto hueso alguno.

Un buen cocinero necesita cuchillo nuevo,
una vez al año. Corta.
Un mal cocinero necesita uno nuevo
todos los meses. ¡Él mutila!

Llevo utilizando esta misma hoja
diecinueve años.
Ha despostado
un millar de bueyes.
Su hoja sigue cortando
como si estuviera recién afilada.

Hay espacios entre las articulaciones;
la hoja es delgada y cortante:
cuando esta delgadez
encuentra aquel espacio,
¡hay todo el sitio que se pudiera desear!
¡Pasa como una brisa!
¡Por eso mantengo esta hoja desde hace diecinueve años
como si estuviera recién afilada!

Cierto es, en ocasiones hay
articulaciones duras. Las siento venir,
entonces me detengo, observo con atención,
me contengo, casi no muevo la hoja,
y ¡whump! la parte se desprende
cayendo como un trozo de tierra.

Entonces retiro la hoja,
me quedo quieto,
y dejo que la alegría del trabajo
penetre en mí.
Limpio la hoja
y la guardo."

El príncipe Wan Hui dijo:
"¡Eso es! ¡Mi cocinero me ha mostrado
como debería vivir
mi propia vida!



Del libro "El Camino de Chuang Tzu", de Tomas Merton.


Las tres de la madrugada





Cuando desgastamos nuestras mentes, aferrándonos tozudamente a una visión parcial de las cosas, negándonos a ver un más profundo acuerdo entre éste y su opuesto complementario, sufrimos lo que se llama "las tres de la madrugada".
¿Qué es esto de "las tres de la madrugada"?
Un domador de monos fue a ver a sus monos y les dijo:
"Con respecto a lo de vuestras castañas: vais a recibir tres medidas por la mañana y cuatro por la tarde."
Ante esto, todos se enfadaron. De modo que dijo: "Está bien, en este caso os daré cuatro por la mañana y tres por la tarde". En esta ocasión quedaron satisfechos.
Ambas soluciones eran lo mismo, en tanto en que el número de castañas no variaba. Pero, en un caso, los animales quedaban descontentos y en el otro satisfechos. El guarda estuvo dispuesto a cambiar sus planes para hacer frente a las condiciones objetivas. ¡No perdió nada al hacerlo!
El hombre verdaderamente sabio, considerando ambos lados de una cuestión sin parcialidad, ve ambos a la luz del Tao.
Esto se llama seguir dos cursos a la vez.


Del libro "El Camino de Chuang Tzu", de Tomas Merton.

jueves, 26 de julio de 2012

El Árbol Inútil




Hui Tse habló así con Chuang Tse:

Tengo un gran árbol, que la gente considera sin utilidad. Su tronco está tan lleno de nudos que ningún carpintero podría sacar partido de él, pues, además, sus ramas están demasiado torcidas para que se puedan enderezar con la escuadra. De modo que, si bien se encuentra cerca de la carretera, ningún carpintero se para a mirarlo...

Chuang Tse respondió:

No habrá hacha alguna bajo el Cielo que haya de atacarlo, ni que acorte sus días, pues a algo que es inútil nadie le molesta.



Extraído de El Libro de Chuang Tse, versión de Martin Palmer


jueves, 10 de mayo de 2012

El bote vacío




Aquel que gobierna sobre los hombres vive 
en la confusión.
Aquel que es gobernado por hombres vive en
el dolor.
Por tanto, Yao deseaba
no influir en los demás
ni ser influenciado por ellos.
El camino para apartarse de la confusión
y quedar libre del dolor
es vivr en el Tao,
en la tierra del gran Vacío.

Si un hombre está cruzando un río,
y un bote vacío choca con su esquife,
por muy mal genio que tenga
no se enfadará demasiado;
pero si ve en el bote a un hombre,
le gritará que se aparte.
Si sus gritos no son escuchados, volverá a gritar,
una y otra vez, y empezará a maldecir.
Y todo porque hay alguien en el bote.
No obstante, si el bote estuviera vacío,
no estaría gritando, ni estaría irritado.

Si uno puede vaciar el propio bote,
que cruza el río del mundo,
nadie se le opondrá,
nadie intentará hacerle daño.
El árbol derecho es el primero en ser talado,
el arroyo de aguas claras es el primero en ser agotado.
Si deseas engrandecer tu sabiduría
y avergonzar al ignorante,
cultivar tu carácter
y ser más brillante que los demás,
una luz brillará en torno a ti
como si te hubieras tragado el Sol y la Luna:
no podrás evitar las calamidades.

Un hombre sabio ha dicho:
    "Aquel que está contento consigo mismo
    ha realizado un trabajo carente de valor.
    El éxito es el principio del fracaso.
    La fama es el comienzo de la desgracia."

¿Quién puede liberarse del  éxito
y de la fama, descender y perderse
entre las masas de los hombres?
Fluirá como el Tao, sin ser visto,
se moverá con la propia Vida
sin nombre ni hogar.
Él es simple, sin distinciones.
según todas las apariencias, es un tonto.
Sus pasos no dejan huella. No tiene poder alguno.
No logra nada, carece de reputación.
Dado que no juzga a nadie,
nadie lo juzga.
Así es el hombre perfecto:
su bote está vacío.

El Camino de Chuang Tzu - Tomas Merton



El búho y el fénix


Hui Tzu era el primer ministro de Liang. Estaba en poseción de información que creía de buena fuente, de que Chuang Tzu aspiraba a su puesto y estaba intrigando para suplantarlo. De hecho, cuando Chuang Tzu fue a visitar a Liang, el primer ministro mandó a la policía para prenderlo. La policía lo anduvo buscando tres días y tres noches, pero mientras tanto Chuang se presentó ante Hui Tzu por su propia cuenta y dijo:



¿Has oído hablar del ave
que vive en el sur,
el fénix que jamás envejece?

Este fénix inmortal
surge del Mar del Sur
y vuela hasta el Mar del Norte
sin posarse jamás,
excepto en ciertos árboles sagrados.
Jamás prueba bocado
salvo la más exquisita
fruta exótica.
Tan sólo bebe
de los más límpidos arroyos.

Una vez, un búho
que roía una rata muerta,
ya medio podrida,
vio al fénix volar sobre él,
miró hacia lo alto,
y chilló alarmado,
aferrándose a la rata
aterrado y sin esperanza.

¿Por qué te aferras tan frenéticamente
 a tu ministerio
y me chillas
con tanta consternación?"

El Camino de Chuang Tzu - Tomas Merton


Como estrellas

  "La mayoría de los seres humanos son como hojas que caen de los árboles: vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se pre...