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sábado, 4 de julio de 2015

Piel de Dios




"Como no conocían el papel, ni sabían que lo necesitaban, los indios no tenían ninguna palabra para llamarlo. Hoy le ponen por nombre piel de Dios, porque el papel sirve para enviar mensajes a los amigos que están lejos."

Eduardo Galeano


domingo, 9 de noviembre de 2014

Juicio Final




¿Qué sería de nosotros si existiera de veras el “Juicio Final”? No el “Juicio Final” como me lo contaron en el catecismo cuando yo era chico, no, no ese, sino el juicio final que la especie humana merece, un juicio final con un tribunal de jueces con patas, con ramas, con picos, un “Tribunal de la Naturaleza” con hojas, con raíces; que nos acusen con sus ramas, con sus patas, con sus picos, diciendo:

–¿Pero en qué supermercado se compraron el mundo ustedes los humanos?

–¿Pero qué se creen que es esto?

–¿Qué dios o diablo les otorgó a ustedes el derecho de maltratarnos, el derecho de asesinarnos, de herirnos, de despreciarnos?

–Y, sobre todo, el título de propiedad del planeta, ¿quién se los dio?


Eduardo Galeano.



Muchas preguntas juntas para un juicio "final", pero que, con algo de atrevimiento, me animo a contestar, a fin de cuentas puede ser que me toque a mi responderlas, quién puede saberlo? 
Creo que la respuesta principal es la de la ante última pregunta:

"¿Qué dios o diablo les otorgó a ustedes el derecho de...", nadie, solo lo tomamos, estaba ahí para eso, para ser tomado y así lo hicimos. Por alguna deformación del pensamiento (deformación que no carece de sentido) quien hace la pregunta supone que algún dios o diablo puede darte o quitarte esta prerrogativa y, encima, supone que no somos parte de esa naturaleza que, indignada, nos iniciaría un sumarísimo juicio final. A nosotros, sus pares!! No, de ninguna manera son así las cosas. En el arreglo (a algunos no les gusta la palabra "plan") que tenía previsto la naturaleza, curiosamente, estábamos nosotros, si, y con esa manera de actuar y tomar acciones que tan fácilmente es dable juzgar por los supuestos defensores de una naturaleza a la que, de un plumazo, le quitan una de sus creaciones, nosotros. Lamento tener que responder a quienes me preguntan, les recuerdo que estamos en el juicio, que ese derecho ya estaba ahí para ser tomado y que lo único que hicimos fue seguir el camino marcado. De una semilla de roble no puede brotar un sauce. Todo lo que sucede y sucederá, incluso el supuesto juicio, ya estaba previsto y no se sale un milímetro de lo posible dentro de esa naturaleza que es a la vez juez y víctima...


viernes, 21 de marzo de 2014

Ayudame a mirar




Cuenta Eduardo Galeano que un padre quiso llevar a su hijo, que no conocía el mar, a descubrirlo: 

"Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura. Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre: – ¡Ayudame a mirar!" 


sábado, 7 de diciembre de 2013

Paradoja




"Ayuda lo imposible a que lo posible se abra paso.

... ¿No es ésta, al fin y al cabo, la gran paradoja del viaje humano en el mundo?

Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían."

Eduardo Galeano
Don Quijote de las paradojas (Artículo leído en algún sitio de la bendita web)

jueves, 28 de noviembre de 2013

Puntos de vista




Una niña indígena perseguía al director del equipo, silenciosa sombra pegada a su cuerpo, y lo miraba fijo a la cara, de muy cerca, como queriendo meterse en sus raros ojos azules. El director recurrió a los buenos oficios de Ticio, que conocía a la niña y entendía su lengua. Ella confesó: –Yo quiero saber de qué color ve usted las cosas. 

–Del mismo que tú –sonrió el director. 

–¿Y cómo sabe usted de qué color veo yo las cosas?



Eduardo Galeano


jueves, 21 de noviembre de 2013

La Mala Racha




Mientras dura la mala racha, pierdo todo. Se me caen las cosas de los bolsillos y de la memoria: pierdo llaves, lapiceras, dinero, documentos, nombres, caras, palabras.
Yo no se si será gualicho de alguien que me quiere mal y me piensa peor, o pura casualidad, pero a veces el bajón demora en irse y yo ando de pérdida en pérdida, pierdo lo que encuentro, no encuentro lo que busco, y siento mucho miedo de que se me caiga la vida en alguna distracción.

Eduardo Galeano - El Libro de los Abrazos




Mientras dura la mala racha
se me cae todo
de los bolsillos
y la memoria.

Mientras dura la mala racha
pierdo las llaves,
los documentos,
el tren y el rumbo
tal como si
tuviese al mundo
en contra de mí.

Mientras dura la mala racha...

Tropiezo con
mi propio pie,
me llueve sal
si tengo sed.

Mientras dura la mala racha
todo lo mezclo,
todo lo enredo,
todo lo rompo.

Mientras dura la mala racha
olvido nombres,
confundo caras
y tengo dudas
si eso será
tan solo pura
casualidad.

Mientras dura la mala racha...

O alguien que no
me quiere bien.
Maldito quien
me maldijo.

Mientras dura la mala racha,
dame cobijo.

Joan Manuel Serrat


lunes, 18 de noviembre de 2013

Profecías / 1




En el Perú, una maga me cubrió de rosas rojas y después me leyó la suerte. La maga me anunció:
-Dentro de un mes, recibirás una distinción.
Yo me reí. Me reí por la infinita bondad de esa mujer desconocida, que me regalaba flores y augurios de éxitos, y me reí por la palabra distinción, que tiene no se qué de cómica, y porque me vino a la cabeza un viejo amigo del barrio, que era muy bruto pero certero, y que solía decir, sentenciando, levantando el dedito; "A la corta o a la larga, los escritores se hamburguesan". Así que me reí, y la maga se rió de mi risa.
Un mes después, exactamente un mes después, recibí en Montevideo un telegrama. En Chile, decía el telegrama, me habían otorgado una distinción. Era el premio José Carrasco.

Eduardo Galeano - El Libro de los Abrazos


domingo, 17 de noviembre de 2013

El Mundo




Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.
Y dijo que somos un mar de fueguitos.
-El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

Eduardo Galeano - El Libro de los Abrazos


sábado, 21 de septiembre de 2013

El sol




En algún lugar de Pennsylvania, Anne Merak trabaja como ayudante del sol.
Ella está en el oficio desde que tiene memoria. Al fin de cada noche, Anne alza sus brazos y empuja al sol, para que irrumpa en el cielo; y al fin de cada día, bajando los brazos, acuesta al sol en el horizonte.
Era muy chiquitita cuando empezó esta tarea y jamás ha faltado a su trabajo.
Hace medio siglo, la declararon loca. Desde entonces Anne ha pasado por varios manicomios, ha sido tratada por numerosos psiquiatras y ha engullido muchísimas pastillas. 
Nunca consiguieron curarla.
Menos mal.

Bocas del tiempo - Eduardo Galeano

Los juegos del tiempo




Dizquedicen que había una vez dos amigos que estaban contemplando un cuadro. La pintura, obra de quién sabe quién, venía de China. Era un campo de flores en tiempo de cosecha.
Uno de los dos amigos , quién sabe por qué, tenía la vista clavada en una mujer, una de las muchas mujeres que en el cuadro recogían amapolas en sus canastas. Ella llevaba el pelo suelto, llovido sobre los hombros.
Por fin ella le devolvió la mirada, dejó caer su canasta, extendió los brazos y, quién sabe cómo, se lo llevó.
Él se dejó ir hacia quién sabe dónde, y con esa mujer pasó las noches y los días, quién sabe cuántos, hasta que un ventarrón lo arrancó de allí y lo devolvió a la sala donde su amigo seguía plantado ante el cuadro.
Tan brevísima había sido aquella eternidad que el amigo ni se había dado cuenta de su ausencia. Y tampoco se había dado cuenta de que esa mujer, una de las muchas mujeres que en el cuadro recogían amapolas en sus canastas, llevaba, ahora, el pelo atado en la nuca.

Eduardo Galeano - Bocas del tiempo

Wabi sabi

Encontrar la belleza en la simplicidad, la paz en lo imperfecto, lo impermanente y lo incompleto: estas palabras te inspirarán a bajar el ri...