jueves, 1 de octubre de 2026

Escuchá



El otro día, en una cena, un amigo me dijo que había pasado horas leyendo en silencio junto a su compañera y que esa situación lo había enamorado más que cualquier otra cosa que hubieran hecho juntos. Mi padre y yo leíamos así. Los dos sentados en el living, cada uno con su libro. Yo nunca interrumpía pero él a veces sí, para decir: "Escuchá esto" o "este libro me recuerda a tal otro". Ese breve momento, su manera de levantar la vista y decirme "escuchá", nos hacía converger en un espacio que no era ni suyo ni mío sino de los dos. Un momento pasajero, cromado de generosidad de siembra. Me gustaba esa navegación profunda, todo el amor bullendo entre los dos sin complicaciones, dos vidas distintas que se acompañan como pueden. Imagino que el amor, cualquier amor, es eso. Una navegación en solitario con un punto en común, cada tanto. La ilusión de compañía que, al final, es compañía. Cuando se cansaba de leer, mi padre decía: "Bueno, vamos a hacer cosas".
Todo lo que hacíamos después -carpir, regar el césped- lo hacíamos bruñidos por nuestro silencio secreto, nuestra necesidad de estar juntos, nuestra querida desesperación. El mundo era una materia que habíamos domado, un animal tierno y mentiroso que nos susurraba que todo lo que imaginábamos, todo lo que los libros habían encendido en nosotros, sería posible. En parte lo fue. Algunos sueños se cumplieron. Otros se deshicieron solos. En mi caso, los que después supe que nunca había querido. En el caso de mi padre, no. Muchos de sus sueños quedaron crudos, sin terminar. No hablamos nunca de eso. Me mira vivir. Dice que le basta. Yo insisto en mi intento torpe de contagiarle el fulgor, la irreverencia, el deseo, todo lo que me inoculó en dosis masivas. Es imposible -porque nadie salva a nadie, porque todos nos salvamos solos- pero seguiré intentando. Hasta que la realidad se imponga. Hasta la derrota final. Y aún después.

Leila Guerriero

miércoles, 12 de agosto de 2026

El Maestro y el Pájaro

 

El maestro y el pájaro

Un sabio maestro quería evaluar la madurez y comprensión de sus tres alumnos más dedicados. 
Un día, los llamó, le entregó a cada uno un pequeño pájaro vivo y un cuchillo, y les dio la siguiente orden:  

—Llévense esta ave a un lugar donde nadie los vea, mátenla y regresen a mostrarme que cumplieron la tarea.

Los jóvenes salieron entusiasmados por demostrar su obediencia.
El primer alumno corrió hacia una cueva oscura y profunda al pie de una montaña. Miró hacia todos lados, comprobó que estaba completamente solo y mató al pájaro.

El segundo alumno esperó a que se hiciera medianoche, entró a la habitación más remota de su casa, apágó las velas y, en la absoluta oscuridad donde nadie podía observarlo, mató al pájaro.

Horas más tarde, los dos primeros estudiantes regresaron ante el maestro con las aves muertas, satisfechos de haber cumplido la orden al pie de la letra. 
Sin embargo, el tercer alumno tardó mucho más en regresar.
Finalmente apareció, sosteniendo al ave intacta y con vida entre sus manos, visiblemente apenado.

—Maestro —dijo el tercer alumno agachando la cabeza—, intenté cumplir con tu orden, pero fracasé. Fui al bosque más denso, entré a las cúpulas oscuras de los templos, cerré los ojos en las noches sin luna... pero no pude encontrar ningún lugar donde nadie me estuviera viendo.

—¿Por qué lo dices? —preguntó el maestro con una sonrisa.

—Porque a donde quiera que vaya, Dios (o el ave misma, o mi propia conciencia) siempre me está mirando, y yo mismo soy testigo de lo que hago. No existe ningún lugar verdaderamente oculto.

El maestro, complacido, le dijo a la clase:  —Los dos primeros entendieron la lección con los ojos del cuerpo, pero él la entendió con los ojos del alma. No se necesita vigilancia externa para actuar bien cuando uno comprende que jamás se está fuera de la mirada divina ni de la propia conciencia.

jueves, 11 de junio de 2026

Como estrellas


 

"La mayoría de los seres humanos son como hojas que caen de los árboles: vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se precipitan en el suelo. Otros, por el contrario, son casi como estrellas: siguen su camino fijo, ningún viento los alcanza, pues llevan en su interior su propia ley y su meta".


Hermann Hesse

jueves, 7 de mayo de 2026

domingo, 22 de marzo de 2026

Wabi sabi



Encontrar la belleza en la simplicidad, la paz en lo imperfecto, lo impermanente y lo incompleto: estas palabras te inspirarán a bajar el ritmo, simplificar y apreciar la vida tal como es.

Wabi-sabi es una filosofía tradicional japonesa arraigada en los principios del zen y el taoísmo. Nos enseña a apreciar la belleza en lo antiguo , lo desgastado, lo efímero y lo imperfecto. Nos recuerda que la vida está en constante cambio y que hay paz en un mundo imperfecto.

A diferencia de los ideales modernos que persiguen la perfección y la permanencia, el Wabi-sabi nos invita a abrazar la simplicidad, la asimetría y la transitoriedad, una elegancia rústica que nos conecta con el ritmo natural de la vida.

"El Wabi-sabi nos enseña a encontrar más alegría e inspiración en nuestras vidas, que son perfectamente imperfectas." - Beth Kempton

"Baja el ritmo. Suelta. Se amable contigo mismo." - Beth Kempton

"Las grietas, los bordes desgastados, las manchas... no son defectos, sino pistas de la vida que ha transcurrido." - Alain de Botton

"Olvídate de la perfección. Todo tiene una grieta. Así es como entra la luz" - Leonard Kohen

"La verdadera belleza reside en las huellas únicas del tiempo, las inclemencias del clima y el amor." - Beth Kempton

"Deshazte de todo lo innecesario. Wabi-sabi significa vivir con respeto por el planeta y saber apreciar todo lo que encontramos, por insignificante que parezca, cuandoquiera que lo encontremos. [...] En otras palabras, Wabi-sabi nos invita a abandonar nuestra obsesión por el éxito —riqueza, estatus, poder y lujo— y a disfrutar de una vida sin ataduras. Obviamente, llevar una vida sencilla según los principios del Wabi-sabi requiere esfuerzo, voluntad y también algunas decisiones difíciles. El Wabi-sabi reconoce que, así como es importante saber cuándo elegir, también lo es saber cuándo no elegir: dejar que las cosas fluyan. Incluso en el nivel más austero de existencia material, seguimos viviendo en un mundo de cosas. El Wabi-sabi trata precisamente del delicado equilibrio entre el placer que obtenemos de las cosas y el placer que obtenemos de la libertad que nos brindan." - Leonard Koren


sábado, 7 de marzo de 2026

Presente



 "El mercado, que todo lo administra, también gestiona el tiempo. Nos vende la ansiedad en cómodos plazos y la culpa en forma de nostalgia. Corremos hacia el futuro para pagar las deudas del pasado. De este modo, el presente se convierte en un pasillo, no en una habitación.

Pero a veces ocurre un milagro: un minuto se escapa del sistema. Estás tomando café y, de pronto, no debes nada al pasado ni temes nada del futuro. El aire pesa lo justo, la taza brilla como si acabaran de inventarla. Dura poco, claro, pero ese instante tiene más verdad que todas las promesas del porvenir juntas."

JUAN JOSÉ MILLÁS

Leído en https://www.facebook.com/lecturas.enelprecipicio

Oración



Para mis días pido,

Señor de los naufragios,

no agua para la sed, sino la sed,

no sueños sino ganas de soñar.

Para las noches,

toda la oscuridad que sea necesaria

para ahogar mi propia oscuridad.

PIEDAD BONNETT, 'Para otros es el cielo'

Escuchá

El otro día, en una cena, un amigo me dijo que había pasado horas leyendo en silencio junto a su compañera y que esa situación lo había enam...