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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Juicio Final




El día del Juicio Final, Dios juzga a todos y a cada uno de los hombres.
Cuando llama a Manuel Cruz, le dice:

- Hombre de poca fe. No creíste en mí. Por eso no entrarás en el Paraíso.
- Oh Señor --contesta Cruz--, es verdad que mi fe no ha sido mucha. Nunca he creído en vos, pero siempre te he imaginado.
Tras escucharlo, Dios responde:
- Bien, hijo mío, entrarás en el cielo; mas no tendrás nunca la certeza de hallarte en él.


Jorge Luis Borges - Adolfo Bioy Casares, en "Cuentos Breves y Extraordinarios"


martes, 31 de marzo de 2015

El profeta, el pájaro y la red




Cuenta una tradición israelita que un profeta pasó junto a una red tendida; un pájaro que estaba allí cerca le dijo:
-Profeta del Señor, ¿en tu vida has visto un hombre tan simple como el que tendió esa red para cazarme, a mí que la veo?
El profeta se alejó. A su regreso, encontró al pájaro preso en la red.
-Es extraño -exclamó-. ¿No eras tú quien hace un rato decías tal y tal cosa?
-Profeta -replicó el pájaro-, cuando el momento señalado llega no tenemos ya ojos ni orejas.

AH'MED ET TORTUCHI, Siradj el Moluk
Del libro Cuentos Breves y Extraordinarios - Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares


Der Traum Ein Leben




El diálogo ocurrió en Adrogué. Mi sobrino Miguel que tendría cinco o seis años, estaba sentado en el suelo, jugando con la gata. Como todas las mañanas le pregunté:
-¿Qué soñaste anoche?
Me contestó:
-Soñé que me había perdido en un bosque y que al fin encontré una casita de madera. Se abrió la puerta y saliste vos.- Con súbita curiosidad me preguntó: -Decime, ¿qué estabas haciendo en esa casita?

Francisco Acevedo, Memorias de un bibliotecario (Burzaco, 1955)
Del libro Cuentos Breves y Extraordinarios - Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares


martes, 2 de diciembre de 2014

En memoria...




Siempre quise a Paulina. En uno de mis primeros recuerdos, Paulina y yo estamos ocultos en una oscura glorieta de laureles, en un jardín con dos leones de piedra. Paulina me dijo: Me gusta el azul, me gustan las uvas, me gusta el hielo, me gustan las rosas, me gustan los caballos blancos. Yo comprendí que mi felicidad había empezado, porque en esas preferencias podía identificarme con Paulina. Nos parecimos tan milagrosamente que en un libro sobre la final reunión de las almas en el alma del mundo, mi amiga escribió en el margen: Las nuestras ya se reunieron. "Nuestras" en aquel tiempo, significaba la de ella y la mía.

Adolfo Bioy Casares - En memoria de Paulina (Fragmento)


Como estrellas

  "La mayoría de los seres humanos son como hojas que caen de los árboles: vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se pre...