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lunes, 3 de agosto de 2015

Tao Te King - Capítulo 1

Versión de Richard Wilhelm


I

El sentido que puede expresarse
no es el SENTIDO eterno.
El nombre que puede pronunciarse
no es el nombre eterno.
El No-ser es el comienzo de Cielo y Tierra.
y el Ser, la Madre de los seres individuales.
El camino del No-ser
lleva a contemplar la maravillosa esencia,
el del Ser,
a contemplar los espacios limitados.
Originalmente, los dos son uno,
su única diferencia radica en el nombre.
La unidad de ambos se denomina misterio.
El enigma más profundo del misterio
es la puerta por donde entran todas las maravillas.


Richard Wilhelm agrega, en su versión con comentarios del Tao Te King:

Lao Tse parte de la Unidad, en eso es un monista decidido (todo el pensamiento chino, dicho sea de paso, es, en el fondo, monista, a pesar de la preeminente doctrina de las fuerzas duales, las cuales se limitan a actuar en el mundo manifestado). La Unidad es el punto más alto que puede alcanzar el pensamiento, es el misterio de misterios, la puerta por donde surgen todas las energías... Dentro de la Unidad se encuentran incluidos todos los contrarios, aún sin separar. Ella es lo que se suele llamar el No-comienzo, que se sitúa antes del comienzo original. El Uno, como tesis, genera al Dos, la antítesis (los pares opuestos de Luz y Oscuridad, Masculino y Femenino, Positivo y Negativo, etc.), y de este par de opuestos nace como tercer elemento el mundo visible.


viernes, 22 de noviembre de 2013

Realidades




"Cuando, después de la revolución china (se refiere Richard Wilhelm, por supuesto, a la revolución de Sun Yat Sen, de 1911), Tsingtao se convirtió en residencia de buen número de los más renombrados eruditos chinos de la antigua escuela, encontré entre ellos a mi venerado maestro Lao Nai Süan, a quien no solo debo una introducción más profunda a las obras de Mencio (Mong Tse), a la Formación Cultural Superior y a mesura y Medio, sino el que también me abriera por primera vez el acceso a las maravillas del Libro de las Mutaciones. Como hechizado atravesé bajo su experta conducción ese mundo extraño y sin embargo tan familiar. Surgía la traducción luego de detenidas discusiones del texto. Del alemán se retraducía al chino, y tan solo una vez lograda una presentación del sentido del texto cabal y exenta de inexactitudes, la traducción se tenía por válida como tal. En medio de estas tareas irrumpió el horror de la Guerra Mundial. Los eruditos chinos fueron dispersados hacia los diversos rumbos de la rosa de los vientos, y también el señor Lao viajó a Küfu, patria de Kung Tse (Confucio), con cuya familia estaba emparentado. Entonces la traducción del Libro de las Mutaciones quedó detenida, aún cuando, junto a mi desempeño en tareas de la Cruz Roja china que yo dirigía durante el asedio de Tsingtao, mi dedicación a la antigua sabiduría china no cesó ni por un solo día. Extraña coincidencia: allá afuera, en el campamento, el general japonés Kamio leía en sus ratos de recreo las obras de Mencio, y yo, alemán, usaba mis horas libres para sumergirme en las profundidades de la sabiduría china. Pero el más feliz de todos era un viejo chino tan absorbido en sus libros sagrados que ni siquiera una granada que cayó junto a él pudo turbar su calma. Extendió la mano para recogerla -se trataba de una granada fallida- pero la retiró diciendo que estaba muy caliente y  volvió a reclinarse sobre sus libros..."

Richard Wilhelm - Prefacio al Libro de las Mutaciones (I Ching)


Wabi sabi

Encontrar la belleza en la simplicidad, la paz en lo imperfecto, lo impermanente y lo incompleto: estas palabras te inspirarán a bajar el ri...