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domingo, 15 de marzo de 2015

Por qué ayudas a tu prójimo?




Imaginémonos a un grupo de personas, cada una de ellas metida a fondo en alguna obra de caridad o en algunas actividades políticas y sociales útiles, todos ellos por motivos altruistas. Si alguien les pregunta:"¿Por qué ponéis tanto empeño en ayudar al prójimo?, obtenemos las siguientes respuestas. El primero dice: "Considero un deber y una obligación moral ayudar al prójimo". El segundo replica: "¿Obligación moral?. Al cuerno con las obligaciones morales. Lo que sucede es que Dios me condenará si veo como el prójimo es oprimido sin hacer nada al respecto." El tercero replica: "A mí tampoco me preocupan cosas  como los deberes o las obligaciones morales. Lo que sucede es que me dan mucha pena estas personas y trato de ayudarlas." El cuarto dice: "¿Por qué hago lo que hago? Para ser sincero, no tengo ni idea. Va con mi naturaleza el hacerlo de este modo. Es todo lo que puedo decir."
Me gustaría comparar estas cuatro respuestas. Me encanta la última. Tiene un aire muy taoísta o zen. Se trata del Sabio o santo verdadero, que parece estar en total armonía con el Tao. Se trata de aquel que ayuda de un modo completamente natural y espontáneo, sin tener consciencia de ello. Si existe Dios, espero que deje entre el primero en el cielo. Pegado a su rueda, espero que lo haga el tercer hombre. Me parece un cierto tipo de budista; sin ser una persona moral, es compasiva, aunque quizás tenga demasiada consciencia de ello.
Es interesante comparar al primero con el segundo. Ambos son muy asertivos, pero muy diferentes. El segundo, aunque algo brusco, es encantador y simpático. Me da la sensación de ser "el hombre con el corazón de oro" (como alguno de los papeles de Humphrey Bogart). Es realmente una persona muy cariñosa, que de algún modo se avergüenza a la hora de admitir el hecho, y no quiere parecer sentimental. Si yo fuera Dios, evidentemente le dejaría entrar en el reino de los cielos.
Pero el primer hombre: ¡Dios mío, que monstruosidad! Siento ofender a los lectores que han crecido en una tradición puritana,pero no aguanto más. Las personas como el primer hombre son tan pomposas, vanas, egocéntricamente afirmativas, puritanas, inhumanas, egoístas dominadoras y desagradables. Se trata de la gente que actúa por "principios". En cierto modo son incluso peores que la gente que no ayuda a los demás. Si yo fuera Dios, evidentemente también los dejaría entrar en el cielo, pero no enseguida. Primero los devolvería a la tierra unos años, para que se "disciplinaran" un poco más.
Algunos lectores pragmáticos podrían decir: "¿Por qué subrayar tanto el modo en que se dicen las cosas? ¿No va todo al mismo sitio? ¿No es más importante en qué grado ayudas a una persona, que los motivos o razones para hacerlo?" Mi respuesta es "No" Considero que si los actos de las personas ayudan, pero se llevan a cabo con un espíritu equivocado, pueden, a largo plazo, convertirse en tan dañinos como los actos que no ayudan para nada. Creo que me he visto muy influido  por el proverbio  chino, que dice: "Cuando el hombre incorrecto hace lo correcto, normalmente se vuelve incorrecto"

Raymond Smullyan - Silencioso Tao (Reflexiones de un científico al otro lado del espejo)


martes, 24 de junio de 2014

Sobre Perros




Soy muy partidario de los perros. Una razón es que soy un amante de los perros.
En un ensayo sobre el perro, John Burroughs dice que lo sorprendente del perro no es su inteligencia, sino lo cariñoso que es. Creo que Burroughs subestima la inteligencia del perro, pero me alegra que se de cuenta de lo cariñoso que es.
Me pregunto si existe un poema chino con el sentido siguiente:

El Sabio y el Perro 
son indistinguibles.

Pero vayamos al Japón. Me encanta el siguiente poema, haiku, de Issa:

Al visitar las tumbas;
el viejo perro 
hace de guía.

R. H. Blyth hace el siguiente comentario acerca del poema:

Hay algo muy profundo y patético en el conocimiento
inconsciente del viejo perro. Sentimos, por contraste, la poca
profundidad de nuestro propio conocimiento del significado
de la vida y de la muerte.

Hay algo en los perros -y lo mismo podría decir de otros animales, si los conociera mejor- de lo más notable; se trata de ver las cosas directamente tal como son, sin verse alterados por ninguna oscura conceptualización. Se trata de la condición conocida como "Satori". Si existe algún ser sensible que esté en estado de Satori, obviamente son mis perros. ¡Dios mío, parecen bañarse en el Tao de la mañana a la noche! Ya duerman, retocen, cacen conejos, coman o se comuniquen con sus amigos caninos o humanos, siempre son los mismos. Cuando están en las profundidades del bosque, están pasmados; un estado que describiría como una "fantástica clase de alta tensión relajada".
Existe un koan muy famoso: "¿Tiene el perro naturaleza de Buda?" Se han dado toda clase de curiosas respuestas a ello, como "Mu". Creo que una típica respuesta de un filósofo occidental sería: "Depende de cómo definas la naturaleza de Buda". Me temo que a este respecto no soy un filósofo occidental, puesto que si se me hiciera la pregunta, respondería espontáneamente: "¡Por supuesto!". O, tal vez, "¡Evidentemente, que pregunta más tonta!"
Dejad que os explique una aguda historia sobre este koan.
Un monje preguntó una vez a un maestro zen: "¿Tiene un perro naturaleza de Buda?"
Replicó: "Si, la tiene"
El monje preguntó entonces: "¿Tienes naturaleza de Buda?"
Replicó: "No, yo no."
El monje dijo: "Pensaba que todo el mundo poseía la naturaleza de Buda" El maestro replicó: "Si, pero yo no soy todo el mundo."
En relación a la pregunta: "¿Tiene el perro naturaleza de Buda?", Issa escribió el siguiente penetrante haiku:

El cachorro que no sabe
que ha llegado el otoño,
es un Buda

Al respecto, Blyth escribe:

El cachorro, aún más que el perro maduro,  vive cada día, 
cada momento, tal como se presenta. No piensa en antes o
después y suspira por lo que falta.
Cuando hace calor, toma sol; cuando llueve, gimotea 
para que se le deje en la lluvia. No hay nada entre el sol y el 
cachorro, la lluvia, y el gimoteo.

Uno de los más bellos pasajes que he leído sobre el perro, es el siguiente de Suzuki:

Observemos al perro y contemplemos como devora su
comida. Cuando está hambriento y olfatea algo de comer, va
directo y acaba en un periquete. No pregunta nada. La comida
probablemente era para otro, pero no le importa. Da por
hecho que el estar hambriento le autoriza a todo lo que necesita
para satisfacer su necesidad del momento. Cuando acaba,
se va. No dice "gracias". Satisface sus derechos naturales, ni
más ni menos, y no tiene nada más por lo que preocuparse;
no sólo por lo que hace referencia a su ser, sino al mundo que
le rodea. Es perfecto. Al ser como es, la idea de pecado es una 
blasfemia innecesaria, ya sea intelectual, moral o espiritual.
Proviene directamente de Dios. Podría declarar, como se dice
que hizo Buda: "Solo yo soy el más honorable de la tierra".
En realidad, no tiene necesidad de ninguna afirmación "egocéntrica"
de esta naturaleza. Tiene bastante con ladrar y escapar
 a todo ser humano inconsciente que trate de hacer daño
a esta "inocente" criatura, que mantiene la frescura del Jardín del Edén.

Raymond Smullyan - Silencioso Tao, Confesiones de un científico al otro lado del espejo.
La Liebre de Marzo ISBN 84-87403-12-3



martes, 8 de abril de 2014

Sea como sea




Sople como sople el viento,
vaya como vaya el mundo,
¡a mí me va bien!

Anónimo Taoísta

Del libro Silencioso Tao, de Raymond Smullyan





Espejo claro




"Los cristianos se ven obligados a convencer a los paganos y a los ateos, con el fin de salvar sus almas, de que Dios existe. Los ateos se ven obligados a convencer a los cristianos de que la creencia en Dios es una superstición primitiva e infantil, que hace un gran daño al verdadero progreso social. Y, a causa de ello, pelean sin cesar los unos con los otros.
Mientras tanto, el Sabio taoísta se sienta tranquilamente junto a un río, tal vez con un libro de poemas, un vaso de vino y algunos artilugios para pintar, disfrutando del Tao a su gusto, sin tan siquiera preocuparse de si éste existe. El Sabio no necesita afirmar al Tao; ¡está demasiado ocupado disfrutando de él!"

Raymond Smullyan - Silencioso Tao


jueves, 13 de marzo de 2014

Mondo sobre la inmortalidad




DISCÍPULO ZEN: "Por lo tanto Maestro, ¿es o no el alma inmortal? ¿sobrevivimos a nuestra muerte corporal, o somos aniquilados? ¿nos reencarnamos? ¿se fragmenta nuestra alma en partes que son recicladas, o entramos como una única unidad en el cuerpo de un organismo biológico? ¿conservamos nuestros recuerdos? ¿es falsa la doctrina de la reencarnación? ¿es más correcta la noción cristiana de resurrección? ¿si es así, es nuestro cuerpo el que resucita, o nuestra alma penetra en un reino espiritual puramente platónico?"

MAESTRO: "Se te está enfriando el desayuno"

Raymond Smullyan - Silencioso Tao, Reflexiones de un científico al otro lado del espejo


El Sueño del Sabio




El sabio no se duerme porque deba,
ni siquiera porque quiera,
sino porque tiene sueño.

Raymond Smullyan - Silencioso Tao, Reflexiones de un científico al otro lado del espejo


domingo, 20 de octubre de 2013

Una Historia Zen Imaginaria




MAESTRO ZEN: "Tengo y no tengo un palo. ¿Cómo lo explicarías?"

NOVICIO JUDÍO: "¡No lo haría!"

MAESTRO:  "No seas impertinente. Te conviene, si realmente deseas alcanzar la iluminación como dices, hacer todos los esfuerzos posibles por contestar."

NOVICIO: "De acuerdo. Creo que, según lo mires, tienes un palo; y según lo mires, no."

MAESTRO: "No, no quiero decir esto. Quiero decir que, mirándolo igual, tengo un palo y no tengo un palo.
¿Cómo te lo explicas?"

NOVICIO: "¡Me rindo!"

MAESTRO: "No has de rendirte. Debes poner toda la carne en el asador para descubrirlo."

NOVICIO: "No voy a discutir contigo sobre si me he de rendir o no. El hecho existencial es simplemente que me rindo."

MAESTRO: "¿No quieres alcanzar la iluminación?"
NOVICIO: "Si alcanzar la iluminación significa considerar estas estúpidas cuestiones, ¡al infierno! Siento defraudarte, pero adiós muy buenas."

Doce años después...

NOVICIO: "He vuelto, Maestro, en un estado de absoluta contrición. Durante doce años he vagado, sintiéndome fatal por mi cobardía e impaciencia. Ahora me doy cuenta de que no puedo huir de la vida. Más tarde o más temprano, tendré que afrontar los problemas definitivos del universo. Estoy preparado para esforzarme y trabajar a fondo en el problema que me diste."

MAESTRO: "¿Cuál fue el problema?"

NOVICIO: "Dijiste que tenías y no tenías un bastón. ¿Cómo explicarlo?"

MAESTRO: "¿Dije esto? ¡Que estupidez!"

Del libro Silencioso Tao, de Raymond Smullyan
Reflexiones de un científico al otro lado del espejo.




viernes, 11 de octubre de 2013

Espontaneidad




"Toda la rutina de la vida, vestirnos y desvestirnos, el trajín del trabajo, llevar a cabo las diversas operaciones, se hacen sin referencia mental al dolor y al placer, excepto en contadas ocasiones. Se trata de actos motor-idea. No respiramos por el placer de respirar, sino que simplemente descubrimos que respiramos. No escribo por el placer de escribir, sino sencillamente porque una vez empiezo, y estoy en un estado de excitación intelectual que me mantiene en marcha, descubro que sigo escribiendo. ¿Quién pretendería que cuando maneja su cuchillo en la mesa, lo hace por el placer que le reporta, o el dolor que debe eludir? Hacemos estas cosas porque no puede ser de otro modo; nuestros sistemas nerviosos están conformados de tal modo que actúan de esta forma; y a la mayoría de nuestros actos al azar o puramente "nerviosos", y pautas de comportamiento programadas, no podemos asignar razón alguna"

William James, extraída del libro Silencioso Tao, de Raymond Smullyan

martes, 2 de octubre de 2012

Sobre el Taoísmo...




La primera vez que me topé con los escritos taoístas, me embargó una dicha infinita. No tuve la sensación de estar leyendo algo extraño o exótico, sino de que estaba leyendo los pensamientos que había tenido a lo largo de toda mi vida, únicamente expresados de un modo más adecuado de lo que yo era capaz. Para mí, el taoísmo significa un estado de serenidad interior combinado con una consciencia estética intensa. Ninguna de ellas es adecuada por sí sola; una serenidad puramente pasiva constituye una suerte de embotamiento, y una consciencia dirigida por la ansiedad no es algo muy atractivo.
Un chino amigo mío (de la escuela moderna) criticó recientemente al taoísmo como una filosofía que consistía en "tener tu propio pastel y, además, comértelo". Repliqué: "Hay algo mejor". Me respondió: "¡Pero uno no puede tener su propio pastel y también comérselo!" ¡Aquí es precisamente donde diferimos! Siempre he creído que uno puede tener su propio pastel y además comérselo. Esta es la cusa de que sea taoísta.
En realidad, llegué al taoísmo a través del budismo zen. Me llevó algún tiempo darme cuenta de hasta que punto el zen ha combinado el taoísmo y el budismo, y de que eran los elementos taoístas los que principalmente me atraían. Lo curioso del zen es que primero nos hace la boca agua con una cosa llamada Satori (iluminación), y luego directamente nos informa de que nuestro deseo por el Satori ¡es lo que nos impide conseguirlo! Por contra, el taoísta me sorprendió como alguien que no busca intensamente algo que no posee, sino que disfruta de lo que tiene.
Esto es algo más que un libro sobre filosofía china, se trata de una serie de ideas inspiradas por la filosofía china. Aunque el punto de vista taoísta pueda ser básico, este libro toca una amplia variedad de temas; se trata, en realidad, de un libro sobre la vida en general.


Prefacio de Silencioso Tao - Reflexiones de un científico al otro lado del espejo, de Raymond Smullyan

domingo, 13 de marzo de 2011

Silencioso Tao




"Los cristianos se ven obligados a convencer a los paganos y a los ateos, con el fin de salvar sus almas, de que Dios existe. Los ateos se ven obligados a convencer a los cristianos de que la creencia en Dios es una superstición primitiva e infantil, que hace un gran daño al verdadero progreso social. Y, a causa de ello, pelean sin cesar los unos con los otros.
Mientras tanto, el Sabio taoísta se sienta tranquilamente junto a un río, tal vez con un libro de poemas, un vaso de vino y algunos artilugios para pintar, disfrutando del Tao a su gusto, sin tan siquiera preocuparse de si éste existe. El Sabio no necesita afirmar al Tao; ¡Está demasiado ocupado disfrutando de él!"

Raymond Smullyan


Como estrellas

  "La mayoría de los seres humanos son como hojas que caen de los árboles: vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se pre...