Mostrando entradas con la etiqueta I Ching. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta I Ching. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de diciembre de 2018

Nuevo año...




Previsión para Dragones en el 2019. Hex 27, 

...llega el tiempo de las Mandíbulas. Acéptalo. No tengas miedo. Mandíbula significa alimentarse. Mandíbulas significa modificar la fuente de alimentación.

Mandíbulas, Yi: fauces, boca; fuente de alimentación; aceptar, tragar, digerir; dar de comer, sustentar, alimentar, apoyar, criar; lo que sale y entra de la boca. El ideograma muestra una boca abierta.

Mandíbulas. Pronóstico: el camino está abierto.
Observas las mandíbulas.
Buscas el origen
de lo que realmente llena la boca.

La manera de encarar la situación es ser consciente de dónde y cómo te alimentas y alimentas a los demás.

Considera seriamente y con profundidad qué es lo que alimenta a la gente y qué lo que te alimenta a ti. Piensa acerca de lo que das y de lo que pides. Busca la fuente de lo que entra y lo que sale de la boca, porque ahí está la respuesta a tu pregunta.


"Dios surge en el signo de Lo Suscitativo." Cuando con la primavera se agitan nuevamente las energías vitales, vuelven a engendrarse todas las cosas "Él consuma en el signo del Aquietamiento." Así, a comienzos de la primavera, cuando las semillas caen hacia la tierra, todas las cosas se tornan cabales. Esto da la imagen de La Nutrición expresada en el movimiento y la quietud. El noble toma esto por modelo en lo relativo a la alimentación y al cultivo del carácter. Las palabras son un movimiento que va desde adentro hacia afuera. El comer y el beber son el movimiento que va desde afuera hacia adentro. Las dos modalidades del movimiento han de moderarse mediante la quietud, el silencio. Así el silencio hace que las palabras que salen de la boca no sobrepasen la justa medida y que tampoco sobrepase la justa medida el alimento que entra por la boca. De este modo se cultiva, el carácter.



domingo, 19 de agosto de 2018

Deseo




La percepción causa una reacción sensorial, dijo: a continuación interviene el pensamiento - "quiero... ", "no quiero...", "deseo..."- y así se genera el deseo. No lo causa el objeto del deseo y persistirá con objetos diversos mientras intervenga el pensamiento. Por consiguiente, uno no puede liberarse del deseo reprimiendo o evitando la experiencia sensorial (al estilo del asceta). La única forma de liberarse del deseo es liberarse del pensamiento.

J. Krishnamurti (Leído en Sabiduría Insólita, de Fritjof Capra)

Si una situación llegara a mi vida y, de algún modo, la pusiera patas arriba sin que tuviera yo idea de qué fué lo que sucedió, de dónde surgió la energía que hizo que todas las defensas cuidadosamente estudiadas y dispuestas fueran atravesadas como si no existieran... podría pensar varias cosas: que esa fuerza exógena era tan poderosa que mis defensas (preparadas para otro tipo de embestida), no pudieron resistirla, que la fuerza era una energía tendida entre dos polos, uno fuera de las murallas y otro yo mismo (consciente o inconsciente), o esa fuerza era solo interna, propia, algo surgido porque ese mundo amurallado ya no estaba cumpliendo función alguna, estaba llegando a su fin, o al menos había que reformularlo.
Como sea, ya con la situacion avanzada, si ante una consulta se me respondiera que ese era un estado de Revolución, un Cambio de Piel, tendría que pensar que tiene mucho sentido.

El hex 49, Ko, habla sobre esto y dice que "en tu día se te creerá". Cuando podamos atravesar estas sacudidas sin inquietarnos, por muy difíciles o seductores que sean los estímulos externos que las generan, conseguiremos la confianza y dejaremos atrás el miedo y la inseguridad que pueda traernos esto de vivir expuestos, sin murallas. En este punto mi mente une este signo con la frase de Krishnamurti.

Recibir este signo puede venir a decirnos que hubo una revolución o que debería haber una, para descartar aquello que ya no tiene sentido. La palabra revolución denota un cambio que se da en medio de situaciones confusas, riesgosas, imprevistas... cuyo inicio puede determinarse aproximadamente, pero hacia dónde irá ya es más incierto. La finalidad de la revolución es identificar aquello que me genera miedos e inseguridades y me lleva a construir murallas, que me protegen, pero también me aíslan.

En medio de la revolución, en la confusión y la incertidumbre, uno puede perfectamente perder el rumbo... confundirse. Y así, acechando, en el núcleo de este signo (el 49), se encuentra el 44, Kou, Ir al Encuentro. Signo en el que la oscuridad empieza a ascender, aunque todavía es un brote y está bajo tierra, no se ve.

No responder a la seducción, especialmente a la seducción del poder.

Este signo nos habla de tener una mente abierta, ser tolerantes y pacientes ante lo que se nos aproxima, pero sólo ir hasta mitad de camino, sin resignar nuestro comportamiento correcto.
Las fuerzas oscuras empiezan a ganar terreno en el inconsciente, pero al ser solo un brote, aún podemos actuar sobre ellas.

Un viaje de mil millas empieza con el primer paso. 
El arbol cuyo tronco tiene tres metros de diámetro, primero fue una brizna.

Y allí es donde podemos actuar más fácilmente.

Hay más, mucho más, pero esto ya es suficiente para iniciar la tarea.




viernes, 17 de agosto de 2018

Hex 50 / Ting, El Caldero




Carol Anthony

Aceptar el propio destino y ser guiado.

En este hexagrama, la madera, simboliza el carácter ya desarrollado, que alimenta al fuego. Eso quiere decir que a través del desarrollo de lo bueno dentro de nosotros, brillamos como ejemplo, alumbrando el camino para los demás.
Fundamentalmente, es el sacrificio lo que "enciende" la madera. Es a través del sacrificio del interés personal como ofrecemos el alimento a Dios. El caldero es el recipiente para ofrecer tal sacrificio. Nuestros pensamientos íntimos, en cualquier momento dado, son las ofrendas depositadas en el caldero. Cuando ofrecemos buenos pensamientos, ofrecemos un buen alimento al poder supremo; pero cuando nuestros pensamientos profundos están corrompidos, "la comida del príncipe se derrama", como se afirma en la cuarta línea. Es importante, por tanto, que cuidemos la pureza de nuestros pensamientos y nuestra actitud perseverante y modesta.
Este hexagrama pide el sacrificio del "valor terrenal"  más elevado: la sensación de que estamos al mando, y de que tenemos la habilidad y el derecho de guiarnos nosotros mismos...
A menudo, no entendemos qué es lo que tiene que ser sacrificado. Por ejemplo, podríamos necesitar sacrificar el ego como punto de vista emocional satisfactorio.

Sexta línea: El caldero tiene argollas de jade. Damos consejo, al igual que el sabio hace con nosotros, con el ejemplo. Esto quiere decir que mantengamos nuestra voluntad de perseverar tranquilamente, a pesar de todos los obstáculos. A pesar de todos los insultos, daños e injusticias, nos mantenemos en nuestro camino, permaneciendo pacíficos y puros. El sabio es tan firme como el jade, pero conserva su suave brillo en forma de amabilidad.

                                                                   

Stephen Karcher

Caldero sagrado; mantener, contener y transformar,
imaginar; comer con los espíritus, ancestros y nobles;
establecer, fundar.

EL ESCENARIO
Cambiar la Piel de las cosas significa que debes tener un caldero donde transformarlas. Así que llega el tiempo de El caldero. Acéptalo. No tengas miedo. El caldero significa asumir la renovación.

LA RESPUESTA

El caldero.
El camino hacia la fuente está abierto.
Éxito.

El caldero describe la relación, o tu papel en ella, en términos de sacrificio, imaginación, y de la capacidad espiritual de un caldero sagrado. La manera de encarar la situación es mantener y transformar tu relación a través del poder de un símbolo que puede conmover tu corazón. Necesitas adentrarte en tus problemas para examinarlos con detenimiento y reflexionar hasta que los comprendas perfectamente. Debes convertir los acontecimientos de su vida en imágenes simbólicas. Así, se convertirán en un caldero de transformación que os conectará a los dos con el poder invisible que os rodea. Abandona tus viejas costumbres. Utilizando el caldero podrás experimentar una renovación. El caldero significa utilizar símbolos para ser conscientes de su poder y transformar la relación. Ese poder y esa transformación iluminarán tu entendimiento, y aportarán seguridad y un nuevo comienzo. Eso genera conocimiento y buena fortuna al liberar energía transformadora.

-Reflexión: Tu relación te puede ayudar a que llegues a hacerte uno con el espíritu. Su poder transformador proviene de vuestras razones para permanecer juntos. Todo lo que cada uno de vosotros necesita hacer para llegar a esta unidad es interiorizar lo que tenéis en común. El modo de hacerlo es convertirse en uno, transformaros en uno. Consíguelo reivindicando todos los aspectos de tu pareja, sean los que sean, como tuyos propios. Imagina que has asumido todo lo que él o ella es. Mientras lo haces, acepta la experiencia, sea cual sea. Mantente vinculado al mundo físico para ayudar a tu sistema a digerir y manejar lo que está experimentando. Solo lo que es real y perdurable se verá fortalecido. El resto se disolverá. Alcanzando la unidad tú mismo de esta manera, te acercarás más a la unidad con el otro. Tu experiencia directa del cielo surgirá cuando gradualmente vayas descubriendo esa unidad.

SEIS EN EL SEXTO LUGAR

El caldero tiene anillos de jade.
El gran camino está abierto.
No hay nada que no sea ventajoso.

Esta relación es realmente algo precioso. Puede transformar vuestras vidas. El gran camino está abierto para vosotros, y puede aportar un gran beneficio para todos. Se os abrirá un mundo nuevo.
Dirección: Sigue adelante. Actúa con resolución. Estás conectado con una fuerza creativa. Úsala bien.

                                                       

Brian Browne Walker

Usted sirve como ejemplo para los demás al sacrificar su ego y aceptar los consejos del Poder Superior.

El hexagrama Ting se ocupa de la alimentación y la supervisión que debe haber para poder triunfar completamente. Aunque la cultura que nos rodea a menudo nos anima a "hacernos cargo" y a realizar demandas agresivas a la vida, el I Ching ofrece un consejo mucho más prudente. Nos anima a renunciar a las incesantes demandas de nuestro ego, a profundizar en nuestra humildad y a aceptar y escuchar atentamente las instrucciones del Sabio.
La imagen del caldero se refiere a sus pensamientos internos: cualquier cosa que meta en el caldero de su mente es su ofrenda al Poder Superior. La calidad de la ayuda que puede recibir del universo está gobernada por la calidad de su ofrenda...
Ting aparece para sugerir que lo mejor que puede hacer es calmar su ego y entablar conscientemente conversación con el sabio.

Sexta Linea: Aconseje a los demás de igual modo que el sabio le aconseja a usted: siendo un ejemplo de corrección, a través de la perseverancia serena y a través de la delicadeza.

viernes, 19 de junio de 2015

Mi corazón




"Mi corazón no está contento. Aunque ocultamos nuestros deseos, sus presiones siguen operando y tenemos que defendernos de sus malos efectos.
El deseo nos invade cuando no estamos seguros de que a través de "seguir" llegaremos a nuestro objetivo. Cuando desconfiamos del rumbo de los acontecimientos, tenemos tendencia a interferir en su trabajo, o a adoptar una actitud indiferente, como si lo que decimos no tuviera importancia. El sabio no puede ayudarnos bajo tales condiciones. Como somos extranjeros en tierra extraña, debemos poner particular atención en el contenido de nuestra actitud interna."

Carol Anthony - Guía del I Ching, hexagrama 56, Lü, El Andariego, cuarta línea.


Una foto certera de mi corazón al desnudo, sin todos los adornos que suelo ponerle para disimular aquello que, de alguna manera, no me gusta ver en mí...


miércoles, 12 de marzo de 2014

Gérmenes




"Alguna vez te dijo alguien que cuando te despiertas, cada mañana, creas el mundo que se despierta contigo?
No?
Pues lo haces..."



Esto dice Robert Alan Krakower (Ra Uru Hu), en un video que veía ayer en una red social y me sentí muy identificado con esa manera de ver las cosas. También me recordó la sabiduría que transmite el I Ching, ese maravilloso libro que me acompaña desde hace tantos años.
A continuación, comparto un texto de Richard Wilhelm, quizás el más inspirado traductor a una lengua occidental de este libro hermético y hermoso. El texto en cuestión pertenece a un pequeño librito que condensa información invaluable:



"En el Libro de las mutaciones, los ocho signos aparecen en distintos órdenes, siempre de acuerdo con el carácter de la observación de que son objeto.
Un esquema muy adecuado para la meditación, que presenta el proceso del desarrollo de la vida en su ciclo hermético, figura en el apartado Schuo Gua (Explicación de los Signos), cap. II, p. 5, de un antiguo mantra.
La representación gráfica de los ocho signos, con puntos cardinales y horas del día, responde a la concepción europea.
Aquí aparece representada la vida en su dimensión espacio-tiempo. El espacio viene determinado por los puntos cardinales, cuyo orden, junto con el curso del sol, nos da el paso del tiempo. De este modo, las antítesis del espacio se suceden unas a otras y, por último, se conjugan en una síntesis, gracias al paso del tiempo. Por ello, los ocho signos aparecen a menudo distribuidos asimismo a lo largo del día. Naturalmente, también se pueden distribuir a lo largo del año. Sin embargo, en otra parte éste aparece ordenado de acuerdo con el Pi Gua, círculo de doce signos, a dos niveles cada uno, sacado del Libro de las mutaciones, pero como quiera que su examen responde a otros principios, aquí no nos referiremos a él.
Así, pues, los ocho signos están distribuidos de acuerdo con las horas del día y los puntos cardinales, pero, además, son objeto de una interpretación psicológica que reviste especial interés en este contexto. Implicaciones psicológicas de las horas que se suceden a lo largo de la noche, las encontramos, por ejemplo, en Fausto (principio de la segunda parte), cuando el protagonista, cansado de la vida, es reanimado merced a la fuerza vitalizadora de los espíritus. Por lo demás, entre la concepción goethiana y la del Libro de las mutaciones existe una coincidencia en verdad sorprendente, como podrá comprobarse con sólo consultar el mencionado pasaje.
Para una comprensión profunda de los parámetros espacio-tiempo hay que tener presente que cada una de las ocho fases dura tres horas y tiene su punto culminante en el medio. Así, por ejemplo, la primera fase dura de las 4,30 horas a las 7,30 horas, con el punto culminante en torno a las 6 horas, por lo que las 6 horas puede considerarse el punto ideal para la salida del sol. Siguiendo con el examen del círculo, nos situaremos, por así decir, en el centro, con la mirada hacia el sur; entonces, uno comprenderá fácilmente la proyección psicológica del movimiento que tiene lugar de izquierda a derecha.
De acuerdo con el mantra, cada fase tiene su significado, a saber: 

1. «Dios aparece bajo el signo del trueno.» Aquí, Dios es entendido como expresión de la energía vital nueva y exultante. El signo Dschen denota el momento en que la vida empieza a alentar de nuevo. La fuerza luminosa se muestra, abajo, como línea celeste, indivisa, que pone en movimiento lo terreno. El sol se levanta, se levanta, poco a poco, la mañana y las cosas cobran realidad. Pero, de momento, sólo ha despertado a la vida lo interior, lo psíquico: ha caído el velo del sueño. Pero, con ello, el mundo exterior queda consolidado en sus raíces. Y precisamente ahora, cuando empieza el día, se impone un acto de decisión consciente: mientras las cosas permanecen distintas, cuando apunta apenas el primer atisbo de vida, incidir sobre los gérmenes del mundo exterior de forma que sólo dejemos acercársenos aquellos que nos son idóneos. El signo trueno es extraordinariamente activo. Los acontecimientos del mundo exterior irán tomando forma ante nosotros de acuerdo con la naturaleza de su actividad. De la misma forma que el sol inicia su curso como héroe que marcha jubiloso al triunfo, así también nosotros debemos afrontar, conscientes, la lucha cotidiana, ya desde el mismo inicio, cuando todo sigue aún en su germen, y acometer día y trabajo de forma activa.

2. El siguiente estadio nos trae de inmediato el trueque de lo espontáneo subjetivo en lo objetivo reactivo mediante el signo Sun, . Su lema dice: «Bajo el signo de la suavidad, todo alcanza su plenitud.» Sun, la suavidad, conlleva la idea de penetración, lo cual significa, en este caso, que las formas se realizan. Cuando el día se levanta, la vida llega a nosotros y cobra de nuevo realidad; las distintas motivaciones, con todos sus detalles, que tal vez olvidamos durante la noche, se nos acercan de nuevo con la energía de la vida. De aquí la apostilla: «Plenitud consiste en que todos los seres sean puros y perfectos.» Las cosas cobran de nuevo realidad. Resulta un tanto extraña la idea de que las cosas pierden momentáneamente su realidad y la recobran cuando proyectamos sobre ellas nuestro interés, con lo que vuelven a ser importantes para nosotros. Pero, psicológicamente, es muy comprensible. Si conseguimos distraer de un objeto cualquiera todo nuestro interés, dicho objeto deja de existir automáticamente para nosotros. Vuelve entonces a la masa caótica de la existencia indefinida, que es para nosotros casual, ajena a nuestras consideraciones y vinculaciones. Lo único que puede ser objeto de nuestro interés es aquello en lo que, de alguna forma, ponemos una parte de nosotros mismos y, así, nos permite establecer una relación con ello. Esto significa que cada día construimos de nuevo nuestro mundo exterior. El problema se reduce aquí a levantar este mundo exterior con inteligencia, reflexionando primero sobre el interés que vamos a depositar en las cosas, esto es: qué clase de interés y en qué cosas. En definitiva, el hombre tiene que poner constantemente a contribución sus fuerzas. Si alguien pretendiera, por así decir, reservárselas, se encontraría con una acumulación que, a la postre, no le traería nada bueno. Pero lo que sí podemos hacer es elegir conscientemente las cosas en que queremos depositar nuestro interés, antes incluso de que éstas se acerquen a nosotros. Si no lo hacemos así, las cosas nos sorprenderán y se llevarán consigo nuestro interés; tanto si queremos como si no. Y, por regla general, el interés que nos es arrebatado de forma tan pasiva por nuestra parte suele ser muy poco armónico. Si, por el contrario, preparamos a tiempo —esto es, cuando aparece Dios bajo el signo del trueno— los gérmenes del día que nace y nos trazamos un plan de lo que queremos vivenciar en este día y, después, modelamos el curso de nuestras vivencias de forma que respondan exactamente a nuestra personalidad y a nuestras decisiones, podremos modelar el día armónicamente. Naturalmente, en todo ello concurre asimismo una cierta espontaneidad, pero no es una
espontaneidad negativa, sino una instancia que por su actitud respecto a nuestras propias fuerzas hace que éstas tengan una proyección positiva. Aquí se muestra la primera antítesis: primero, el trueno; después, la suavidad. La conjugación de los elementos de esta antítesis llega gracias al paso del tiempo, en cuyo transcurso primero elegimos las cosas y, después, nos entregamos a ellas. Sobre la base de esta elección, podemos controlar nuestro entorno, sin necesidad de intervenir directamente, ya que, por así decir, hemos fijado de antemano cómo vamos a repartir nuestro interés; asimismo, podemos infundir realidad exclusivamente a las cosas que tienen un valor para nosotros, mientras que todo aquello de nuestro entorno que nos molesta, al no poderlo eliminar por completo, lo alejamos de nosotros y, si nos tenemos que enfrentar con ello, no lo hacemos de forma alocada, sino con prudente suavidad. Y ello porque ésta es la manera de acabar con lo desagradable: con suavidad, y no con rudeza. Nunca será posible disolver algo desagradable con rudeza, ya que con ésta lo hacemos más consistente. Por el contrario, el viento, lo suave, lo sutil, tiene la propiedad de disolver las cosas. Así, por ejemplo, el viento primaveral disuelve el hielo gracias precisamente a su suavidad, mientras que los vendavales de invierno lo hacen más consistente.

3. Llegamos al mediodía, cuando la jornada alcanza su cénit. Aquí tenemos el signo Li, la luminosidad, del que se dice: «Gracias a él, las cosas se contemplan unas a otras bajo el signo de la luminosidad.» «La luz es el signo del sur. Los sabios, cuando abandonaban los negocios humanos, volvían el rostro al Sur, y gracias a su luminosidad todo aparecía en orden.» Aquí se muestran las cosas en mutua relación, aquí empieza la actividad, bien que una forma de actividad asimismo harto peculiar: una actividad basada en la observación. Existen diversos procedimientos para escrutar el hombre y las cosas, para llegar a conocer uno y otras. Uno de ellos consiste en acumular características, en extraer luego conclusiones de dichas características y, por último, en ordenar estas conclusiones para formar juicios con ellas. Ésta es una forma de observación. Pero existe además la basada en la intuición, aun cuando no es enteramente lógica. La intuición está por encima, no en contra, de la lógica. Una intuición que contradiga la lógica, no es, en realidad, intuición alguna, sino mero prejuicio. La intuición auténtica está en perfecta armonía con la lógica, con la sola diferencia de que va más allá que ésta. La intuición no ha surgido, por así decir, de los sutiles hilos del razonamiento lógico, sino que tiene un fundamento mucho más amplio. Y precisamente sólo a través de esta forma de intuición es posible influir en los demás, pues para influir en alguien hay que captar su interioridad. También se puede influir exteriormente —mediante el terror— en las personas, pero se trata siempre de una influencia pasajera. La violencia no puede alumbrar nunca resultados duraderos y auténticos. En definitiva, influir en los demás sólo es posible partiendo de la observación interior, de la comprensión que va de dentro afuera y que, por esta misma razón, proyecta luz sobre el interior del otro. Aquí nos encontramos con el principio fundamental de la creación cultural, principio que Confucio adoptó del Libro de las mutaciones y que, pese a todas las corrientes momentáneas, perdurará con toda seguridad a lo largo de la historia.

4. Así que las cosas se hallan en la claridad, le llega el turno al signo Kun, la concepción, del que se dice: deja que ellos se sirvan unos a otros bajo el signo de la concepción». Este signo no tiene aquí significación cósmica, sino que está comprendido dentro del proceso psicológico y significa la comunidad. Así que sujeto y objeto han establecido una relación mutua, tiene lugar un servicio recíproco en el marco de la comunidad y, a través de esta comunidad, son alimentadas las cosas y éstas alcanzan la plenitud de la vida.
Esto es algo que sólo es posible en comunidad. Ningún ser humano puede acabar una obra por sí solo, pues la complexión de toda obra requiere el concurso de la comunidad. También el artista necesita de la comunidad para acabar su obra; sí, y posiblemente sea el artista quien con mayor imperativo necesite de ella. Pero la comunidad no tiene que ser precisamente la compañía del vecino X o del vecino Y, de acuerdo con el sitio donde nos encontramos, sino que todos podemos extender nuestra comunidad a lo largo y ancho de siglos y milenios. Y si, por casualidad, no tenemos en nuestra vecindad nadie que pueda ofrecernos esta comunidad, no hay impedimento alguno para que la descubramos en siglos o milenios pasados; y siempre encontraremos una compañía tan estimulante que nos permita llevar a cabo una obra conjunta. Así, Confucio, en tiempos de suprema soledad, vivió en compañía del duque de Dschou, del que, cronológicamente, estaba separado por más de quinientos años. Pero tampoco es necesario que recurramos siempre a un pasado más o menos remoto. En la práctica siempre habrá una comunidad que, de acuerdo con la obra a realizar, esté en condiciones de llevarla a cabo como corresponde. Y esto es precisamente lo decisivo: comprender que se trata de un servicio. Toda obra es servicio, es responsabilidad. Por ello, toda oportunidad de trabajar debe aprovecharse como una oportunidad de servir y, en consecuencia, no hay que ser demasiado exigente con las personas que, en determinadas circunstancias, le son asignadas a uno para un trabajo. ¡Tanto peor para nosotros si no conseguimos sacar nada de estas personas! Puesto que podemos observar al hombre y captar su esencia, tenemos que aprender a descubrir una instancia que nos permita el acceso al interior de las personas y trabajar con ellas a partir de aquí; entonces, la obra que empecemos sí que alcanzará la madurez.

5. Así llegamos a la tarde, que se encuentra en abierta y peregrina oposición respecto a la mañana.
Aquí, la tarea cotidiana llega a su fin. Aquí se juntan los hilos. Aquí aparece el signo Dui, la alegría , del que se dice: «se regocija en el signo de la alegría». Es la cosecha del día, transportada al hogar y convertida en dicha. También esto tiene gran importancia: todo trabajo productivo requiere una elevada dosis de alegría. Llegada la tarde, tenemos que sacudir cuidadosamente el polvo que se ha ido acumulando durante el día —el signo Kun es el signo del polvo y durante su fase se producen dificultades de toda índole—; por ello, así que los hilos empiezan a juntarse, tenemos que sacudir este polvo de forma que todo irradie de nuevo jubilosa alegría. Sólo entonces será productiva la tarea. Es por esto que está escrito: «Él (Dios) hace que ellas (las almas) se alegren bajo el signo de la alegría.»
Este símbolo abarca la mitad activa de la vida.
A continuación viene la noche.

6. La noche no es menos productiva que el día, aunque de forma totalmente distinta. El hombre, una vez concluida la fase de su influencia sobre los demás, alcanza el signo Ki'én, la creación, del que se dice:
«lucha bajo el signo de la creatividad». Transcurrido el día, empieza la noche. ¿Qué va a ser creado aquí y ahora? Y podemos imaginar: la creación consiste precisamente en el irrumpir del día. En el signo Dschen, el trueno, tenemos una forma de creatividad; la forma de creatividad idónea para la tarea cotidiana. Pero aquí la creatividad tiene un sentido muy distinto, puesto que, en realidad, significa: «lucha consigo mismo bajo el signo de la creatividad». La tarea cotidiana ha sido llevada a cabo, ultimada, con júbilo. Y ahora surge la cuestión: ¿ha producido valores este día, o ha quedado todo en bella vaciedad? Precisamente para que no sea así hace acto de presencia la creatividad, que encuentra su razón de ser en la obra creada. Y aquí nos llega la voz de la conciencia con unos parámetros completamente distintos de los exteriores que rigen la sociedad, y nos pide una respuesta, una respuesta creativa respecto a la obra realizada, esto es: ¿están preparados los granos recogidos en la cosecha para una nueva tarea o, por el contrario, todo ha llegado a su fin definitivo?
Así como los temporales de noviembre sacuden de los árboles todo lo que está podrido e inerte, y sólo deja en ellos lo que está vivo, lo que puede volver a resplandecer en la próxima primavera, así también es bueno que el hombre, antes de sumirse en el sueño, dedique un momento —que no tiene que ser precisamente largo— a echar una mirada al día transcurrido y examinarlo en función de su trascendencia. Por eso está escrito asimismo: «lucha consigo mismo». Se trata siempre de una lucha, en el curso de la cual el día ha de reafirmarse y justificarse frente al juicio divino; la creatividad es el cielo, es Dios, y el hombre ha de abrirse paso frente a Dios, no contra Dios entendido como algo exterior, sino en lucha con el Dios que llevamos en nosotros. Cuando he llevado a cabo mi tarea, puedo luchar, en mí mismo, con Dios, y, aun cuando la cobardía y la desilusión se empeñan en presentarlo todo como empresa estéril, yo, plenamente consciente de mi responsabilidad, me puedo abrir paso por encima de estas voces; al igual que en el relato de Jacob, en el cual éste, pese a estar herido, se batió con el ángel del Señor en defensa de su obra y, al fin, salió victorioso. Ésta es la intención oculta en las palabras de Dsong Ds'i, discípulo de Confucio, cuando dice: «Yo me examino a mí mismo diariamente bajo tres aspectos distintos.»

7. Hemos llegado a la medianoche; estamos bajo el signo Kan, el abismo, del que se dice: «Los deja reposar de sus fatigas bajo el signo del abismo.» Aquí tanto el abismo como la luna tienen significados completamente distintos. Ha llegado la noche de la vida, en la que, por así decir, el día es desposeído de su cuerpo y, por lo que respecta a los hombres, la cosecha es arrojada al abismo de la subconsciencia. Esto puede ocurrir de distintas formas. Hay personas —y todos pertenecemos a su mismo grupo en una gran parte de nuestra vida psíquica— que trabajan, por así decir, en la superficie. Y lo que se ha conseguido trabajando en la superficie es acumulado en el tabernáculo de los sueños, donde no tarda en convertirse en sueño, tanto en su forma como en su proyección, y a la postre termina en los dominios del subconsciente. Pero el sabio supremo —dice la sabiduría china— no sueña. Esto quiere decir que el sabio no necesita de estas imágenes evasivas, a las que llamamos sueños, pues vive en un estado desde el cual puede hacer llegar directamente al interior todo lo vivido. Este interior es la línea del medio, que discurre por entre orillas de perfil abismal. Aquí, la vida vuelve a su punto central más íntimo. Y aquí aparece el sueño que disuelve la consciencia. Aquí está la noche en la que nadie puede influir. Aquí está sencillamente la receptibilidad, pero una receptibilidad que no permanece inmóvil, sino que toma sus impulsos de la vida alumbrada por el día. Y si hay en ella algo valioso, se puede seguir adelante.

8. Y ahora llega lo más singular de todo: el amanecer, las primeras horas de la mañana. Su signo es Gen, la montaña, el reposo, del que está escrito: «El reposo es el signo del nordeste, donde se consuma el principio y fin de todos los seres.» En China, el nordeste tiene un significado misterioso, ya que es justamente el punto de la muerte y de la vida. La enorme montaña situada en el nordeste de China, el Taischan, tiene en todas las ciudades un templo dedicado a ella, y en estos templos se hacían públicos los nacimientos y las defunciones ocurridos en cada localidad, pues la montaña constituía, por así decir, el lugar en que se conjugaban la vida y la muerte. Puede decirse que, en cierto modo, en el transcurso de un día, se apaga el día precedente y se prepara la llegada del nuevo. En tiempos de vida normal se puede observar cómo estas horas tempranas poseen una enorme fuerza regenerativa, o más exactamente: en estas primeras horas nos llegan corrientes vitales completamente nuevas, y si conseguimos captar estas corrientes vitales, tendremos una valiosa reserva de fuerzas para todo el día siguiente; por lo tanto, en nuestras manos está llevar una vida sana con ayuda de estas corrientes.
Sin pretenderlo hemos dado un paso adelante: hemos pasado del día, tal como se desarrolla en el espacio de veinticuatro horas, a la vida en su conjunto, vista como un día. Aquí podemos sorprender la esencia del pensamiento chino. La vida es entendida como un día que se va formando lentamente, que encuentra su campo de acción, que tiene que elaborar su propia razón de ser, que acumula sus frutos y, por último, desemboca en ese misterioso y quieto silencio en el que se conjugan pasado y futuro. El confucionismo no se define de forma categórica acerca de lo que ocurre —y cómo ocurre— cuando se ha alcanzado la montaña. La vida penetra en la montaña y sale de ella. ¿Es el mismo ser humano, que toma cuerpo de nuevo, o es un ser humano distinto que, por así decir, ha recogido, como gérmenes de una nueva vida, los frutos ya maduros? El confucionismo nada dice sobre el particular. El taoísmo ha recogido la concepción, perteneciente a la tradición budista, de la transmigración de las almas. En el budismo auténtico no cabe una metempsícosis o transmigración de almas tal como nosotros la entendemos, pues para él no hay sustancias, ni siquiera sustancias psíquicas, sino sólo estados. Pero si queremos hacernos una idea precisa, tenemos que partir de la base de que esta concepción gira en torno al problema de la mutación. Si el hombre se sume en el proceso de las mutaciones y consigue mantener, no obstante, su propio centro, puede muy bien erigir lo perecedero en eterno y crear una obra que, a través de la evolución y consiguiente involución, mantenga una tensión que traiga consigo, como consecuencia, que la obra no se extinga con la muerte, sino que inicie un nuevo ciclo vital gracias a dicho impulso. Y la misión del ser humano podría ser muy bien, en este sentido, llevar una vida que alcance esta tensión, concentrar todas las fuerzas de que disponemos en la vida de tal forma que, una vez limpias de todo lo exterior, surja una actualidad, una entelequia que, como mónada, adquiera una nueva forma y permita progresar hacia el objetivo.
Si antítesis y síntesis se completan mutuamente —la antítesis es necesaria para que el individuo se aprehenda y comprenda a sí mismo, y la síntesis (comunidad) es necesaria para que el individuo encuentre un campo de proyección—, si síntesis y antítesis se completan de forma que en ellas se ultima la obra que recoge el pasado y lo entrega al futuro, el devenir no es mera apariencia, el tiempo no es mero fluir, sino que se transforma en Kairas, en el tiempo preñado de sentido que, a la vista de la eternidad, se proyecta como momento en la realidad."


Cada mañana, cuando nos despertamos, creamos nuestro mundo. Cada mañana, cuando nos despertamos, tomamos los gérmenes de ese caos informe y decidimos cómo va a ser nuestro día... de la misma manera, llevado al ámbito más amplio de toda la vida, podemos decidir que vida queremos vivir, qué gérmenes activar, por decirlo de alguna manera, y que gérmenes ignorar. Claro, no todos pueden ser elegidos, ni siempre podemos decidir sobre todos los aspectos del mundo en el que nos toca vivir... pero aún así, todavía nos queda la opción de tomar decisiones sobre la forma en que ese "tiempo" sobre el que no podemos actuar, afectará nuestra vida. Es como el timonel de un velero que debe llevar su embarcación en un recorrido en el que el viento no está a su favor. Aún así, con la técnica apropiada, puede mover las velas de tal manera de aprovechar hasta ese viento que en principio parece hostil a sus intereses...


martes, 11 de marzo de 2014

Chin




El Progreso:

El fuerte príncipe es honrado con caballos en gran número.
En un solo día se lo recibe tres veces.



La luz emerge de la tierra. Prosperidad. De la oscuridad resulta la luz, trayendo prosperidad a todos. Puedes imaginar desde otra perspectiva una situación difícil.


viernes, 7 de marzo de 2014

Horóscopos





"No sé quién me dijo que los horóscopos lo hacían los amanuenses y el que los leía era el maestro."

Jorge Luis Borges - Diálogos con Sábato

Me parece un hallazgo esta frase, esta descripción.
El redactor es solo un amanuense, alguien que, incluso, podría ni siquiera saber sobre lo que escribe. Eso sería casi superfluo. Lo determinante es que, quien lee ese horóscopo es quien debe ser el maestro, quien debe saber que datos pueden ser extraídos de ese arbitrario conjunto de símbolos.

Esto me llevó a pensar en el I Ching y en La Escritura del Dios, del propio Borges...








"La cárcel es profunda y de piedra; su forma, la de un hemisferio casi perfecto, si bien el piso (que también es de piedra) es algo menor que un círculo máximo, hecho que agrava de algún modo los sentimientos de opresión y de vastedad. Un muro medianero la corta; éste, aunque altísimo, no toca la parte superior de la bóveda; de un lado estoy yo, Tzinacán, mago de la pirámide de Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió; del otro hay un jaguar, que mide con secretos pasos iguales el tiempo y el espacio del cautiverio. A ras del suelo, una larga ventana con barrotes corta el muro central. En la hora sin sombra se abre una trampa en lo alto, y un carcelero que han ido borrando los años maniobra una roldana de hierro, y nos baja en la punta de un cordel, cántaros con agua y trozos de carne. La luz entra en la bóveda; en ese instante puedo ver al jaguar. 

He perdido la cifra de los años que yazgo en la tiniebla; yo, que alguna vez era joven y podía caminar por esta prisión, no hago otra cosa que aguardar, en la postura de mi muerte, el fin que me destinan los dioses. Con el hondo cuchillo de pedernal he abierto el pecho de las víctimas, y ahora no podría, sin magia, levantarme del polvo. 

La víspera del incendio de la pirámide, los hombres que bajaron de altos caballos me castigaron con metales ardientes para que revelara el lugar de un tesoro escondido. Abatieron, delante de mis ojos, el ídolo del dios; pero éste no me abandonó y me mantuvo silencioso entre los tormentos. Me laceraron, me rompieron, me deformaron, y luego desperté en esta cárcel, que ya no dejaré en mi vida mortal. 

Urgido por la fatalidad de hacer algo, de poblar de algún modo el tiempo, quise recordar, en mi sombra, todo lo que sabía. Noches enteras malgasté en recordar el orden y el número de unas sierpes de piedra o la forma de un árbol medicinal. Así fui revelando los años, así fui entrando en posesión de lo que ya era mío. Una noche sentí que me acercaba a un recuerdo preciso; antes de ver el mar, el viajero siente una agitación en la sangre. Horas después empecé a avistar el recuerdo: era una de las tradiciones del dios. Éste, previendo que en el fin de los tiempos ocurrirían muchas desventuras y ruinas, escribió el primer día de la Creación una sentencia mágica, apta para conjurar esos males. La escribió de manera que llegara a las más apartadas generaciones y que no la tocara el azar. Nadie sabe en qué punto la escribió, ni con qué caracteres; pero nos consta que perdura, secreta, y que la leerá un elegido. Consideré que estábamos, como siempre, en el fin de los tiempos y que mi destino de último sacerdote del dios me daría acceso al privilegio de intuir esa escritura. El hecho de que me rodeara una cárcel no me vedaba esa esperanza; acaso yo había visto miles de veces la inscripción de Qaholom y sólo me faltaba entenderla. 

Esta reflexión me animó, y luego me infundió una especie de vértigo. En el ámbito de la tierra hay formas antiguas, formas incorruptibles y eternas; cualquiera de ellas podía ser el símbolo buscado. Una montaña podía ser la palabra del dios, o un río o el imperio o la configuración de los astros. Pero en el curso de los siglos las montañas se allanan y el camino de un río suele desviarse y los imperios conocen mutaciones y estragos y la figura de los astros varía. En el firmamento hay mudanza. La montaña y la estrella son individuos, y los individuos caducan. Busqué algo más tenaz, más invulnerable. Pensé en las generaciones de los cereales, de los pastos, de los pájaros, de los hombres. Quizá en mi cara estuviera escrita la magia, quizá yo mismo fuera el fin de mi busca. En ese afán estaba cuando recordé que el jaguar era uno de los atributos del dios. 

Entonces mi alma se llenó de piedad. Imaginé la primera mañana del tiempo, imaginé a mi dios confiando el mensaje a la piel viva de los jaguares, que se amarían y se engendrarían sin fin, en cavernas, en cañaverales, en islas, para que los últimos hombres lo recibieran. Imaginé esa red de tigres, ese caliente laberinto de tigres, dando horror a los prados y a los rebaños para conservar un dibujo. En la otra celda había un jaguar; en su vecindad percibí una confirmación de mi conjetura y un secreto favor. 

Dediqué largos años a aprender el orden y la configuración de las manchas. Cada ciega jornada me concedía un instante de luz, y así pude fijar en la mente las negras formas que tachaban el pelaje amarillo. Algunas incluían puntos; otras formaban rayas trasversales en la cara interior de las piernas; otras, anulares, se repetían. Acaso eran un mismo sonido o una misma palabra. Muchas tenían bordes rojos. 

No diré las fatigas de mi labor. Más de una vez grité a la bóveda que era imposible descifrar aquel texto. Gradualmente, el enigma concreto que me atareaba me inquietó menos que el enigma genérico de una sentencia escrita por un dios. ¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra, y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto puede comprender un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo. 

Un día o una noche -entre mis días y mis noches ¿qué diferencia cabe?- soñé que en el piso de la cárcel había un grano de arena. Volví a dormir; soñé que los granos de arena eran tres. Fueron, así, multiplicándose hasta colmar la cárcel, y yo moría bajo ese hemisferio de arena. Comprendí que estaba soñando: con un vasto esfuerzo me desperté. El despertar fue inútil: la innumerable arena me sofocaba. Alguien me dijo: "No has despertado a la vigilia, sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro, y así hasta lo infinito, que es el número de los granos de arena. El camino que habrás de desandar es interminable, y morirás antes de haber despertado realmente." 

Me sentí perdido. La arena me rompía la boca, pero grité: "Ni una arena soñada puede matarme, ni hay sueños que estén dentro de sueños." Un resplandor me despertó. En la tiniebla superior se cernía un círculo de luz. Vi la cara y las manos del carcelero, la roldana, el cordel, la carne y los cántaros. 

Un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circunstancias. Más que un descifrador o un vengador, más que un sacerdote del dios, yo era un encarcelado. Del incansablee laberinto de sueños yo regresé como a mi casa a la dura prisión. Bendije su humedad, bendije su tigre, bendije el agujero de luz, bendije mi viejo cuerpo doliente, bendije la tiniebla y la piedra. 

Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo (no sé si estas palabras difieren). El éxtasis no repite sus símbolos: hay quien ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa Rueda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde) infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era otra. Ahí estaban las causas y los efectos, y me bastaba ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin. ¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir! Vi el universo y vi los íntimos designios del universo. Vi los orígenes que narra el Libro del Común. Vi las montañas que surgieron del agua, vi los primeros hombres de palo, vi las tinajas que se volvieron contra los hombres, vi los perros que les destrozaron las caras. Vi el dios sin cara que hay detrás de los dioses. Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad, y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escritura del tigre. 

Es una fórmula de catorce palabras casuales (que parecen casuales), y me bastaría decirla en voz alta para ser todopoderoso. Me bastaría decirla para abolir esta cárcel de piedra, para que el día entrara en mi noche, para ser joven, para ser inmortal, para que el tigre destrozara a Alvarado, para sumir el santo cuchillo en pechos españoles, para reconstruir la pirámide, para reconstruir el imperio. Cuarenta sílabas, catorce palabras, y yo, Tzinacán, regiría las tierras que rigió Moctezuma. Pero yo sé que nunca diré esas palabras, porque ya no me acuerdo de Tzinacán. 

Que muera conmigo el misterio que está escrito en los tigres. Quien ha entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del universo, no puede pensar en un hombre, en sus triviales dichas o desventuras, aunque ese hombre sea él. Ese hombre ha sido él, y ahora no le importa. Qué le importa la suerte de aquel otro, qué le importa la nación de aquel otro, si él, ahora, es nadie. Por eso no pronuncio la fórmula, por eso dejo que me olviden los días, acostado en la oscuridad." 

También puede suceder que, quizás, esas sentencias de los horóscopos, solo sean eso, símbolos escritos por un amanuense que no sabe lo que escribe y son leídos por alguien que cree ser un maestro en la decodificación de símbolos... y que tales cosas no existan y solo sean conformaciones azarosas de símbolos sin sentido. 


martes, 4 de marzo de 2014

Elecciones




–Supongamos que vivimos en un sitio horrible: Ciudad Amenaza – propuso, tocando el cuadrado–  Cuanto más tiempo pasamos aquí, menos nos gusta. Hay violencia, destrucción, no nos gusta la gente, no nos gustan sus elecciones, no nos sentimos a gusto aquí. ¡Ciudad Amenaza no es nuestro hogar!
Trazó una línea ondulante que se alejaba del cuadrado, toda ángulos y retrocesos. Al final de esa línea dibujó un círculo.
–Así, un día preparamos nuestro equipaje y nos alejamos de allí, buscando la ciudad de la Paz. –Siguió con el dedo la difícil ruta que había trazado, marcando todos sus giros y desvíos.–Elegimos virajes a la izquierda y a la derecha, autopistas y atajos; seguimos el mapa de nuestras mejores esperanzas y al fin nos encontramos aquí, en este dulce rincón.
Paz era el círculo trazado en la arena; allí se detuvo el dedo de Pye. Mientras hablaba fue plantando ramitas verdes en la arena, como si fueran árboles.
–En Paz encontramos un hogar; a medida que vamos conociendo a la gente, descubrimos que comparten los mismos valores por los que nosotros vinimos. Cada uno ha hallado su propia ruta, ha seguido su propio mapa hasta este lugar, donde el pueblo ha elegido el amor, la alegría y la bondad, entre sí, para con la ciudad y para con la tierra. No necesitamos convencer a todos los que viven en Ciudad Amenaza de que se muden con nosotros a Paz; no necesitamos convencer a nadie más que a nosotros mismos. Paz ya existe y quienquiera lo desee puede mudarse allá cuando así lo decida.
Nos miró, casi tímida en su relato.
– El pueblo de Paz ha descubierto que el odio es el amor sin los datos necesarios. ¿A qué decir mentiras que nos separen y nos destruyan, si la verdad es que somos uno? El pueblo de Ciudad Amenaza es libre de escoger la destrucción, así como nosotros somos libres de escoger la paz. Con el tiempo, otros en Ciudad Amenaza pueden cansarse de la violencia; tal vez sigan su propio mapa hasta Paz y elijan, como nosotros, dejar la destrucción atrás. Si todos toman esa decisión, Ciudad Amenaza se convertirá en una población fantasma.
Trazó en la arena un número ocho, una suave ruta curva entre Paz y Ciudad Amenaza.
–Y un día, el pueblo de Paz recordará, curioso, y quizá visite las ruinas de Ciudad Amenaza; entonces descubrirá que, una vez desaparecidos los destructores, la realidad vuelve a ser visible: arroyos límpidos, en vez de venenos torrentosos; nuevos bosques que surgirán entre las rutas y las minas, pájaros cantando en el aire puro.
Pye plantó otras ramitas en la nueva ciudad.
–Y los habitantes de Paz arrancan el letrero que cuelga en los lindes, torcido, el letrero que dice "Ciudad Amenaza", y lo reemplazan por un cartel nuevo: "Bienvenidos a Amor". Algunos vuelven para retirar los escombros, reconstruyen con suavidad las calles perversas y prometen que la ciudad hará justicia a su nombre. Elecciones, queridos míos, ¿comprendéis? ¡Todo consiste en elecciones!
En ese momento, en ese extraño lugar, lo que ella decía tenía sentido.
–¿Qué podéis hacer? –preguntó –. En la mayor parte de los mundos, las cosas no cambian por medio de milagros súbitos. El cambio se produce con el girar de una hebra frágil y trémula entre país y país: los primeros Juegos Aéreos para aficionados en el mundo de Linda Albright; en el vuestro, los primeros bailarines, cantantes o películas soviéticas que se presentaron al público norteamericano. Lentamente, poco a poco, siempre eligiendo la vida.
–¿Y por qué no de la noche a la mañana?
–pregunté–. En ninguna parte está escrito que el cambio rápido sea imposible.
–Claro que el cambio rápido es posible, Richard –replicó ella–. El cambio se produce a cada segundo, lo percibas o no. Vuestro mundo, con su primera hebra de esperanza de un futuro en paz, es tan cierto como el mundo alternativo que terminó en 1963 o en el primer día de su última guerra. Cada uno de nosotros elige el destino de nuestro mundo. Las mentes deben cambiar antes que los acontecimientos...

Richard Bach - Uno


Si, ya se, el estilo es un poco ingenuo y, quizás, sea lo que coloca este tipo de lecturas bajo el ominoso letrero de "Autoayuda" en todas las librerías. Pero detrás de esa apariencia hay una verdad que te lleva puesto como un tren y que con un lenguaje "adulto" y "serio" merecería que se le prestara  algo de atención. O quizás no se le presta atención porque, justamente, no está entre las elecciones de los ciudadanos de Ciudad Amenaza.
"Las mentes deben cambiar antes que los acontecimientos", "Varios futuros posibles sucediendo en distintos planos al mismo tiempo, solo esperando nuestra elección"... todas ideas que me remiten al I Ching y una sabiduría que respeto... los gérmenes y el conocimiento de los cursos de acción posibles a partir de ellos y nuestra posibilidad de cambiar de realidad...


domingo, 2 de marzo de 2014

Palabras




Una publicación en una red social me enseñaba que en guaraní la palabra "Ñe´ë" significa palabra y también alma. Me encantó esto y recordé algo que había leído en una versión del I Ching de Ritsema Y Karcher, en la que habla sobre la adivinación y la importancia de las palabras para poder acceder al mundo espiritual tras las formas, a ese vacío tras las apariencias que intuimos y es tan difícil de aprehender.
Comparto ese texto que me parece alucinante:

...La idea de que palabras, cosas y hechos puedan convertirse en presagios que abran la comunicación con un mundo espiritual se basa en una visión esclarecida del modo en que funciona la psiquis: en cada síntoma, conflicto o problema experimentado hay un espíritu que trata de comunicarse con nosotros. cada encuentro con una tribulación es una apertura hacia ese espíritu, al que el Yo suele oponerse por su deseo de imponer su voluntad al mundo. La adivinación da expresión a lo que el Yo ha rechazado. Saca a relucir el complemento oculto o la sombra de la situación, a fin de vincularnos con los mitos y los espíritus que están tras ella... Es el espejo oscuro que brinda las respuestas veraces, el sitio donde el espíritu de un individuo puede hablar con todos los otros espíritus del mundo. Estos sistemas suelen ser patrocinados por un mago animal, cuyos símbolos misteriosos ofrecen una alternativa a las leyes y normativas públicas. Cierto tipo de procedimiento que utiliza el azar proporciona la brecha a través de la cual se expresa ese espíritu, eligiendo uno de los símbolos disponibles. De la interacción activa entre el símbolo, el consultante y el adivino, presidida por el espíritu, surge el diagnóstico final y el plan de acción. La interacción derriba los viejos cuentos que te estás repitiendo a fin de crear otros más efectivos. Ofrece un consejo sobre el modo de actuar en armonía con el "espíritu del momento".
Por ende, la adivinación no es una ideología ni una creencia, sino un modo creativo de entrar en contacto con el espíritu. Es la imaginación en el acto de percibir fuerzas e inventar maneras de tratar con ellas. esto implica una combinación de análisis e intuición, cosas que el pensamiento normal suele mantener separadas. Este proceso valora la imaginación y la creatividad. Cambia tu modo de tomar decisiones.
El propósito de la adivinación es abrir este espacio, donde la identidad se torna fluida y los espíritus participan en tu vida. Utilizar un sistema adivinatorio es una exploración del lado no consciente de una situación. Los símbolos evocados adecuan el equilibrio entre uno y las fuerzas desconocidas que actúan tras él.
La clave del contacto está en el lenguaje. Las palabras son, como dicen los chinos, "trampas para pescar" al espíritu o Tao.

Chuang Tse decía:

" Las cestas de pescar se emplean para pescar peces, pero una vez conseguido el pez, el hombre se olvida de las cestas. Las trampas se emplean para atrapar liebres, pero una vez conseguidas las liebres, los hombres se olvidan de las trampas. Las palabras se emplean para expresar las ideas, pero una vez transmitidas las ideas, los hombres olvidan las palabras"

Y ahí está la clave: las palabras son las trampas para pescar ese espíritu esquivo, para "fijar" eso intangible tras las formas pero, siempre hay un pero, una vez atrapado ese espíritu, debemos olvidar las palabras. ¿Que quiere decir esto? Que las palabras solo son mallas sin vida y pocas veces nos damos cuenta de que solemos olvidar que no pueden tomarse como un fin en si mismo. No puedo beber si pronuncio la palabra agua. No es lo mismo el menú del restaurante que comer. Las palabras no son lo que nombran y muchas veces olvidamos esto e identificamos ambas cosas.

Antoine de Saint-Exupéry decía:

“solo el espíritu, si sopla sobre la arcilla, puede crear al hombre.”


jueves, 27 de febrero de 2014

Anécdotas sobre Shao Yung


Estas anécdotas tienen más que ver con el blog del I Ching, pero tienen cierta belleza y un sentido que, de algún modo, encaja en este blog...
Fueron extraídas del libro: I Ching, El Entramado del Tiempo, de Ariel Miranda Viera



Durante un día de víspera de año nuevo, alrededor de las diez de la noche, Shao Yung y su hijo estaban en su casa cuando un vecino tocó a la puerta. Shao Yung no respondió de inmediato, así que el vecino volvió a golpear la puerta. Shao Yung contó los golpes - cinco en total. Su hijo y él hicieron el siguiente cálculo mental:
En la primera ocasión, el vecino tocó una vez. Uno es el trigrama Cielo.
Luego golpeó cinco veces y 5 es el trigrama Viento
De este modo obtuvieron el hexagrama 44, Venir al Encuentro.
Posteriormente sumaron 1+5+10 (por la hora) lo que da un total de 16 el cual dividieron entre seis (para hallar la línea marcada del hexagrama) El residuo fue 4. Al hacer la mutación obtuvieron el hexagrama 57 Sun.
“¿Qué quiere el vecino?” Preguntó rápidamente Shao Yung a su hijo. Éste se fijó en los trigramas nucleares (Cielo, cuyo elemento es el metal) y en el trigrama Sun (madera), que aparecía tres veces en los dos hexagramas.
“Un azadón”. Respondió el hijo.
“Te has equivocado.” Le dijo su padre. “A esta hora, lo que nuestro vecino necesita es un hacha”.
Cuando el hombre se marchó, llevándose el hacha que había venido a buscar, Shao Yung le explicó a su hijo que uno no debe dejarse arrastrar ciegamente por el significado de los signos sino aplicar también el sentido común. Ciertamente un objeto compuesto de metal y madera puede ser un azadón, pero teniendo en cuenta la hora y la época del año (invierno), no sería probable que el vecino fuese a trabajar al campo; el sentido común dictaba que el objeto seria un hacha para cortar leña y calentar la casa.



En cierta ocasión, Shao le dijo a su hijo Shao Po, que la provincia donde vivía (Hunan) pasaría por un período violento por lo cual debía mudarse a Szechuan. Su hijo aceptó el consejo y cambió su lugar de residencia. Transcurridos diez años los soldados Chin invadieron Hunan y hubo una gran matanza que pudo haber afectado a los descendientes de Shao Yung de no haber prestado atención a las predicciones.



Shao compró una lámpara de cristal y se le ocurrió calcular el ciclo de duración del objeto. Tras realizar las operaciones pertinentes, llegó a la conclusión que la lámpara se rompería un día determinado al mediodía. Al llegar la fecha indicada, Shao colocó la lámpara sobre una mesa y se sentó a contemplarla esperando que se rompiera de un momento a otro. Era la hora del almuerzo y su esposa lo había estado llamando persistentemente para que acudiera a la mesa, pero él estaba tan absorto en sus pensamientos que no se percató. La esposa salió en su busca y lo encontró con la mirada fija en la lámpara, insensible a todo lo que ocurría a su alrededor. Enfadada ante aquella actitud que le pareció absurda, golpeó la lámpara y la hizo pedazos. Shao dejó escapar una carcajada. El objeto había encontrado su fin en el momento predicho.



En la última etapa de su vida, Shao llamó a su hijo mayor para explicarle cómo quería que fuesen sus funerales. Le dijo que no pusiera ningún objeto de valor dentro de su ataúd y, lo más extraño de todo, que invitara a una de sus vecinas, una niña pequeña, para que presenciara todo el ritual funerario desde el principio hasta el fin. Insistió en que la niña no debía perder detalle del proceso. Tras su deceso, el hijo siguió estrictamente las instrucciones del padre.
Con el tiempo, la niña, ya mujer, se casó y sus hijos se convirtieron en ladrones y saqueadores de
tumbas.
En cierta ocasión escuchó a sus hijos comentar que sería una idea tentadora abrir la tumba de Shao Yung, pues según su lógica, debía estar llena de objetos valiosos. Ella, conocedora de los detalles, intervino en la conversación. “Dejadlo descansar en paz. Yo fui testigo del funeral y sé que el ataúd sólo contiene el cuerpo de Shao envuelto en un simple sudario”
Tras la muerte de Shao, el emperador le encargó a Oh Yang Feil que escribiera la biografía del sabio para que figurara en los anales de la dinastía. Fue entonces que Oh comprendió el por qué de las detalladas descripciones que Shao le había hecho y también el motivo de la insistencia en que recordara.



miércoles, 26 de febrero de 2014

Una historia de adivinación

Por Lafcadio Hearn



Una vez conocí a un adivino que verdaderamente creía en la ciencia que profesaba. Había aprendido, como estudiante de filosofía china antigua, a creer en la adivinación mucho antes de pensar en practicarla. Durante su juventud sirvió a un rico daimyo, pero después, como miles de otros samurai, se vio reducido a vagabundo desesperado debido a los cambios sociales y políticos de la era Meiji. Fue entonces que se convirtió en adivino -un uranaiya itinerante-, viajando a pie de pueblo en pueblo, regresando a casa raramente más de una vez al año, con las ganancias de sus viajes. Como adivino tenía un éxito tolerable, pienso, principalmente, debido a su perfecta sinceridad y sus modales peculiarmente gentiles que invitaban a la confianza. Su sistema era de la vieja academia clásica: usaba el libro conocido como I Ching junto a un juego de bloques de ébano que podían ordenarse para formar cualquiera de los hexagramas del libro. Siempre comenzaba sus adivinaciones con una muy honesta plegaria a los dioses.

El sistema, sostenía, era infalible en manos de un maestro. Confesaba haber hecho algunas predicciones erradas, pero decía que estos errores se debían completamente a su mala comprensión de algunos textos o diagramas. Para hacerle justicia debo mencionar que en mi propio caso (me leyó la suerte cuatro veces), sus predicciones se cumplieron de manera tan acertada que llegué a temerlas. Pueden no creer en la adivinación, denigrarla intelectualmente, pero alguna tendencia de superstición heredada ronda dentro de la mayoría de nosotros y algunas experiencias extrañas pueden apelar fuertemente a esta herencia de manera de inducir la más irracional de las esperanzas o miedos ante la buena o mala suerte prometida por algún adivino. Ver realmente nuestro futuro sería miserable. ¡Imagine el resultados de saber que dentro de los próximos dos meses tendrá lugar una desgracia terrible que no puede prevenirse!

El adivino era anciano cuando lo conocí en Izumo, ciertamente mayor de sesenta años, pero de apariencia mucho menor. Después nos encontramos en Osaka, en Kyoto y en Kobe. Varias veces intenté convencerlo de que pasara los meses de invierno bajo mi techo, pues poseía un extraordinario conocimiento de la tradición que hubiera sido de valor inestimable para mi trabajo literario. Parcialmente debido a que el hábito de vagabundear se había convertido en su segunda naturaleza y en parte debido a un amor por la independencia tan salvaje como el de un gitano, nunca fui capaz de que pasara más de dos días conmigo.

Cada año solía venir a Tokyo, generalmente hacia fines de otoño. Entonces, por varias semanas, recorría la ciudad, distrito por distrito, luego volvía a desaparecer. Durante estos viajes fugaces nunca dejó de visitarme trayendo noticias de la gente y lugares de Izumo, o un raro presente -generalmente de tipo religioso- desde algún famoso lugar de peregrinaje. En estas ocasiones conversábamos varias horas. Algunas veces la conversación era sobre las cosas extrañas que había visto u oído en sus viajes, otras veces hablaba de viejas leyendas o creencias, a veces sobre la adivinación. La última vez que nos encontramos me contó de una ciencia exacta de adivinación china que lamentaba nunca haber podido aprender.

“Cualquiera versado en esa ciencia”, dijo “sería capaz, por ejemplo, no sólo de decir el momento exacto en que cualquier pilar o viga de esta casa se fatigará hasta romperse, además podría decir la dirección en que se romperá y los resultados de su caída. Puedo explicar mejor esto contando una historia”.

“La historia es acerca del famoso adivino chino que en Japón llamamos Shoko Setsu, está escrita en el libro Baikwa-Shin-Eki, que es un clásico de la adivinación: Cuando todavía era un joven, Shoko Setsu obtuvo un alto puesto debido a su virtud y erudición, pero renunció a este retirándose en soledad para intentar tener todo su tiempo dedicado al estudio. Por años vivió solitario en una choza en las montañas, estudiando, sin fogata en invierno, sin abanico en verano; escribiendo sus pensamientos en los muros de la cabaña -pues no tenía papel-, usando un ladrillo por almohada. Un día, en el período de mayor calor del verano, se encontró sobrecogido por un mareo. Decidió recostarse a descansar, con su ladrillo bajo la nuca. Apenas empezaba a conciliar el sueño una rata cruzó corriendo encima de su cara, por lo que despertó sorprendido. Sintiéndose muy enojado tomó el ladrillo y lo arrojó a la rata, pero la rata lo esquivó, escapando intacta, mientras que el ladrillo se rompió. Shoko Setsu miró apenado los fragmentos de su almohada, reprochándose su irreflexiva acción. Entonces, de súbito, percibió en la arcilla ahora expuesta de los trozos de ladrillo, unos caracteres chinos escritos entre la parte superior e inferior. Pensando que esto era muy extraño, recogió las piezas y las examinó cuidadosamente. Encontró siete caracteres a lo largo de la línea de fractura, que habían sido escritos en la arcilla antes de coser el ladrillo. Estos caracteres decían: ‘En el año de la liebre de tierra, en el cuarto mes, en el día diecisiete, a la hora de la Serpiente, este ladrillo, después de servir como almohada, será lanzado contra una rata y se romperá’. La predicción se había cumplido a la hora de la Serpiente el día diecisiete del cuarto mes del año de la liebre de tierra. Fuertemente sorprendido, Shoko Setsu miró otra vez los fragmentos descubriendo el nombre y sello de quien los escribiera. Inmediatamente abandonó su choza, llevando consigo el trozo de ladrillo. Se apresuró hacia el pueblo vecino en busca del hacedor de ladrillos. Encontrándolo en el curso de su trabajo diario, le mostró el trozo de ladrillo y le preguntó por la historia de este. Después de examinar cuidadosamente las marcas, el artesano le dijo: ‘Este ladrillo fue hecho en mi casa, pero los caracteres fueron escritos por un viejo adivino que pidió permiso para escribir en el poco antes que lo cociera, -¿Sabes dónde vive?-, preguntó Shoko Setsu; -Solía vivir no muy lejos de aquí, te puedo mostrar el camino a su casa, pero no sé su nombre’. Una vez en casa del adivino, Shoko Setsu llamó a la entrada y pidió permiso para conocer al anciano. Un estudiante que trabajaba como sirviente, le invitó gentilmente a entrar, guiándolo hasta una habitación donde había varios jóvenes estudiando. Cuando Shoko Setsu se sentó, todos lo saludaron, luego el estudiante que le había recibido hizo una reverencia y dijo: ‘Tenemos la pena de informarle que nuestro maestro ha muerto hace pocos días. Pero le estábamos esperando, pues él predijo que usted vendría este día, a esta misma hora. Usted se llama Shoko Setsu. Nuestro maestro nos dijo que le entregáramos un libro que le será útil. Aquí está el libro, por favor acéptelo’. Shoko Setsu no estaba menos sorprendido que agradado, pues el libro era un manuscrito del tipo más raro y precioso; contenía todos los secretos de la ciencia de la adivinación. Después de agradecer al joven y expresar adecuadamente su pésame por la muerte del maestro, regresó a su choza, donde inmediatamente procedió a evaluar el libro, consultándolo en relación a su propia fortuna. El libro sugirió que en el lado sur del terreno en que habitaba, en un punto especial cerca de una esquina de la choza, le esperaba una gran fortuna. Cavó en el lugar indicado encontrando un jarrón que contenía suficiente oro como para hacer de él un hombre muy rico”.

Mi viejo conocido abandonó este mundo tan solitario como había vivido. Un invierno, mientras cruzaba un área montañosa, fue sorprendido por una tormenta extraviándose. Muchos días después, le encontraron de pie al costado de un pino, con su pequeño atado de cosas al hombro: una estatua de hielo con los brazos cruzados y los ojos cerrados como si meditara. Probablemente, esperando el paso de la tormenta, sucumbió al frío y murió mientras dormía. Al escuchar su extraña muerte recordé el viejo proverbio japonés: “Uranaiya minouye shiradzu”, “El adivino no conoce su propio destino”.

en In Ghostly Japan, 1899
Traducción: Raimundo Melun



Hace unos días me compré un libro de proverbios budistas de este autor, buscando una historia que alguna vez leí y me encantó. Lamentablemente no estaba allí y, buscando en la web esa historia encontré esta otra que comparto...

http://goediciones.blogspot.com.ar/2011/06/una-historia-de-adivinacion-por.html










viernes, 22 de noviembre de 2013

Realidades




"Cuando, después de la revolución china (se refiere Richard Wilhelm, por supuesto, a la revolución de Sun Yat Sen, de 1911), Tsingtao se convirtió en residencia de buen número de los más renombrados eruditos chinos de la antigua escuela, encontré entre ellos a mi venerado maestro Lao Nai Süan, a quien no solo debo una introducción más profunda a las obras de Mencio (Mong Tse), a la Formación Cultural Superior y a mesura y Medio, sino el que también me abriera por primera vez el acceso a las maravillas del Libro de las Mutaciones. Como hechizado atravesé bajo su experta conducción ese mundo extraño y sin embargo tan familiar. Surgía la traducción luego de detenidas discusiones del texto. Del alemán se retraducía al chino, y tan solo una vez lograda una presentación del sentido del texto cabal y exenta de inexactitudes, la traducción se tenía por válida como tal. En medio de estas tareas irrumpió el horror de la Guerra Mundial. Los eruditos chinos fueron dispersados hacia los diversos rumbos de la rosa de los vientos, y también el señor Lao viajó a Küfu, patria de Kung Tse (Confucio), con cuya familia estaba emparentado. Entonces la traducción del Libro de las Mutaciones quedó detenida, aún cuando, junto a mi desempeño en tareas de la Cruz Roja china que yo dirigía durante el asedio de Tsingtao, mi dedicación a la antigua sabiduría china no cesó ni por un solo día. Extraña coincidencia: allá afuera, en el campamento, el general japonés Kamio leía en sus ratos de recreo las obras de Mencio, y yo, alemán, usaba mis horas libres para sumergirme en las profundidades de la sabiduría china. Pero el más feliz de todos era un viejo chino tan absorbido en sus libros sagrados que ni siquiera una granada que cayó junto a él pudo turbar su calma. Extendió la mano para recogerla -se trataba de una granada fallida- pero la retiró diciendo que estaba muy caliente y  volvió a reclinarse sobre sus libros..."

Richard Wilhelm - Prefacio al Libro de las Mutaciones (I Ching)


jueves, 10 de octubre de 2013

El Andariego




Mi corazón al desnudo...

Me quedé enganchado con el signo Lü / El Andariego (hexagrama 56). Una imagen muy linda de la que voy a apropiarme, me gusta, la siento afín.
En el interior Ken, la montaña (la idea, el símbolo, lo más propio), quieta, inamovible, siempre ahí, pese a las vicisitudes de la vida externa que, muchas veces, te zarandean de lo lindo y te hacen perder el foco...
En el exterior Li, el fuego, pero resaltando lo adherente de la llama, su carácter dependiente, lo que se adhiere a aquello que es el combustible y su dependencia del oxígeno. La llama (la realidad, el mundo exterior) es impermanente, fugaz, dependiente...

El Andariego. Éxito por lo pequeño.
Al Andariego la perseverancia le trae ventura.

Un dictamen claro. Dice Wilhelm: Como viajero y extranjero uno no debe mostrarse brusco ni pretender subir demasiado alto. No dispone uno de un gran círculo de relaciones; no hay, pues, motivos para jactarse. Es necesario ser precavido y reservado... El Andariego no tiene morada fija, la carretera es su hogar.
Es un poco "vivir en este mundo sin ser de este mundo", algo que me gusta, que siento mío, aunque haya veces en que las imágenes de este mundo me atrapen irremediablemente con su belleza y su calor, con su promesa de un poco más de magia, con su promesa de hacerme sentir parte, en fin...
El Andariego da en el clavo, definiendo la situación y mostrándome el camino a seguir para que las llamas no me consuman...

No es conveniente para el andariego involucrarse más de la cuenta. No es propicio tender puentes muy sólidos a esa realidad tan cambiante, tan fugaz. No es bueno abrir las puertas de par en par y arriesgarse demasiado. Vuelvo sobre el tema de la sensibilidad para percibir lo exterior, Li, lo adherente y creo que es decisivo

A ver, tengo claro, o creo tenerlo, que todo es una puesta en escena, un "teatro mágico" pero, siempre hay un pero, hay escenas que nos gustan más que otras... que nos implican de una forma que nos hacen olvidar de todo lo que sabemos, de ese frío y calculado conocimiento. Lo sabemos, no debemos creer en la supuesta realidad de eso que nos toca vivir, pero nos queremos perder en esa escena y disfrutarla... porque la serenidad que da la sabiduría es muy linda (y acá estoy suponiendo) pero estamos en el mundo para actuar y, además, en mi caso, me gusta la magia y creerme la puesta en escena... me hace sentir vivo.


martes, 3 de marzo de 2009

Una mañana apacible




No es una mañana común... decidí quedarme en casa a disfrutar de un merecido descanso luego de una jornada, la de ayer, con muchas actividades.
Temprano, de madrugada, estuve leyendo el I Ching, después estuve revisando correos y ahora estoy sentado frente a la ventana del estar disfrutando de la maravillosa vista desde un piso nueve mientras cae una lluvia serena.
Siempre me gustó disfrutar del tiempo libre, disparo de la vida laboral como de la peste. Prefiero leer, jugar y hasta sentarme a no hacer nada, a entregar mi vida a la consecución de dinero, éxito laboral y el social asociado a ambos.
Abajo, entre la lluvia, veo correr diligentes a los ciudadanos "normales" en busca no solo de su sustento diario, sino también dando respuesta a lo que la sociedad ha establecido como correcto para todos nosotros.
Hace ya muchos años, más de veinte, aprendí a descreer de estos espejismos y, de la mano de los escritos de Hermann Hesse y de los maestros taoístas Lao Tse y Chuang Tse, me entregué a la búsqueda de mi mismo.
Claro, no todo es tan fácil como parece, algunas veces el camino es claro y todo discurre muy fácilmente, pero otras, el camino se hace tortuoso, imbricado, muchas veces es solo un sendero invisible y, en esos días, se pone a prueba mi elección y necesito recurrir a los viejos maestros espirituales para lograr mantenerme en la ruta.
Mi elección de vida me ha alejado de la vida cotidiana... aunque vivo en el mundo aquí y ahora, y hago lo necesario, es un poco como vivir en este mundo pero sin ser de este mundo.
No tengo amigos con los que compartir mis intereses, mis dudas, mis angustias... pero a cambio, encuentro en mis libros y en los autores que me gustan, esa comunión de espíritu que necesito cuando flaquean mis fuerzas.
Hoy, como decía, es un día especial, de esos en los que me siento pleno y feliz y puedo disfrutar del ocio y comunicarme, a través de los libros, con lo que más aprecio... Hoy es uno de esos días en los que las sombras de la vida cotidiana no se atreven a acercarse...


Como estrellas

  "La mayoría de los seres humanos son como hojas que caen de los árboles: vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se pre...