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viernes, 25 de abril de 2025

Vínculo roto



Cuando un vínculo se rompe... no solo perdés a alguien.

Perdés todo lo que construiste alrededor de ese alguien.

No es solo la persona.

Es el "nosotros".

Es la historia.

Es la versión de vos que vivía en ese vínculo.

Perdés la rutina.

Los mensajes diarios.

Las palabras que solo entendían ustedes.

Los planes. Las claves compartidas. Los "después".

Perdés el espejo.

La identidad que tejiste desde ese lugar.

La forma en que te nombrabas cuando eras "de alguien".

Y aunque la decisión haya sido correcta, el cuerpo siente el vacío.

Porque el vínculo también es estructura.

Y ahora esa estructura no está.

Desde la neurociencia:

El apego no solo crea conexión emocional.

Crea patrones de seguridad, identidad y pertenencia.

Cuando el vínculo se corta, el sistema entra en duelo... aunque la mente diga "ya fue"

Desde el budismo:

toda relación es impermanente.

Pero el sufrimiento surge cuando no queremos soltar la historia que construimos con tanto deseo.

No estás exagerando.

Estás llorando más que una persona.

Estás despidiéndote de todo lo que fuiste para poder volver a ser desde otro lugar.

Si sentís que perdiste más que una relación, es porque ese vínculo era, además, un millar de pequeñas conexiones.


Leído en el perfil de Instagram de Lucas Casanova

https://www.instagram.com/lucas.casanova.yoga/#



lunes, 29 de abril de 2019

Eso es todo lo que hay




Japón entero está salpicado de templos sobre las faldas de las colinas y las montañas a las que se llega subiendo escaleras de piedra que ascienden a través de bosques de coníferas cuya monotonía solo se ve aliviada por la ligera frivolidad de los arces y los helechos. A estas escaleras, flanqueadas por lámparas de piedra e imágenes de bodhisattvas, suele llegarse franqueando macizas puertas de madera techadas al estilo chino y fastuosamente decoradas con dragones, nubes y aves talladas. Dos o tres rellanos más arriba suele encontrarse otra puerta detrás de la cual se halla el patio del templo principal con un amplio tejado acabado en cuernos, cubierto de azulejos grisáceos y sostenido por fuertes columnas de madera; todo el edificio es largo y bajo, y los aleros se hallan tan alejados de los muros que el tejado parece flotar. Dentro, más allá de un suelo cubierto de esterillas, se encuentra un altar de laca dorada y negra, decorado con candelabros, réplicas doradas de flores de loto en floreros y cuencos de bronce para las ofrendas. En el centro, frente a la imagen del Buda, una naranja reposa sobre una bandeja y junto a ella hay un caldero lleno de arena sobre el que se ha colocado polvo de incienso formando una compleja letra sánscrita que, mientras va quemándose lentamente, pasa del marrón al negro. El Buda, "el viejo rostro dorado", mira hacia abajo desde su aura peciolada, no exactamente con una sonrisa ni con indiferencia sino con una serenidad completamente inconsciente de sí. Y, a pesar de que estos rasgos se repiten una y otra vez y son famosos en todo el mundo gracias a la colosal estatua de Kamakura, nunca me canso de contemplarlos.
Detrás del templo se halla otra escalera que todavía asciende más arriba, perdiéndose en el bosque, sugiriendo que nadie ha llegado todavía al fondo del misterio. Subiendo por esa escalera uno no llega a una puerta china sino a un torii (arco shinto) que originalmente servía de percha para los pájaros sagrados y da acceso a un altar de madera virgen cubierto por un techo de paja, en cuyo interior se encuentra un espejo, un disco de bronce bruñido sobre un soporte lacado. Pero eso no es todo porque, en la parte trasera, la escalera prosigue, más estrecha y menos impresionante, ascendiendo serpenteante entre los árboles hasta llegar a un claro llano con hileras de piedras y postes de madera inscritos con caracteres chinos. Obviamente, parece como si terminara ahí, en el cementerio... pero cuando uno está a punto de llegar a la tediosa y deprimente conclusión de que "los caminos de la gloria solo conducen a la tumba", descubre otra escalera tosca y poco frecuentada que sigue su camino ascendente hasta llegar a un lugar en el que el camino parece nivelarse y termina desapareciendo. Dicho en forma de aiku:

Eso es todo lo que hay;
el camino llega al final
entre el perejil


Alan Watts - Memorias



miércoles, 13 de febrero de 2019

La mínima expresión




Un joven, extraviado en sus ideas metafísicas, que le ocupaban prácticamente todo su tiempo, consideraba que todo menos el filosofar era insignificante.

El joven creía que toda actividad mundana no tenía sentido por sí misma, y que sólo eran válidas y útiles las reflexiones filosóficas. Se había vuelto muy arrogante, a pesar de que su maestro intentaba acercarlo al camino de la meditación y la simpleza.

Un día, el maestro preocupado por la actitud de su alumno le dijo al discípulo:

-Tu vida no es realmente vida, porque no sabes ver.

-¿Por qué me das esas lecciones? -preguntó el discípulo, disgustado.

El maestro no respondió. Lo llevó a dar un paseo y, al ver una gota de rocío sobre una hoja le dijo:

-Acércate a esa hoja. Observa bien la gota de rocío y dime qué ves.

-Se refleja el sol en ella -dijo el joven luego de una atenta observación en apariencia perfectamente meditada.

-¿Lo ves? Hasta en la gota de rocío más pequeña se refleja algo tan grande y maravilloso como el sol.

Cuento Tibetano


domingo, 16 de diciembre de 2018

Atman




El discípulo fue a visitar a su Maestro para preguntarle qué era el Atman? El Maestro le respondió:
-Es todo.

El discípulo insistió:
-¿Es entonces el elefante del Maharajá?

-Sí -dijo el Maestro-; el Atman eres tú, pero también lo es el elefante del Maharajá.

El discípulo partió muy contento. En su camino se encontró con el elefante del Maharajá. No se apartó de su ruta, pensando: 'Si yo soy el Atman y el elefante también lo es, me reconocerá'. Aun cuando el conductor del elefante le gritó para que se apartase, él no lo hizo y el elefante le dio un golpe con su trompa arrojándole a varios metros de distancia. 
Todo magullado fue a presentarse al día siguiente a su Maestro para decirle:
-Tu me afirmaste que elefante y yo éramos el Atman, y mira lo que me ha hecho.

El Maestro, sin perder la calma, le preguntó:
-¿Y qué te dijo el conductor del elefante?

-Que me hiciera a un lado -respondió el discípulo.

-Debiste hacer eso -dijo el Maestro-, pues el guía del elefante también es el Atman...



martes, 9 de octubre de 2018

Una Nota Sobre el Budismo Zen




El budismo-zen se “inicia” con esa ficción monumental, en sentido nietzscheano, del encuentro del Bodhidharma con el Emperador de Wu. Se trata de tres actos: en el primero el emperador hace gala de sus obras piadosas, Bodhidharma simplemente dice “ningún mérito”; en el segundo el emperador sorprendido lo interroga a Bodhidharma sobre su comprensión de lo sagrado, éste le responde “Vasto vacío; nada sagrado”; el emperador, que debe haber sido un buen budista, fue abrumado por semejante respuesta y sólo atinó a lanzar su última y vacilante pregunta, “¿Quién eres?”, Bodhidharma respondió no sé. No se trata de que no existan buenas obras, de que no exista nada cerrado, ni de que Bodhidharma no supiera quién era. Se trata de lo absoluto: en lo absoluto no existen cosas buenas o malas, ni sagradas ni profanas, ni Bodhidharma ni no-Bodhidharma. Y en ese punto hay un corte neto con Sócrates, el pensador que en gran medida funda la historia filosófica de Occidente; mientras Sócrates hace de su no-saber un método que le permite fundar un saber (sé que no sé y ése es mi saber), Bodhidharma corta todo discurso, toda dialéctica, y dice ese no sé que abre otro modo del espíritu. Sócrates se abroquela en el hombre, habla como hombre-de-la-razón; Bodhidharma deja caer al hombre y deja hablar al absoluto, sin hablar. Ese es el abismo de la diferencia del budismo con la filosofía y con la religión. El budismo se retira y así “avanzan las diez mil cosas”; la filosofía y la religión avanzan sobre las “diez mil cosas”. La filosofía se enreda en el discurso racional que en realidad no puede hablar de lo que verdaderamente interesa (como diría Wittgenstein); la filosofía, las religiones, institucionalizan humanamente, siempre desde el poder, lo indecible: tanto una como otra buscan dominar el absoluto mediante la puesta en acto de una hipóstasis idolátrica. El budismo abandona al hombre, abandona a Buda (dice: si ves al Buda, mata al Buda... 
...Para la filosofía pensar implica esencialmente alguien que piensa y algo pensado; el pensamiento viene a ser un puente entre un sujeto y un objeto que están separados por un abismo insuperable. Cuando se produce la abrupta apertura (llamada iluminación) lo que cae es el sujeto sustancial y el objeto sustancial, y lo que queda es el puente, un puente sin apoyaturas... 

Recorte arbitrario (o quizás no tan arbitrario) de una nota excelente. 


Oscar del Barco (Ensayo) 
La nota completa en este vínculo: http://www.espaciomurena.com/2801/

sábado, 22 de septiembre de 2018

Truco




Permanecer con el corazón roto, con el estómago revuelto, con el sentimiento de estar desvalido y queriendo venganza, ésa es la senda del verdadero despertar. Adherirse a esa incertidumbre, pillarle el truco a relajarse en medio del caos, aprender a no tener pánico: ésta es la senda espiritual...

Pema Chödron - Palabras Sabias para Momentos Difíciles


Desgraciados




El camino espiritual no consiste en tratar de llegar al cielo y finalmente acceder a un lugar magnífico. De hecho, esta manera de mirar las cosas es lo que nos hace ser desgraciados. Pensar que podemos encontrar placeres duraderos y evitar el dolor es lo que en budismo se llama samsara, un ciclo sin salida que da vueltas y vueltas interminablemente y nos causa un gran sufrimiento.

Pema Chödron - Palabras Sabias para Momentos Difíciles

sábado, 15 de septiembre de 2018

Judo, El Camino Amable




La filosofía de la fortaleza de la debilidad que pasó, con el budismo zen, desde China hasta Japón ha inspirado las fascinantes formas de autodefensa conocidas con los nombres de judo y aikido. La palabra judo está compuesta de ju, que significa "amable", y do (la versión japonesa de la palabra china Tao), que significa "camino". En este sentido, pues, el judo es el "camino amable", es decir, la filosofía del Tao aplicada al ámbito de la autodefensa. Los principios sobre los que se asienta el judo se deriban de la filosofía taoísta. Uno de los aspectos más importantes en este sentido es un respeto exquisito por el equilibrio de la naturaleza, que se cuida mucho de no pertubar. En lugar de ello, se apresta a descubrir lo que ocurre y busca a continuación el modo más adecuado de adaptarse.
Difícilmente incurrirá el taoísmo, dicho en otras palabras, en errores tan garrafales como la aniquilación completa de un insecto o el transplante de conejos a un país como Australia sin haber advertido previamente que carecían de enemigo natural. La experiencia ha demostrado las desastrosas consecuencias de decisiones tan poco respetuosas con el equilibrio de la naturaleza. Por ello una de las primeras cosas que se ve obligado a aprender  el aprendiz de judo o de aikido es la filosofía del equilibrio, en la que, como ya hemos dicho, se asienta el Tao.
Este principio se pone claramente de relieve cuando tratamos de levantar algo muy pesado. Estaríamos locos si, ignorando las leyes del equilibrio, tratásemos de levantarlo desde arriba. Convendrá, si queremos levantar algo, cogerlo desde más abajo de su centro de gravedad. En este principio básico se asienta el judo. Su visión del equilibrio nos enseña a caminar sin perder jamás el centro. Nuestras piernas conforman, en ese sentido, la base de un triángulo en cuyo vértice está nuestro cuerpo, de modo que, cuando nos desplazamos, debemos tratar de mantener siempre, si no queremos perder el equilibrio, los pies aproximadamente bajo los hombros. Y esta no solo es una práctica excelente para el judo, sino también para toda nuestra vida cotidiana.
El segundo principio, más allá de la comprensión y el mantenimiento del equilibrio, consiste en no oponernos a la fuerza. No debemos, pues, cuando alguien nos ataca, enfrentarnos directamente a él. En lugar de ello convendrá, basándonos en el mencionado principio del equilibrio, servirnos de la fuerza misma de nuestro oponente (como hace el torero con el toro) para provocar su caída.
La idea del judo, en este sentido, no consiste tanto en defendernos de los ataques que recibamos y devolver un golpe con otro, sino en aprovecharnos, por el contrario, de la fuerza de nuestro oponente. De este modo, cuando llega el adversario, nuestra receptividad se sirve de su mismo impulso para hacerle perder el equilibrio y, haciéndole caer en su propia trampa, provocar su caída.
La misma delicadeza se pone de manifiesto cuando observamos el modo en que un gato sube a un árbol. Y, cuando baja, se deja caer, completamente relajado, hasta posarse con suavidad en el suelo. Pero si, al bajar del árbol, el gato se tensara, acabaría en el suelo como un saco de huesos rotos.
Todos, según el Tao, estamos cayendo, en todos los momentos de nuestra vida, de un árbol. Es como si en el momento del nacimiento, nos hubiesen arrojado desde lo alto de un precipicio y estuviésemos siempre cayendo, sin que nada pudiera detener nuestra caída. Convendrá pues que, en lugar de vivir en un estado de crispación crónica y de querer aferrarnos a cualquier cosa, dado que el mundo es impermanente y está también cayendo con nosotros, aprendamos a no ofrecer resistencia y comportarnos como gatos.

Alan Watts - Qué es el Tao


viernes, 17 de agosto de 2018

Un Camino




Sólo en la medida en que nos exponemos a la aniquilación una y otra vez podemos hallar en nosotros aquello que es indestructible.

Leído en: Cuando Todo se Derrumba, de Pema Chödron


domingo, 6 de agosto de 2017

Limpieza




7 CONSEJOS DE UN MONJE BUDISTA PARA HACER LIMPIEZA EN TU HOGAR

El monje Tulku Thondup ha trabajado durante toda su vida en la traducción e interpretación de antiguos textos del budismo tibetano y ha publicado una docena de libros sobre enseñanzas budistas. Después de haber vivido en el , la India y Estados Unidos y de haber participado en la vida pública y académica, en la actualidad se encuentra recluido en un monasterio desde donde mantiene un sitio web. Según narra, limpiar el monasterio es una de las tareas espirituales más importantes:
Si supiéramos la virtud, el mérito y el propósito de limpiar, seríamos capaces de apreciar la tarea como un privilegio en vez de una carga. No nos parecerá más un trabajo sucio, sino una oportunidad de practicar la meditación de una forma única. Podría convertirse incluso, en una fuente increíble de beneficios, y una forma de crecer en fuerza espiritual, mental y emocional.
Limpiar el lugar que habitamos de una manera consciente puede transformar nuestra vida pues nos permite despejar la mente, fortalecer la concentración, meditar en movimiento y crecer espiritualmente. Aquí hay una lista de consejos de Thondup para limpiar nuestro hogar:

1. “Quienes no cuidan los objetos, tampoco cuidan de las personas”. No debemos olvidar que cada objeto fue creado con el trabajo de alguien y ser cuidadoso a la hora de limpiarlo muestra respeto y gratitud por ese trabajo.

2. Debemos ser agradecidos con las cosas que alguna vez nos sirvieron. Debemos reciclar lo que ya no necesitamos para que nosotros, o alguien más, podamos seguir usándolo.

3. “Si empezamos en silencio, rodeados por la calma, cuando la vegetación y las personas de alrededor aún duermen, nuestro corazón se sentirá en paz, y nuestra mente, despejada”. Es por eso que debemos comenzar a limpiar a primera hora del día. Antes de dormir, debemos ordenar un poco para poder empezar la limpieza al día siguiente.

4. Debemos abrir las ventanas y dejar que circule el aire por toda la casa antes de comenzar a limpiar. El aire puro hará que tengamos más ganas de limpiar y además nos permitirá “entrar en contacto con la fragilidad humana, la naturaleza y la fuerza de la vida”.

5. No dejes platos sucios ni residuos de comida durante la noche. Los platos se lavan al finalizar el día y la basura orgánica se convierte en composta para las plantas. Todo en el hogar funciona como un ecosistema.

6. Cuando estés limpiando piensa sólo en la tarea que estás realizando en ese momento. Evita que tu mente divague o se concentre en otras cosas. Mantén tu atención en el aquí y el ahora de la tarea que realizas.

7. Siempre divide la limpieza con el resto de los miembros de la familia o las personas con las que compartes la casa. Así aprenderás a valorar el trabajo de los demás y entenderás que dependemos los unos de los otros.


sábado, 25 de junio de 2016

Ira




Cuentan que un hombre sufría con gran frecuencia ataques de ira y cólera, así que decidió un día abordar esta situación. Para ello se fue al encuentro de un viejo sabio con fama de conocer la naturaleza humana. Cuando llegó a su presencia, habló de este modo:
-Señor, quiero solicitar tu ayuda, ya que tengo fuertes arranques de ira que están haciendo mi vida muy desgraciada. Yo sé que soy así, pero también sé que puedo cambiar si usted me aconseja. Lo que me cuentas es muy interesante -dijo el anciano-. De todas maneras, para poder tratar bien tu problema es necesario que me muestres tu ira y así pueda saber de qué naturaleza es. -Pero ahora no tengo ira -argumentó el hombre. -Bien -contestó en anciano-, lo que tendrás que hacer en este caso es que la próxima vez que la ira te invada, has de venir lo más deprisa posible a enseñármela. El hombre iracundo se mostró de acuerdo y regresó a su casa. Pero pocos días después se encontró de nuevo con otro ataque de cólera y marchó rápidamente a ver al anciano. Sin embargo, ocurría que el viejo habitaba en lo más alto de una colina muy alejada, así que cuando por fin alcanzó la cima y se presentó al sabio...-Señor, estoy aquí de nuevo como me dijiste. -Estupendo, muéstrame tu ira. Pero al pobre hombre se le había pasado la ira durante la subida. -Es posible que no hayas venido lo suficientemente rápido -dijo el anciano-. La próxima vez corre mucho más deprisa y así llegarás todavía con ira. Pasados unos días, al hombre le asaltó otro fuerte ataque de cólera y recordando la recomendación del sabio, comenzó a correr cuesta arriba todo lo rápido que pudo. Cuando media hora después llegó completamente agotado a casa del viejo, éste le reprendió severamente: -Esto no puede continuar así, otra vez llegas sin ira. Creo que debes esforzarte aún más y tratar de subir las cuestas mucho más deprisa. De otro modo no voy a poder ayudarte. El hombre marchó entristecido, jurándose a sí mismo que la próxima ocasión correría con todas sus fuerzas para llegar a tiempo de mostrar su ira.
Pero no ocurrió así. Una y otra vez subía la cuesta, ya cada ocasión llegaba más y más fatigado y desde luego sin un asomo de ira. Un día que llegó especialmente extenuado, el maestro, por fin, le dijo: -Creo que me has engañado. Si la ira formara parte de ti, podrías enseñármela. Has subido a mi casa veinte veces y nunca has sido capaz de mostrarla. Esa ira no te pertenece. No es tuya. Te atrapa en cualquier lugar y con cualquier motivo y luego te abandona. Por tanto, la solución es fácil: la próxima vez que quiera llegar a ti, no la recojas.


Extraído del libro "120 Cuentos de Oriente"


miércoles, 17 de febrero de 2016

La sombra en la tradición Zen




Durante la ceremonia de la comida uno toma unos pocos granos de arroz del Buda y los deposita en el extremo de un raspador como ofrenda a los espíritus del mal. Entonces acude el servicio, los retira y los ofrece a una planta o a un animal, restituyéndolos así al ciclo vital. Este rito constituye una especie de reconocimiento consciente de los espíritus del mal, de la sombra, una manera de alimentarlos- sin saciarlos- con nuestra mejor comida. 
Más tarde, si a lo largo del día nos topamos con los espíritus del mal, podemos decirles: "Ya os he dado de comer. No tengo por qué seguir alimentándolos." 
En la tradición budista se cree que existe un reino de espíritus malignos que tienen un apetito devorador pero cuya garganta tiene el grosor de un alfiler. Por ese motivo nunca están satisfechos y-como la sombra- tienen un hambre voraz. Sin embargo, si los alimentamos poco a poco y de manera regular la sombra dejará de adoptar una actitud agresiva.
Es imposible eliminar el reino de los espíritus famélicos, lo único que podemos hacer es cuidar de ellos. Entonces el alboroto de sus gruñidos disminuirá. Lo mismo ocurre con la sombra.


Relatado por Peter Leavitt y citado en "Encuentros con la Sombra". Pág. 227 y 228.


sábado, 9 de enero de 2016

Nada que enseñar




... el aspecto del zen en el que estoy personalmente interesado no es algo que se pueda organizar, enseñar, transmitir, certificar ni compaginar en ningún tipo de sistema. Ni siquiera se puede seguir, ya que cada uno tiene que encontrarlo por su cuenta. Como dijo Plotino, es "un camino a la soledad que se recorre a solas" y, según reza un antiguo poema zen:

Si no lo sacas de ti mismo,
¿dónde lo buscarás?

Fundamentalmente, ésta es la posición del conjunto del budismo tradicional zen. Estrictamente hablando no hay maestros zen porque el zen no tiene nada que enseñar. Desde los tiempos más remotos, los que han experimentado el zen siempre han rehuido a los discípulos potenciales, no solo para poner a prueba su sinceridad, sino para advertirles honradamente que la experiencia del despertar (satori) no hay que buscarla para encontrarla y que, en todo caso, no es algo que se pueda adquirir ocultivar. Pero los adeptos se han negado persistentemente a aceptar dicho "¡No!" como respuesta y los sabios del zen han contestado con una especie de judo. Al comprender que era inútil limitarse a decirles a los adeptos que buscando no encontrarían, han respondido con contrapreguntas (koan) cuyo efecto es excitar el esfuerzo de la búsqueda hasta que estalla con su propia fuerza, con lo que el discípulo se da cuenta de la locura de buscar por sí mismo, no solo verbalmente sino mediante la misma médula de sus huesos. En aquel momento el discípulo "tiene" zen. Se sabe a sí mismo uno con todo, ya que ha dejado de separarse del universo para buscar algo del mismo.

Alan Watts - Esto es eso


viernes, 3 de abril de 2015

Reflejo de luna




"¿Sobre qué puerta no se refleja la luz de la luna?"

Por su misma naturaleza, la esencia del Zen no es oriental ni occidental. Los maestros clásicos afirmaban que el Zen no es patrimonio de ninguna cultura o filosofía y mucho menos de una clase o grupo social determinado.

Anónimo zen

Del libro: La Esencia del Zen, Thomas Cleary


Atajo directo




"El Zen vivo es el atajo más directo para alcanzar la iluminación sin realizar esfuerzo alguno donde quiera que te encuentres"

Maestro Ying-an

El Zen no nos habla de una libertad remota sino, por el contrario, de una libertad que se halla plenamente inmersa en el mundo. Su práctica no requiere ningún requisito especial sino que puede ser llevada a cabo de manera directa y natural en medio de nuestras actividades y ocupaciones cotidianas. Como dijo Dahui, otro gran maestro chino:

"Para alcanzar la iluminación no es necesario abandonar la familia, dejar el trabajo, hacerse vegetariano, convertirse en un asceta o retirarse a un lugar solitario".

No obstante, la libertad del Zen, aunque pueda manifestarse en este mundo, no pertenece a él. No se trata del mismo tipo de libertad que pueda instaurar o garantizar un determinado sistema político o social. Una libertad otorgada puede también ser abolida y el Zen, en cambio, aspira a una libertad que no puede ser revocada ni arrebatada, a una libertad que no puede ser impuesta desde el exterior, sino que brota de lo más profundo de nuestro ser.

Del libro: La Esencia del Zen, Thomas Cleary

domingo, 29 de marzo de 2015

Meditación zen




Una historia tibetana cuenta que un estudiante de meditación, mientras meditaba en su habitación, creía ver a una araña descendiendo en frente de él. Cada día la criatura amenazadora volvía, creciendo más y más cada vez. Tan asustado estaba el estudiante, que fue donde su profesor a contarle su dilema. Le dijo que planeaba colocar un cuchillo en su regazo durante la meditación, así cuando apareciera la araña la mataría. El profesor le aconsejó en contra de este plan. En su lugar, le sugirió que trajera un pedazo de tiza a la meditación, y que cuando apareciera la araña, marcara una X en vientre de la araña. Y que luego le contara.

El estudiante volvió a su meditación. Cuando apareció la araña otra vez, se opuso al impulso de atacarla, e hizo lo qué el maestro sugirió. Cuando más tarde fue a contarle al maestro como le había ido, el profesor le dijo que se levantara su camisa y mirara su propio vientre. Ahí estaba la X.


Los dos monjes




Dos monjes, Tanzán y Ekido, viajaban juntos por un camino embarrado. Llovía a cántaros y sin parar. Al llegar a un cruce se encontraron con una preciosa muchacha, vestida con un kimono y un ceñidor de seda, incapaz de vadear el camino.
-Vamos, muchacha -dijo Tanzán sin más. Y, levantándola en sus brazos sobre el barro, la pasó al otro lado.

Ekido no dijo ni una sola palabra, hasta que, ya de noche, llegaron al monasterio. Entonces no pudo resistir más.

-Los monjes como nosotros -le dijo a Tanzán- no deben acercarse a las mujeres, sobre todo si son bellas jovencitas. Es peligroso. ¿Por qué lo hiciste?

-Yo la dejé allí -contestó Tanzán-. ¿Es que tú todavía la llevas?

Anónimo japonés




miércoles, 25 de marzo de 2015

El gurú tramposo




...Los atractivos de ser un gurú tramposo son numerosos. Están los del poder y la riqueza, a los que se añade la satisfacción de ser un actor sin necesidad de escenario, que convierte en un drama la "vida real". No es, además, una empresa ilegal,como vender acciones de empresas inexistentes, hacerse pasar por médico o falsificar cheques.
No existen cualificaciones reconocidas y oficiales para ser gurú, aunque ahora que algunas universidades ofrecen cursos de meditación y yoga Kundalini, quizá pronto sea necesario pertenecer a la Fraternidad Norteamericana de Gurús. Pero un auténtico y hábil tramposo debiera eludir todo eso e inventar una disciplina completamente nueva más allá de toda forma conocida de enseñanza esotérica.
Hay que comprender desde el principio que el gurú tramposo cubre una auténtica necesidad y realiza un servicio público indiscutible. Millones de personas buscan afanosamente un verdadero padre-mago, sobre todo en una época en que los clérigos y los psiquiatras son poco convincentes y no parecen tener el valor de sus convicciones o sus fantasías. Quizá han perdido ánimo debido a una valoración excesiva de la virtud de la sinceridad, como si un pintor sintiera la necesidad de dar a sus paisajes la fidelidad de la fotografía...

...Un gurú tramposo es, ciertamente, un ilusionista, pero podríamos preguntarnos si el arte no es otra cosa que ilusión. Si el universo es solo una vasta mancha de Rorschach sobre la que proyectamos nuestras medidas e interpretaciones, y si el pasado y el futuro carecen de existencia real, un ilusionista es simplemente un artista creativo que cambia la interpretación colectiva de la vida, e incluso la mejora. La realidad es, sobre todo, aquello que un pueblo o una cultura conciben como tal. El dinero, que en sí mismo carece de valor, depende por entero de la fe colectiva para que sea válido. El pasado tiene vigencia solo porque otros creen en él, y el futuro parece importante únicamente porque estamos imbuidos de la engañosa noción de que sobrevivir durante largo tiempo, con minucioso cuidado, es preferible a sobrevivir un breve período sin ninguna responsabilidad y muchas excitaciones. En realidad, todo se reduce a una cuestión de hábitos cambiantes.
Tal vez,entonces, un tramposo puede ser alguien que libera realmente a la gente de su participación más masoquista en la ilusión colectiva, sobre el principio homeopático del "pelo del perro que te muerde". Incluso los gurús auténticos imponen a sus discípulos ejercicios psicológicos imposibles para demostrar la irrealidad del yo, y podría argüirse que también ellos son tramposos sin proponérselo, puesto que se han criado en culturas sin los beneficios desilusionadores del "conocimiento científico" que, como observan los ecologistas, no tiene unos resultados muy satisfactorios. Tal vez todo se reduzca a la antigua creencia de que el mismo Dios es un tramposo que se engaña eternamente a sí mismo por medio del maya y tiene las sensaciones de que es un ser humano, un gato o un insecto, ya que no puede culminarse ningún arte que no imponga ciertas reglas y limitaciones.Un Dios plenamente infinito e ilimitado no tendría límite alguno y por lo mismo no podría manifestar poder o amor. En consecuencia, la omnipotencia debe incluir el poder de autolimitación, hasta el punto de olvidar que se está limitando y hacer así que las limitaciones parezcan reales. Pudiera ser que los estudiantes y gurús auténticos estén del lado de los engañados, mientras que los falsos gurús son los engañadores... y uno debe efectuar su elección.
Propongo este problema como una especie de koan zen, al estilo de "¿Qué es la realidad más allá de lo positivo y lo negativo?" ¿Cómo evitará ser un engañado o un engañador? ¿Cómo se librará de la ilusión del yo sin intentarlo o no intentarlo? Si necesita la gracia de Dios para salvarse ¿Cómo obendrá la gracia para obtener la gracia? ¿Quién responderá a estas preguntas si usted mismo es una ilusión? El apuro del hombre es la oportunidad de Dios

El gallo canta al anochecer.
A medianoche, el sol brillante.

El Gurú Tramposo - Alan Watts


martes, 2 de diciembre de 2014

Cenizas




El té llega hirviendo a la mesa de trabajo, lo colocas al lado del ordenador y piensas: “Vigilaré cómo alcanza la temperatura que me permite beberlo sin quemarme”. Pero el brebaje se apacigua a traición. Basta con que entre un correo electrónico y cedas a la curiosidad de echarle un ojo, para que se te escape el instante en el que cruza la frontera entre lo ardiente y lo cálido. Como siempre, te lo has vuelto a perder. Así también la leche se calienta. Pones el cazo al fuego, piensas: “No dejaré de observarla hasta que hierva”. Pero hierve justo en el instante en el que cierras los ojos por culpa de un estornudo. Con malicia. Así viene y se va la noche; así el verano da paso al otoño, la adolescencia a la juventud y la juventud a la madurez. Así viene y se va la lluvia, vienen y se van las preocupaciones y el dolor lumbar. Así entras en el sueño y de ese modo sales de él a la vigilia. Observas detenidamente al recién nacido y antes de que te des cuenta ya está hirviendo, para luego, también a tus espaldas, enfriarse. Te lo encuentras en la calle, años después, le das la mano y la tiene helada. Cualquier miércoles te llaman por teléfono y está en el tanatorio...
...Esta frase que usted, si ha llegado hasta aquí, lee ahora mismo son sus cenizas.

Juanjo Millás.
Cenizas (Fragmento)

domingo, 16 de noviembre de 2014

Tres cosas




"Al final solo tres cosas importan: Qué tanto amaste, qué tan consideradamente viviste y con qué tanta gracia dejaste ir las cosas que no eran para tí."

Buda

Como estrellas

  "La mayoría de los seres humanos son como hojas que caen de los árboles: vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se pre...