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viernes, 4 de enero de 2019

Todavía una canción...




No te fíes si te juro que imposible
no dudes de mi duda y mi quizas 
el amor es igual que un imperdible
prendido en la solapa del azar

La luna toma el sol de madrugada
nunca jamás quiere decir tal vez
la muerte es una amante despechada 
que juega sucio y no sabe perder

Estoy tratando de decirte que 
me desespero de esperarte
que no salgo a buscarte por que se
que corro el riesgo de encontrarte
que me sigo mordiendo noche y día 
las uñas del rencor
que te sigo debiendo todavía 
una canción de amor

No corras si te llamo de repente
no te vayas si te grito pierdete
a menudo los labios mas urgentes 
no tienen prisa dos besos despues

Se aferra el corazón a lo perdido
los ojos que no ven miran mejor
cantar es disparar contra el olvido
vivir sin ti es morir en la estacion

Joaquín Sabina y Andrés Calamaro



martes, 2 de octubre de 2018

domingo, 12 de febrero de 2017

Esta boca...




“A los catorce [parece que fue ayer] el rey Melchor se lo hizo bien conmigo y me trajo, por fin, una guitarra. Aquel adolescente ensimismado que era yo, con granos y complejos, en lugar de empollar física y química, mataba las horas rimando, en un cuaderno a rayas, versos llenos de odio contra el mundo y los espejos. El mundo, lejos de sentirse aludido, seguía girando [que es lo suyo], desdeñoso, sin importarle un carajo mi existencia. Y los espejos, cabrones, en vez de consolarme con mentiras más o menos piadosas, me sostenían cruelmente la mirada.

Vivía en un sitio que se llamaba Úbeda. Algunas noches, mientras mis padres dormían, me daban las diez y las once y las doce y la una practicando con sordina, en mi flamante guitarra, los acordes de Blanca y radiante va la novia, o iniciándome en el furtivo y noble arte de la masturbación, o suspirando por mi vecina, una rubia de bote que suspiraba por un idiota moreno que tenía una bici de carreras y jugaba al baloncesto. Sólo se me ocurrían tres maneras de atraer su atención: triunfar en el toreo, atracar un banco o suicidarme. Lo malo es que las tres exigían una sobredosis de valor que yo [¡ay de mí!] no poseía. Yo poseía mi cuaderno a rayas cada vez más lleno de ripios contra el mundo, mi guitarra, cada vez más desafinada… Y un plano del paraíso, que resultó ser falso. Y la vida, previsible y anodina, como una tarde de lluvia en blanco y negro.

Pero en la pantalla del Ideal Cinema, cuando no daban una de romanos, el viento golfo de Manhattan le subía la falda a Marilyn y era domingo, y no había clase, y los niños de provincias soñábamos despiertos y en technicolor con pájaros que volaban y se comían el mundo. Y el mundo que quería comerse los pájaros que anidaban en mi cabeza… pongamos que se llamaba Madrid.

Así que un día me subí, sin billete de vuelta, al vagón de tercera de uno de aquellos sucios trenes que iban hacia el Norte, me apeé en la estación de Atocha y aprendí que las malas compañías no son tan malas y que se puede crecer al revés de los adultos; y supe, al fin, a qué saben los aplausos y los besos y el alcohol y la resaca y el humo y la ceniza, y lo que queda después de los aplausos y los besos y el alcohol y la resaca y el humo y la ceniza. Tal vez por eso mis canciones quieren ser un mapamundi del deseo, un inventario de la duda, siete crisantemos con espinas.

Y cuando las cartas vienen malas y amenaza tormenta y los dioses se ponen intratables y los hoteles no son dulces y todas las calles se llaman Melancolía, todavía fantaseo con debutar sin picadores o con desvalijar sucursales de Banesto o con probar mi suerte a la ruleta rusa, pero ahora, en lugar de tirarme en Las Ventas de espontáneo, o de escribirle una carta póstuma a Garzón, o de ahorrar para una Smith & Wesson del Especial, escribo en technicolor la canción de las noches perdidas, para vengarme de tantas tardes de lluvia en blanco y negro, de tantos hombres de traje gris, de tantas rubias de bote que se van con idiotas morenos que juegan al baloncesto, de tantas bocas adorables que nunca fueron mías, que nunca serán mías.

Aquellos granos trajeron estas cicatrices y aquellos Mihuras que nunca toreé me cosieron a cornadas el alma. Pero no me quejo; tengo amigos y memoria y risas y trenes y bares y una salud de hierro y un puñado de canciones recién salidas del horno que me tienen (dejadme que os lo cuente) orgulloso como un padre primerizo que babea. Y, de cuando en cuando, una rubia de bote me tira un beso, desde el público, aprovechando un despiste de su novio; ese idiota moreno que juega al baloncesto.

¿Qué a qué viene todo esto? Pues a que anochece y está lloviendo y los periódicos hablan de elecciones y yo no sabía como hablaros de esta boca que es, desde ahora y para siempre, más vuestra ya que mía.”

Joaquín Sabina


miércoles, 20 de mayo de 2015

Puntos suspensivos




Lo peor del amor, cuando termina,
son las habitaciones ventiladas,
el solo de pijamas con sordina,
la adrenalina en camas separadas.

  Lo malo del después son los despojos
que embalsaman los pájaros del sueño,
los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diástole ni dueño.

  Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veniales,
condenar a galeras los archivos.

  Lo atroz de la pasión es cuando pasa,
cuando, al punto final de los finales,
no le siguen dos puntos suspensivos

Joaquín Sabina


Socorro pido




Si nos hundimos antes de nadar
no soñaran los peces con anzuelos,
si nos rendimos para no llorar
declarará el amor huelga de celos.

La primavera miente y el verano
cruza como un tachón por los cuadernos;
la noche se hará tarde, tan temprano,
que enfermarán de otoño los inviernos.

Cuando se desprometen las promesas,
la infame soledad es un partido
mejor que la peor de las sorpresas.

Si me pides perdón socorro pido,
si te sobra un orgasmo me lo ingresas
en el banco de semen del olvido.

Joaquín Sabina


Alrededor no hay nada




El moño, las pestañas, las pupilas,
el peroné, la tibia, las narices,
la frente, los tobillos, las axilas,
el menisco, la aorta, las varices.

La garganta, los párpados, las cejas,
las plantas de los pies, la comisura,
los cabellos, el coxis, las orejas,
los nervios, la matriz, la dentadura.

Las encías, las nalgas, los tendones,
la rabadilla, el vientre, las costillas,
los húmeros, el pubis, los talones.

La clavícula, el cráneo, la papada,
el clítoris, el alma, las cosquillas,
esa es mi patria, alrededor no hay nada

Joaquín Sabina


lunes, 9 de marzo de 2015

Cuando tengas frío




Usa mi llave cuando tengas frío,
cuando te deje el cierzo en la estacada,
hazle un corte de mangas al hastío,
ven a verme si estás desencontrada.

No tengo para darte más que huesos
por un tubo y un salmo estilo Apeles
y páginas anémicas de besos
y un cubo de basura con papeles.

Ni me siento culpable de tu lejos,
ni dejo de fruncir los entrecejos
que usurpan de tus ojos la alegría,

si quieres enemigos ya los tienes,
pero si socios buscas ¿cuándo vienes
a repartir conmigo la poesía?

Joaquín Sabina


viernes, 21 de marzo de 2014

Cerrado por derribo




Este bálsamo no cura cicatrices,
Esta rumbita no sabe enamorar,
Este rosario de cuentas infelices
Calla más de lo que dice
Pero dice la verdad.
Este almacén de sábanas que no arden,
Este teléfono sin contestador,
La llamaré mañana, hoy se me hizo tarde,
Esta forma tan cobarde
De no decirnos que no.
Este contigo, este sin ti tan amargo,
Este reloj de arena del arenal,
Esta huelga de besos, este letargo,
Estos pantalones largos
Para el viejo Peter Pan.
Esta cómoda sin braguitas de zara,
El tour del Soho desde un rojo autobús,
Estos ojos que no miden ni comparan
Ni se olvidan de tu cara
Ni se acuerdan de tu cruz.
No abuses de mi inspiración,
No acuses a mi corazón
Tan maltrecho y ajado
Que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi voz
Se filtra la desolación
De saber que estos son
Los últimos versos que te escribo,
Para decir con dios a los dos nos sobran los motivos.
Esta paya tan lejos de su gitano,
Este penal del puerto sin vis a vis,
Esta guerra civil, este mano a mano,
Estos moros y cristianos,
Este muro de Berlín.
Este virus que no muere ni nos mata,
Esta amnesia en el cielo del paladar,
La limusina del polvo por Manhattan,
El invierno en Mar del Plata,
Los versos del capitán.
Este hacerse mayor sin delicadeza,
Esta espalda mojada de moscatel,
Este valle de fábricas de tristeza,
Esta duda, esta certeza,
Esta colmena sin miel.
Este borrón de sangre y de tinta china,
Este baño sin rimmel ni Nembutal,
Estos huesos que vuelven de la oficina,
Dentro de una gabardina
Con manchas de soledad.
No abuses de mi inspiración,
No acuses a mi corazón
Tan maltrecho y ajado
Que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi voz
Se filtra la desolación
De saber que estos son
Los últimos versos que te escribo,
Para decir con dios a los dos nos sobran los motivos.

Joaquín Sabina


martes, 14 de enero de 2014

Doble o nada




Doble o nada a la carta más urgente
sin código, ni tribu, ni proyecto,
mi futuro es pretérito imperfecto,
mi pasado nostalgia del presente.

No tengo más verdad que la que arrasa
corrigiendo las lindes de mis venas.
Por diseñar castillos sin almenas
perdí, otra vez, las llaves de mi casa.

Veranos de buen vino y mala sombra,
de confundir enanos con molinos,
de viajar al abismo con alfombra.

Es hora de volver a la autopista
por donde van, burlando sus destinos,
el zángano, el adúltero, el ciclista.


Joaquín Sabina


Esta boca es mía




Más vale que no tengas que elegir 
entre el olvido y la memoria, 
entre la nieve y el sudor. 
Será mejor que aprendas a vivir 
Sobre la línea divisoria 
que va del tedio a la pasión. 

No dejes que te impidan galopar 
ni los ladridos de lo perros 
ni la quijada de Caín. 
Que no te dé el insomnio por contar 
las gaviotas del destierro, 
las amapolas de París. 

Te engañas si me quieres confundir 
esta canción desesperada 
no tiene orgullo ni moral. 
Se trata sólo de poder dormir 
sin discutir con la almohada 
dónde está el bien, dónde está el mal. 

La guerra que se acerca estallará 
mañana lunes por la tarde 
y tú en el cine sin saber 
quién es el malo mientras la ciudad 
se llena de árboles que arden 
y el cielo aprende a envejecer. 

Y sal ahí 
a defender el pan y la alegría. 
Y sal ahí 
Para que sepan 
que esta boca es mía.

Joaquín Sabina


Como estrellas

  "La mayoría de los seres humanos son como hojas que caen de los árboles: vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se pre...