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jueves, 11 de octubre de 2018

Dicen...




Nada tiene sentido si no mezclo en ello mi cuerpo y mi espíritu. No hay aventura si no me comprometo en ella.

Antoine de Saint-Exupèry - Ciudadela

lunes, 23 de mayo de 2016

Ley y significación




El gran error es no reconocer que la ley es significación de las cosas, no ritmo más o menos estéril en ocasión de éstas cosas. De legislar sobre el amor he hecho nacer tal forma de amor. Mi amor está dibujado por las mismas sujeciones que le impongo. La ley puede, pues, ser costumbre lo mismo que gendarme.

Antoine de Saint-Exupéry - Ciudadela, Cap. XCI


domingo, 22 de mayo de 2016

Sobre la verdad




-Soy aquel que, como el niño, tienta y busca un lenguaje. La verdad no me ha aparecido. Pero mi lenguaje, como tu montaña, es simple para los hombres, y por sí mismos hacen de él la verdad.

-Te vuelves amargo, geómetra.

-Hubiera querido descubrir en el universo la huella de un divino manto y, palpando fuera de mi una verdad, como un Dios que se hubiera ocultado largo tiempo a los hombres, hubiera querido atraparla por el paño del hábito y arrancarle el velo del rostro para mostrarla. Pero no me ha sido dado descubrir otra cosa que a mí mismo.


Antoine de Saint-Exupéry - Ciudadela, Cap. LXXVIII


martes, 23 de junio de 2015

Mi muralla...




Es tiempo, en efecto, que te instruya sobre el hombre.
Hay en los mares del norte hielos flotantes que tienen el espesor de montañas; pero del macizo solo emerge una cresta minúscula en la luz del sol. El resto duerme. Así del hombre, del que has esclarecido solo una parte miserable con la magia de tu lenguaje. Porque la sabiduría de los siglos ha forjado claves para apoderarse de él. Y conceptos para aclararlo. Y de tiempo en tiempo llega aquel que lleva a tu conciencia una parte aún no formulada, con la ayuda de una clave nueva...
Pero la palabra que obra no es la que se dirige a la débil parte esclarecida, sino que expresa la parte todavía oscura y que no tiene aún lenguaje. Y es por esto que los pueblos van hacia donde el lenguaje del hombre enriquece la parte enunciable. Porque ignoras el objeto de tu inmenso afán de alimento. Pero yo te lo aporto y lo comes. Y el lógico habla de locura; porque su lógica de ayer no le permite comprender.
Mi muralla es el poder que organiza sus provisiones subterráneas y las trae a la conciencia. Porque tus necesidades son oscuras e incoherentes y contradictorias. Buscas la paz y la guerra, las reglas del juego para gozar del juego y la libertad para gozar de ti mismo. La opulencia para satisfacerte con ella y el sacrificio para hallarte en él, La conquista de las provisiones para la conquista y el disfrute de las provisiones para las provisiones. La salud para claridad de tu espíritu y las victorias de la carne para el lujo de tu inteligencia y de tus sentidos. El fervor de tu hogar y el fervor en la evasión. La caridad en consideración a las heridas, y la herida del individuo en consideración al hombre. El amor construido en la fidelidad impuesta y el descubrimiento del amor fuera de la fidelidad. La igualdad en la justicia, y la desigualdad en la ascensión. Pero a todas esas necesidades en desorden como la rocalla dispersa, ¿qué árbol fundarás capaz de absorberlas y ordenarlas, y de todo lograr un hombre? ¿Qué basílica construirás que use esas piedras?
Mi muralla es la semilla antes que te la proponga. Y la forma del tronco y las ramas. Tanto más durable el árbol, pues organizará mejor los surcos de la tierra. Tanto más durable tu imperio que absorberá mejor lo que de ti se propone. Y vanas son las murallas de piedra cuando son tan solo escamas de un muerto.


Antoine de Saint-Exupéry - Ciudadela


Calculistas...




"Porque yo os lo digo: la torre, la ciudad o el imperio crecen como el árbol. Son manifestaciones de la vida puesto que precisan del hombre para nacer. Y el hombre cree calcular. Y cree que la razón gobierna la erección de sus piedras, cuando la ascensión de esas piedras nace primero de su deseo. Y la ciudad está contenida en él, en la imagen que lleva en el corazón, como el árbol está contenido en su simiente. Y sus cálculos solo sirven para vestir su deseo. E ilustrarlo. Porque no explicáis el árbol si mostráis el agua que ha bebido, los surcos minerales que ha succionado y el sol que le presta su fuerza. Y no explicáis la ciudad si decís: "He aquí por qué esta cúpula no se desploma... he aquí los cálculos de los arquitectos..." Porque si la ciudad debe nacer siempre se hallarán calculistas que calculen exactamente. Pero son únicamente servidores. Y si los empujáis a primer plano, creyendo que las ciudades salen de sus manos, ninguna ciudad surgirá desde la arena. Saben cómo nacen las ciudades, mas no saben por qué. Pero arrojad al conquistador ignorante y a su pueblo sobre la tierra áspera y rocallosa: si volvéis mas tarde brillará al sol la ciudad de treinta cúpulas... Y las cúpulas se mantendrán de pie como las ramas del cedro. Porque el deseo del conquistador se habrá transmutado en la ciudad de las cúpulas, y habrá encontrado, como medios, vías y caminos, todos los calculistas que deseaba."


Antoine de Saint-Exupéry - Ciudadela


martes, 28 de abril de 2015

Festín de bodas




Mientras lo contemplaba, mi padre hablo:

- Sabes lo que es el festín de bodas, así que los invitados y los amantes lo han abandonado. El amanecer muestra el desorden que dejaron. Las jarras rotas, las mesas desordenadas, el fuego extinguido, todo conserva el sello de un tumulto que se ha endurecido. Pero leyendo esas huellas -me dijo mi padre- no aprenderás nada sobre el amor.

"Al pesar y dar vueltas el libro del Profeta -me dijo además-, al detenerse sobre el dibujo de los caracteres o sobre el oro de las ilustraciones, el iletrado pierde lo esencial, que no es el objeto vano, sino la sabiduría divina. Como lo esencial del cirio no es la cera que deja trazas, sino la luz."

... Lo que importa no se evidencia en la ceniza. No te detengas más sobre esos cadáveres. No hay nada aquí...

Antoine de Saint-Exupéry - Ciudadela


miércoles, 21 de enero de 2015

Juzgar por los materiales




No juzgarás según la suma. Nada puede esperarse, me dices, de aquellos. Son grosería, afán de lucro, egoísmo, falta de valentía, fealdad. Pero así puedes hablarme delas piedras, las cuales son rudeza, dureza, peso triste y espesor, mas no de lo que sacas de las piedras: estatua o templo. He visto demasiado que el ser no funcionaba casi nunca como lo hacían prever sus partes y, ciertamente, si tomas aparte a cada uno de los que forman las poblaciones próximas, descubres que cada uno odia la guerra, no desea dejar su hogar, porque quiere a sus hijos y a su esposa y las comidas de cumpleaños, ni verter la sangre porque es bueno, y alimenta a su perro, y acaricia a su asno, ni saquear a otro porque observas que solo quiere su propia casa y lustra sus maderas y pinta sus paredes y embalsama con flores su jardín, y me dirás pues: representan en el mundo el amor de la paz... Y sin embargo, su imperio es una gran sopera donde hierve la guerra. Y su bondad, y su dulzura, y su piedad por el animal herido, y su emoción ante las flores solo son ingredientes de una magia que prepara el entrechocar de armas, como acontece con cierta mezcla de nieve, de madera barnizada y de cera caliente que prepara los grandes latidos de tu corazón, aunque la captura aquí, como en otras partes, no esté en la esencia de la celada.
¿Juzgas al árbol por sus materiales? Si vienes a hablarme del naranjo ¿me criticas su raíz, o el gusto de su fibra, o lo viscoso o rugoso de su corteza, o la arquitectura de sus ramas? No te importan los materiales. Juzgas al naranjo por la naranja.
Así sucede con los que tú persigues. Separados son éste, ese y aquél. Me río. Su árbol me fabrica cada tanto almas de espadas dispuestas a sacrificar el cuerpo en los suplicios, contra la cobardía de la mayoría, y miradas lúcidas que despojan de inútiles atributos a la verdad, como de su cáscara al fruto y, en contra del apetito vulgar de la mayoría, te observan las estrellas desde la ventana de su buhardilla y viven de un hilo de luz; entonces estoy satisfecho. Porque yo veo condición donde tú ves litigio. El árbol es condición del fruto, la piedra del templo y los hombres condición del alma que irradia sobre la tribu. Y tal como en la bondad y el suave ensueño y el amor de la casa de aquellos, fácilmente iré a plantar mi taco porque, a pesar de la apariencia, solo se trata de ingredientes, para la sopera, de peste, de crimen y de hambre. Perdonaré a los otros su ausencia de bondad o su rechazo del ensueño o su escaso amor por las casas (pues es posible que hayan sido nómadas mucho tiempo) si acontece que esos ingredientes sean condición de la nobleza de algunos. Y de eso nada sé prever por el encadenamiento de palabras y palabras; pues no hay lógica que haga pasar de una etapa a otra.

Antoine de Sait-Exupéry - Ciudadela, Cap. CCXVII


Wabi sabi

Encontrar la belleza en la simplicidad, la paz en lo imperfecto, lo impermanente y lo incompleto: estas palabras te inspirarán a bajar el ri...