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jueves, 16 de marzo de 2017

Verdad y violencia




Vivimos en crisis, y tal vez nos parezca interesante hacerlo. 
Además, también nos sentimos culpables por ello, como si no tuviéramos que estar en crisis. Como si fuéramos tan sabios, tan capaces, tan bondadosos, tan razonables, que la crisis debiera ser en todo momento impensable. Es sin duda este "debiera", este "tuviera", lo que hace a nuestra era tan interesante que de ningún modo puede ser una época de sabiduría, ni siquiera de razón. Creemos saber lo que debiéramos estar haciendo, y nos vemos mover, con la inexorable premeditación de una máquina descompuesta, haciendo lo opuesto.

¡Un fenómeno tan absorbente que no podemos dejar de observar, medir, discutir, analizar, y quizás deplorar! Pero la cosa continúa. Y, como dijo Cristo sobre Jerusalén, no conocemos las cosas que hacen a nuestra paz. Estamos viviendo en la mayor revolución de la historia, un enorme cataclismo espontáneo de la especie humana íntegra: no la revolución planificada y llevada a cabo por algún partido, raza o nación particular, sino un profundo y elemental hervor desbordante de todas las contradicciones internas que siempre habitaron al hombre, una revelación de las fuerzas caóticas dentro de cada cual. No es algo que hayamos elegido, ni es algo que podamos eludir.

Esta revolución es una profunda crisis espiritual del mundo entero, manifestada vastamente con desesperación, cinismo, violencia, conflicto, auto-contradicción, ambivalencia, temor y esperanza, duda y creencia, creación y destructividad, progreso y regresión, apego obsesivo a imágenes, ídolos, slogans, programas que embotan la angustia general sólo por un momento hasta que estalla por doquier de un modo más agudo y terrorífico.
¡No sabemos si estamos construyendo un mundo fabulosamente maravilloso o destruyendo todo lo que teníamos, todo lo que habíamos logrado!. Toda la fuerza interna del hombre está hirviendo y estallando, lo bueno junto con lo malo, lo bueno emponzoñado por lo malo y combatiéndolo, lo malo simulando ser bueno y manifestándose con los crímenes más espantosos, justificados y racionalizados mediante las intenciones más puras e inocentes. El hombre está preparado para convertirse en un dios, y en cambio a veces luce como un zombie. Y así tememos reconocer nuestro kairos [*] y aceptarlo.

Esta época manifiesta en nosotros una distorsión básica, una arraigada falta de armonía moral contra la cual leyes, sermones, filosofías, autoridad, inspiración, creatividad y hasta aparentemente el mismo amor parecerían no tener poder alguno. Por el contrario, si en su desesperada esperanza, el hombre se vuelve a todas estas cosas, ellas parecen dejarlo más vacío, más frustrado, más angustiado que antes. Nuestra enfermedad es la enfermedad del amor desordenado, del amor propio que simultáneamente se da cuenta que es odio propio e instantáneamente se vuelve fuente de destructividad indiscriminada, universal.
Es la otra cara de la moneda que era corriente en el siglo XIX: la creencia en el progreso indefinido, en la suprema bondad del hombre y de todos sus apetitos. Lo que en Norteamérica se toma por optimismo, aún optimismo cristiano, es la indefectible esperanza de que las actitudes de los siglos XVIII y XIX pueden seguir siendo válidas sólo mediante la decisión de sonreír, aún cuando el mundo entero se esté cayendo a pedazos. Nuestras sonrisas son los síntomas de la enfermedad.

Estamos viviendo bajo una tiranía de la falsedad que se afirma en el poder y establece un control más total sobre los hombres a medida que estos se autoconvencen de que están resistiendo el error. Nuestra sumisión a las mentiras plausibles y pragmáticas nos enreda en más grandes y obvias contradicciones, y para ocultárnoslas a nosotros mismos necesitamos más grandes y siempre menos plausibles mentiras.

La falsedad básica está constituida por la mentira de que estamos completamente dedicados a la verdad, y de que podemos estar dedicados a la verdad de un modo que es al mismo tiempo honesto y exclusivo: que tenemos el monopolio absoluto de la verdad absoluta, así como nuestro adversario ocasional tiene el monopolio absoluto del error. Luego nos autoconvencemos de no podremos preservar nuestra pureza de visión ni nuestra sinceridad interior si entramos en diálogos con el enemigo, pues él nos corromperá con su error.

Finalmente, creemos que no puede preservarse la verdad a menos que destruyamos al enemigo -porque, como lo hemos identificado con el error, destruirlo es destruir el error. El adversario, por supuesto, tiene sobre nosotros exactamente la misma política básica por la cual defiende la "verdad". Él nos ha identificado con la deshonestidad, la insinceridad y la falsedad. Piensa que si nosotros somos destruidos, no quedará en pie otra cosa que la verdad.
Si persiguiéramos realmente la verdad, comenzaríamos lenta y trabajosamente a despojarnos, una por una, de todas nuestras envolturas de ficción y engaño: o al menos deberíamos desear hacerlo, pues las meras ganas no nos capacitan para lograrlo. Por el contrario, el que mejor puede señalar nuestro error y ayudarnos a verlo es el adversario que queremos destruir. Y esta es quizás la razón por la cual queremos destruirlo. Del mismo modo, nosotros podemos ayudarlo a ver su error, y esa es la razón por la que él busca destruirnos. (...)

La crisis del actual momento histórico es la crisis de la civilización occidental: más precisamente de la civilización europea, la civilización que fue fundada sobre la cultura grecorromana del Mediterráneo, y vigorizada por la gradual incorporación de los invasores bárbaros dentro de la cultura religiosa judeo-romano-cristiana del decaído Imperio Romano. Yo nací dentro de esta crisis. Mi vida entera ha sido modelada por esta crisis. ¡En esta crisis se consumirá mi vida, aunque, espero, no sin sentido! (...)

He aquí un aserto de Mahatma Gandhi que sintetiza clara y concisamente toda la doctrina de la no violencia: "El camino de la paz es el camino de la verdad". "La veracidad es aún más importante que la paz. Por cierto que la mentira es la madre de la violencia. Un hombre veraz no puede permanecer por mucho tiempo siendo violento. En el curso de su búsqueda él percibirá que no necesita ser violento, y descubrirá además que, mientras exista en él la menor traza de violencia, fracasará en hallar la verdad que está buscando".

¿Por qué no creemos esto inmediatamente? ¿Por qué lo ponemos en duda? ¿Por qué parece imposible? Simplemente porque todos somos, de algún modo, mentirosos. La madre de todas las demás mentiras es la mentira que persistimos en decirnos a nosotros mismos, acerca de nosotros mismos. Y ya que no nos mentimos en forma suficientemente descarada como para creernos nuestras propias mentiras individualmente, unificamos todas nuestras mentiras y las creemos porque se han convertido en la gran mentira proferida por la vox populi, y este tipo de mentira la aceptamos como la última verdad. "Un hombre veraz no puede permanecer por mucho tiempo siendo violento". Pero un hombre violento no puede iniciar la búsqueda de la verdad.

De entrada nomás, él quiere haberse asegurado de que su enemigo es violento y de que él mismo es pacífico. Ya que entonces su violencia está justificada. ¿Cómo puede enfrentar la desconsoladora tarea de entrar a reconocer el gran mal que hay dentro suyo y que necesita ser curado? Es mucho más fácil enmendar las cosas viendo el mal de uno encarnado en un chivo emisario, y destruir el chivo y mal juntos. Gandhi no quiere decir que debamos aguardar volvernos no violentos por el deseo de serlo. Sino que todo aquel que se percata oscuramente de su necesidad de verdad debería buscarla por medio de la no violencia, puesto que realmente no existe otro medio.

Podrán no tener un éxito total. Sus éxitos podrán ser en realidad muy escasos. Pero por una pequeña cantidad de buena voluntad comenzarán a acceder a la verdad, y por medio de ellos habrá al menos una pequeña verdad en la oscuridad de un mundo violento. Esta idea de Gandhi no puede ser, sin embargo, entendida si no recordamos su optimismo básico respecto de la naturaleza humana.

Él creía que en las ocultas profundidades de nuestro ser, profundidades que se hallan demasiado a menudo aisladas de nuestro modo consciente e inmoral de vida, somos más verdaderamente no violentos que violentos. Él creía que para nosotros el amor es más natural que el odio. Que "la Verdad es la ley de nuestro ser". Si esto no fuese así, entonces "mentir" no sería la "madre de la violencia".

La mentira introduce violencia y desorden en nuestra propia naturaleza. Nos divide contra nosotros mismos, nos aliena de nosotros mismos, nos hace enemigos de nosotros mismos y de la verdad que está en nosotros. De esta división es que surge el odio y la violencia. Odiamos a los demás porque no podemos soportar el desorden, la intolerable división que hay en nosotros. Somos violentos con los demás porque ya estamos divididos por la violencia interior de nuestra infidelidad a nuestra propia verdad. El odio proyecta esta división fuera nuestro, en la sociedad. (...)


Thomas Merton, monje del Cister.



[*] Tenemos una sola palabra para el "tiempo". Los griegos tenían dos: chronos y kairos. Chronos es el tiempo del reloj, el tiempo que se mide. Kairos no es el tiempo cuantitativo sino el tiempo cualitativo de la ocasión. Todos experimentamos en nuestras vidas la sensación de que llegó el momento adecuado para hacer algo, que estamos maduros, que podemos tomar una decisión determinada.

martes, 9 de agosto de 2016

Tropezar y caer




Tropezamos y caemos constantemente incluso cuando estamos iluminados. Pero cuando estamos en la oscuridad espiritual, ni siquiera sabemos que hemos caído.


Thomas Merton.


sábado, 16 de agosto de 2014

Espejo




“El espejo carece absolutamente de ego y preocupaciones. Llega una flor: el espejo refleja una flor; llega un pájaro y él lo refleja. Muestra que un objeto bello es bello y que un objeto feo es feo. Todo se revela tal cual es. No hay una mente que lo desencamine, ni una conciencia propia por parte del espejo. Si algo llega a él, es reflejado; si desaparece, el espejo lo deja desaparecer... no queda huella alguna tras él. Un desprendimiento tal, este estado de ‘no mente’, esta auténtica faena libre del espejo, se asemeja a la sabiduría pura y lúcida del Buddha.”

El Zen y los Pájaros del Deseo

Pescando sin anzuelo




... inspirado en una antigua pintura china en la que se ve a un pescador sentado, muy sosegadamente, en un pequeño bote sobre las aguas de un lago rodeado de verdes montañas; no muy alejada se encuentra una pequeña ermita. A diferencia de otros pescadores que ponen anzuelo y cebo para atraer a los peces, este monje ermitaño deja caer al agua la cuerda sin anzuelo. Y es que él no está ahí para pescar cosa alguna; simplemente, está para gozar de la pesca, "lo cual viene a establecer una gran diferencia entre estos dos logros o fines."
"... El anciano está pescando en el único océano que es asequible a él -la naturaleza interior de sí mismo. Él ha dejado caer la línea hacia su propio subconsciente. Está descendiendo en las profundidades de sí mismo para descubrir que clase de pez podría ocultarse allí. No tiene ninguna intención de atraer a este pez a la superficie. Tampoco de matarlo. Lo que en realidad desea es tener la experiencia; la cual no deja de ser una verdadera experiencia Zen, de pescar sin anzuelo. Ahora bien, en este simbolismo, ¿qué es el anzuelo? Esta es quizás la clave de todo; el anzuelo es la mente. Aquí es donde el problema cabal exige la mayor consideración. La mente no está interesada en la pesca, pero si en pescar peces. La mente posee ciertas cualidades que sugieren el anzuelo; desea engancharse a algo, es agua. También es un instrumento modelado, adaptado, creado, con el solo propósito de atrapar peces, los cuales, en este caso, representan pensamientos. Y en el momento mismo en que pretende un pensamiento fuera de su propio elemento, lo coloque en un elemento diferente, y muy probablemente le destruya en el esfuerzo de usarlo para sus propios fines.
Estamos usando la mente, constantemente, para (agarrar) enganchar cosas. La estamos usando de una manera u otra para mejorar nuestras fortunas.
Estamos dejando caer el anzuelo de la mente en el desconocido mundo que nos rodea...

El Zen y los Pájaros del Deseo


miércoles, 28 de mayo de 2014

Intuiciones




“A ti no te preocupan tanto los principios éticos y las respuestas tradicionales a las cuestiones tradicionales, porque muchos hombres han decidido no volverse a plantear tales cuestiones. Lo que te interesa más no son las respuestas formales ni las definiciones exactas, sino intuiciones difíciles en un momento de crisis humana. Tales intuiciones no pueden ser consoladoras ni bien definidas: son oscuras e irónicas. No se pueden traducir en un programa que resuelva todos los problemas de la sociedad, pero quizá hagan posible a alguna rara persona, acá o allá, seguir viva y estar despierta en un momento en que lo deseable es estar despierto: un momento de decisión definitiva, en que note una amenaza en las raíces de su propia existencia”.

Thomas Merton

sábado, 24 de mayo de 2014

Viajando...




“En cierto sentido siempre estamos viajando, y viajando como si no supiéramos a dónde estamos yendo.
En otro sentido, ya hemos llegado. No podemos llegar a la perfecta posesión de Dios en esta vida, y así es que siempre estamos viajando, y en tinieblas. Pero ya Le poseemos por la gracia, y además, en ese sentido, ya hemos llegado y moramos en la luz.
Pero, ¡qué lejos tengo que ir todavía para encontrarte, a Ti a quien ya he llegado!”

Thomas Merton - La Montaña de los Siete Círculos



Profeta




Para mí “vivir bien” significa conocer y apreciar algo de lo secreto, del misterio que encierro; lo que es intransmisible, que soy yo y no soy yo al mismo tiempo, que está en mí y por encima de mí. A partir de este santuario, debo tratar humilde y pacientemente de mantener a raya todas las intromisiones de violencia y autovalidación. En realidad, esas intromisiones no pueden penetrar en el santuario, pero pueden arrancarme de él y asesinarme ante el umbral oculto.

Thomas Merton - Tropiezos Celestiales


“Mensaje a los contemplativos del mundo”




“Hermano, el contemplativo no es el hombre que tiene visiones flamígeras del querubín llevando a Dios en su carro imaginario, sino sencillamente el que ha arriesgado su mente en el desierto más allá del lenguaje y de las ideas, allí donde Dios se encuentra en la desnudez de la confianza pura, es decir, en la total entrega de nuestra pobreza y de nuestra condición inacabada para dejar de aferrar nuestras mentes en un nudo sobre sí mismas, como si el pensar nos hiciera existir. El mensaje de esperanza que te ofrece el contemplativo es, pues, hermano, que no necesitas encontrar tu camino a través de la maraña del lenguaje y de los problemas que hay hoy en día en torno a Dios, sino que tanto si lo comprendes como si no, Dios te ama, está presente en ti, vive en ti, mora en ti, te llama, te salva y te ofrece una comprensión y una luz que no se parecen en nada a la que jamás hayas podido encontrar en libros o escuchado en sermones. El contemplativo no tiene nada que decirte salvo asegurarte que si te atreves a penetrar en tu propio silencio y te arriesgas a compartir esa soledad con otros solitarios que busquen a Dios a través tuyo, entonces recobrarás de verdad la luz y la capacidad de entender lo que está más allá de las palabras y de las explicaciones, porque está demasiado cerca como para ser explicado: es la unión íntima en la profundidad de tu corazón, del espíritu de Dios y de tu propio ser más íntimo y secreto, de modo que tú y Él sois en verdad un solo Espíritu. Te amo, en Cristo.”


(Thomas Merton, “Mensaje a los contemplativos del mundo”, 21 de agosto de 1967, en
respuesta a una petición expresa del Papa Pablo VI)

Quién soy...




“Si quieres saber quién soy yo, 
no me preguntes dónde vivo, 
o lo que me gusta comer, o cómo me peino; 
pregúntame, más bien, por lo que vivo, 
detalladamente, 
y pregúntame 
si lo que pienso 
es dedicarme a vivir plenamente 
aquello para lo que quiero vivir. 
A partir de estas dos respuestas, 
puedes determinar la identidad de cualquier persona” 

(My argument with the Gestapo. New Directions , New York 1975 pp. 160-161)
Thomas Merton


Del artículo "Las Páginas mas Bellas de Thomas Merton", leído en la web.

martes, 13 de mayo de 2014

Zen




“Cuando en algún lugar se pudre la carroña, los pájaros carnívoros vuelan en círculos; descienden. Vida y muerte son dos. Los vivos atacan a los muertos para su propio beneficio. Nada pierden, con esto, los muertos. Salen gananciosos, tal vez, cuando de ellos alguien se sirve. O por lo menos así parece, si es que debemos considerar esto en términos de ganar y perder.
¿Nos abocaremos al estudio del Zen, entonces, en la creencia de que con ello ganaremos algo? Esta pregunta no pretende constituirse en velada acusación. Pero sin embargo es una pregunta muy seria. Allí donde se alborota en torno a la “espiritualidad”, la “iluminación” o simplemente la “puesta en onda”, a menudo no hay más que buitres bajando sobre un cadáver. Sus merodeos, su vuelo circular, su descenso, esta celebración de una victoria, en fin, no son lo que pretende el Estudio del Zen, aunque en otro contexto puedan resultar ejercicios de singular utilidad, porque enriquecen a los pájaros del deseo.
El Zen nada enriquece. No hay cuerpo alguno que podamos hallar. Las aves pueden acudir y volar en círculos, durante un tiempo, sobre el lugar donde se cree está el cadáver. Pero muy pronto se marchan hacia otros parajes. Cuando ya no están, aparece de pronto la “nada”, el “no cuerpo” que allí estaba. Este es el Zen. Lo que no ha cesado de estar allí, todo el tiempo, sin que se apercibiera las aves devoradoras de carroña: no es el tipo de presa que ellas codician”.

"El Zen y los Pájaros del Deseo" - Thomas Merton


miércoles, 9 de abril de 2014

Trampas




El propósito de una trampa para peces es cazar peces y, cuando éstos han sido capturados, la trampa queda olvidada.El propósito de un cepo para conejos es cazar conejos. Una vez capturados éstos, el cepo cae en el olvido.El propósito de las palabras es transmitir ideas. Una vez captada la idea, las palabras quedan olvidadas.¿Dónde podría yo encontrar a un hombre que haya olvidado las palabras? Es con él con quien me gustaría hablar.

Chuang-Tzu


A Chuang-Tzu no le dicen nada las palabras y las fórmulas acerca de la realidad, sino la captación existencial directa de la realidad en sí misma. Tal captación es, por necesidad, oscura y no se presta a análisis abstractos. Puede ser presentada en forma de una parábola, de una fábula o de una historia graciosa acerca de una conversación entre dos filósofos... Pero la totalidad de las enseñanzas, el "camino" contenido en estas anécdotas, poemas y meditaciones, son características de cierta mentalidad, que aparece por doquier en el mundo, un cierto gusto por la simplicidad, por la humildad, la autodifuminación, el silencio y, en general, la negativa a tomar en serio la agresividad, la ambición el empuje y la prepotencia que debe uno exhibir para funcionar dentro de la sociedad.
Este otro es un "camino" que prefiere no llegar a ninguna parte en el mundo, ni siquiera en el terreno de algún logro supuestamente espiritual.
Para Chuang-Tzu, como para los evangelios, perder la propia vida es salvarla, y perseguir salvarla para propio bien es perderla... Hay una renuncia al mundo que encuentra y salva al hombre en su propia casa, que es el mundo de Dios.
De cualquier manera, el "camino" de Chuang-Tzu es misterioso, porque es tan sencillo que puede recorrerse aún sin que sea en absoluto un camino. Lo que desde luego no es, es una "salida". Chuang-Tzu hubiera estado de acuerdo con san Juan de la Cruz en que se entra en este tipo de camino cuando se abandonan todos los caminos y, en cierto modo, uno se pierde.

De "Una Nota para el Lector", de Thomas Merton, en el libro "El Camino de Chuang-Tzu"


jueves, 10 de mayo de 2012

El bote vacío




Aquel que gobierna sobre los hombres vive 
en la confusión.
Aquel que es gobernado por hombres vive en
el dolor.
Por tanto, Yao deseaba
no influir en los demás
ni ser influenciado por ellos.
El camino para apartarse de la confusión
y quedar libre del dolor
es vivr en el Tao,
en la tierra del gran Vacío.

Si un hombre está cruzando un río,
y un bote vacío choca con su esquife,
por muy mal genio que tenga
no se enfadará demasiado;
pero si ve en el bote a un hombre,
le gritará que se aparte.
Si sus gritos no son escuchados, volverá a gritar,
una y otra vez, y empezará a maldecir.
Y todo porque hay alguien en el bote.
No obstante, si el bote estuviera vacío,
no estaría gritando, ni estaría irritado.

Si uno puede vaciar el propio bote,
que cruza el río del mundo,
nadie se le opondrá,
nadie intentará hacerle daño.
El árbol derecho es el primero en ser talado,
el arroyo de aguas claras es el primero en ser agotado.
Si deseas engrandecer tu sabiduría
y avergonzar al ignorante,
cultivar tu carácter
y ser más brillante que los demás,
una luz brillará en torno a ti
como si te hubieras tragado el Sol y la Luna:
no podrás evitar las calamidades.

Un hombre sabio ha dicho:
    "Aquel que está contento consigo mismo
    ha realizado un trabajo carente de valor.
    El éxito es el principio del fracaso.
    La fama es el comienzo de la desgracia."

¿Quién puede liberarse del  éxito
y de la fama, descender y perderse
entre las masas de los hombres?
Fluirá como el Tao, sin ser visto,
se moverá con la propia Vida
sin nombre ni hogar.
Él es simple, sin distinciones.
según todas las apariencias, es un tonto.
Sus pasos no dejan huella. No tiene poder alguno.
No logra nada, carece de reputación.
Dado que no juzga a nadie,
nadie lo juzga.
Así es el hombre perfecto:
su bote está vacío.

El Camino de Chuang Tzu - Tomas Merton



El búho y el fénix


Hui Tzu era el primer ministro de Liang. Estaba en poseción de información que creía de buena fuente, de que Chuang Tzu aspiraba a su puesto y estaba intrigando para suplantarlo. De hecho, cuando Chuang Tzu fue a visitar a Liang, el primer ministro mandó a la policía para prenderlo. La policía lo anduvo buscando tres días y tres noches, pero mientras tanto Chuang se presentó ante Hui Tzu por su propia cuenta y dijo:



¿Has oído hablar del ave
que vive en el sur,
el fénix que jamás envejece?

Este fénix inmortal
surge del Mar del Sur
y vuela hasta el Mar del Norte
sin posarse jamás,
excepto en ciertos árboles sagrados.
Jamás prueba bocado
salvo la más exquisita
fruta exótica.
Tan sólo bebe
de los más límpidos arroyos.

Una vez, un búho
que roía una rata muerta,
ya medio podrida,
vio al fénix volar sobre él,
miró hacia lo alto,
y chilló alarmado,
aferrándose a la rata
aterrado y sin esperanza.

¿Por qué te aferras tan frenéticamente
 a tu ministerio
y me chillas
con tanta consternación?"

El Camino de Chuang Tzu - Tomas Merton


Como estrellas

  "La mayoría de los seres humanos son como hojas que caen de los árboles: vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se pre...