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martes, 10 de marzo de 2015

El Espantapájaros




Una vez dije a un espantapájaros:
-Debes estar cansado de pasarte la vida en este campo solitario.
Y él me respondió:
-El placer de espantar es algo tan profundo y duradero que jamás me canso.
Después de reflexionar un poco,le dije:
-Es verdad, porque yo también conocí ese gozo
Y él me respondió:
-Solo pueden conocerlo aquellos que están rellenos de paja.
Entonces me marché, sin saber si me había elogiado o insultado.
Pasó un año durante el cual el espantapájaros se convirtió en filósofo.
Y cuando volví a pasar cerca de él, vi dos cuervos construyendo un nido debajo de su sombrero.

Khalil Gibran - El Loco

Me preguntas cómo...




Me preguntas cómo me volví loco. Ocurrió así:

Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que se habían robado todas mis máscaras, las siete máscaras que había modelado y usado en siete vidas.

Huí sin la máscara por las atestadas calles gritando: «¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!».

Hombres y mujeres se reían de mí, y algunos corrieron a sus casas temerosos de mí.

Y cuando llegué a la plaza del mercado, un muchacho de pie sobre el techo de una casa, gritó: «¡Es un loco!».

Alcé la vista para mirarlo y por primera vez el sol besó mi rostro desnudo. Por primera vez el sol besó mi rostro desnudo, y mi alma se inflamó de amor por el sol y ya no deseé más mis máscaras. Como en éxtasis grité «¡Benditos, benditos sean los ladrones que me han robado mis máscaras!».

Así fue como me volví loco.

Y he hallado libertad y salvación en mi locura, la libertad de estar solo y a salvo de ser comprendido, porque aquellos que nos comprenden esclavizan algo nuestro.

Khalil Gibran - El Loco



sábado, 3 de mayo de 2014

Asaph, llamado el Orador de Tiro




¿Qué diré yo de su discurso? Tal vez algo en su persona prestaba poder a sus palabras e influían en el ánimo de quienes lo escuchaban. Porque Él era apuesto y el resplandor del día estaba en su semblante.
Hombres y mujeres se extasiaban contemplándolo, más que escuchando su argumento. Pero a veces, Él hablaba con la potencia de un espíritu, y ese espíritu tenía autoridad sobre quienes lo escuchaban.
Yo había oído en mi juventud a los oradores de Roma y Atenas y Alejandría. El jóven Nazareno no se parecía a ninguno.
Juntaba sus palabras con un aire destinado a subyugar el oído, pero cuando lo escuchabais vuestro espíritu os abandonaba y se echaba a vagar por regiones no visitadas hasta entonces.
Contaría una historia o relataría una parábola, y nunca se había oído en Siria nada semejante a sus historias y parábolas. Parecía hilarlas fuera de las épocas como el tiempo mismo hila los años y las generaciones.
Empezaría una historia diciendo: "El labrador fue al campo a sembrar sus semillas"
O bien: "Había una vez un hombre rico que tenía muchas viñas"
O bien: "Un pastor contó sus ovejas al anochecer y encontró que le faltaba una."
Y tales palabras adentrarían a sus oyentes en lo más simple de sus egos y en lo más remoto de sus días.
En lo hondo del corazón todos somos labradores, y a todos nos encantan las viñas. Y en los campos de pastoreo de nuestra memoria hay un pastor y un rebaño y la oveja perdida.
Y está la reja del arado y el lagar y la era.
Conocía la fuente de nuestro más antiguo ego, y el hilo consistente de que estaba tejido.
Los oradores griegos y los romanos hablaban a sus oyentes de la vida tal como se presentaba a la mente. El Nazareno hablaba de un anhelo fervoroso que residía en el corazón.
Ellos veían la vida con ojos solo un poco más claros que los vuestros y los míos. Él veía en la luz de Dios.
A menudo pienso que Él hablaba a las multitudes como una montaña hablaría a la llanura.
Y en su discurso había un poder que escapaba al dominio de los oradores de Atenas o de Roma.

Del libro "Jesus, el Hijo del Hombre", de Khalil Gibran


Me encanta este libro, con pequeñas historias contadas por los que vivieron en el tiempo en que vivió Jesús... convivieron con él. Cada uno ve una cosa distinta y nos muestran un Jesús humano, de una dimensión gigantesca... pero humano, lo que para mí lo hace más grande aún que esa figura imposible que necesitó la iglesia para sus fines.
En esta historia esta contado el poder de oratoria de un tipo especial, los símbolos eternos a los que apela para llegar a su auditorio, esos que, a pesar del paso de los siglos, siguen estando ahí, siempre. Están los oradores seculares ocupados, como hoy día, de las cuestiones básicas de la supervivencia... del comer y volar para comer. Y también está, en la imagen de la montaña y la llanura, lo que nunca podrá ser contado, lo que ningún poder de oratoria podrá nunca transmitir. ¿Cómo la montaña le va a contar de las alturas a la llanura?, es imposible... solo puede contar algo que mueva imperceptiblemente el entendimiento del que escucha y, tal vez, ese desasosiego que genere en algunos que perciban que su entendimiento es escaso, termine por empujarlos a crucificar a aquel que se atrevió a contar un mundo que estaba más allá de lo que ellos podrían ver.


viernes, 2 de mayo de 2014

Santiago, el Hijo de Zebedeo

(Extracto)



... Entonces, en ese preciso instante, Judas Iscariote se adelantó, se aproximó a Jesús y dijo:
"Mira: los reinos de este mundo son vastos; y ve que las ciudades de David y Salomón habrán de prevalecer sobre los romanos. Si tu quieres ser el Rey de los judíos, estaremos junto a ti con espada y escudo, y venceremos al intruso".

Pero, cuando Jesús oyó esto se volvió hacia Judas, y su rostro se llenó de ira. Y habló con vos terrible como el trueno del cielo, y dijo: 
"Apártate de mí, Satanás. ¿Crees tú que he descendido el curso de los años para gobernar en un hormiguero por un día?"
"El mío es un trono que está más allá de vuestra visión. Aquel cuyas alas ciñen la tierra ¿buscará albergue en un nido abandonado y olvidado?"
"Será el dotado de vida, honrado y exaltado por los que usan mortajas?"
"Mi reino no es de este mundo, y mi sol se levanta sobre las calaveras de vuestros antepasados."
"Si buscáis algo que no sea el reino del espíritu, será mejor para vosotros que me dejéis aquí, y bajéis a las cuevas de vuestros muertos, donde las cabezas coronadas de antaño conservan sus cortes en las tumbas, y puede que estén todavía confiriendo honores a los huesos de vuestros antepasados."
"Te atreves a tentarme con una corona de escoria, cuando mi frente busca las pléyades, o cualquier cosa menos vuestros abrojos?."
"Si no fuera por un sueño soñado por una raza olvidada, no sufriría yo que vuestro sol se levantare sobre mi paciencia, ni que vuestra luna arrojara mi sombra sobre vuestros senderos."
"Si no fuera por el deseo de una madre, me hubiera yo despojado de los pañales, y me habría escapado retornando al espacio."
"Y, si no fuera por la pena de todos vosotros, no me habría quedado a llorar."
"¿Quién eres y qué eres, Judas Iscariote? ¿Y por qué me tientas?"
"¿Me has pesado realmente en la balanza, y has encontrado en mí a alguien para conducir legiones de pigmeos y guiar los carros de guerra de las sombras contra un enemigo que acampa solamente en vuestro odio y no marcha a parte alguna si no es en vuestro miedo?"
"Demasiados gusanos se arrastran a mis pies, y no les doy batalla. estoy cansado de la burla, y cansado de compadecer a los reptiles que me tienen por cobarde porque no quiero ir de aquí para allá entre sus fortificadas murallas y torres."
"Lástima es que sea de toda necesidad que deba tener yo lástima hasta el mismo final. Ojalá pudiera encaminar mis pasos hacia un mundo más grande, residencia de grandes hombres. pero, ¿cómo podré?"
"Vuestro sumo sacerdote y vuestro emperador quisieran mi sangre. Quedarán satisfechos antes de que me vaya. No sería yo quien cambiase el curso de la ley. No sería yo quien gobernara sobre locos."
"Dejad a la ignorancia que se reproduzca hasta que se canse de su propio vástago."
"Dejad al ciego guiar al ciego hasta la trampa."
"Y dejad que los muertos entierren a sus muertos hasta que la tierra se atragante con su propio fruto amargo."
"Mi reino no es de la tierra. Mi reino estará donde dos o tres de vosotros os encontréis en el amor y en la admiración hacia el encanto de la vida, en gozosa armonía y en recuerdo mío."

Luego se volvió de pronto hacia Judas y le dijo: 
"Atrás, hombre. Apártate. Tus reinos nunca tendrán cabida en mi reino."

Era ya el crepúsculo, y Él, dirigiéndose a nosotros, nos dijo:
"Descendamos. La noche se nos viene encima. Caminemos a la luz mientras la luz esté con nosotros"...

... "Esta noche los zorros tendrán sus madrigueras, y los pájaros del aire sus nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene en la tierra dónde apoyar la cabeza. Y la verdad es que ahora quisiera estar a solas. Si lo deseáis, podréis hallarme de nuevo junto al lago donde os encontré."

Entonces nos alejamos de Él con pesadumbre en los corazones, porque no era nuestro deseo dejarlo.
Muchas veces nos detuvimos y nos volvimos hacia Él y lo vimos en solitaria majestad, caminando rumbo al oeste.
El único de nosotros que no se volvió a contemplarlo en su soledad, fue Judas Iscariote.
Y desde ese día Judas se volvió sombrío y distante. Me pareció que había peligro en las cuencas de sus ojos.

Del libro Jesús, el Hijo del Hombre, de Khalil Gibran



viernes, 11 de abril de 2014

Dar




"Das poco cuando das tus posesiones. Es cuando das de ti mismo cuando realmente das."

Khalil Gibran


Me gusta esta frase, siento algo similar.
Me gusta la gente que da, no lo que le sobra, sino eso que para ser dado debe ser arrancado... eso que es como dar un pedazo tuyo. Me gusta el que da lo más querido, lo que le es esencial. Y no estoy hablando de dar cosas materiales, hablo de cosas intangibles (otra vez lo inmaterial)...

"Lo que me atormenta no lo curan las sopas populares. Lo que me atormenta no son esos huecos, ni esos bultos, ni esa fealdad. Es, en estos hombres, un poco, Mozart asesinado."

Esto decía Saint-Exupéry en Tierra de Hombres y, creo, define lo que intento decir...


miércoles, 9 de octubre de 2013

De la esposa de Pilato a una dama romana




Iba yo paseando con mis doncellas por los huertos de las afueras de Jerusalén cuando lo vi entre unos pocos hombres y mujeres sentados a su alrededor, y les hablaba en un lenguaje que yo solo a medias entendía.
Pero una no necesita de un lenguaje para percibir una columna de luz o una montaña de cristal. El corazón conoce lo que la lengua nunca puede proferir y el oído jamás puede oír.
El hablaba a sus amigos de amor y de poder. Sé que les hablaba de amor porque había melodía en su voz, y sé que les hablaba de poder porque había ejércitos en sus ademanes. Y El era tierno, aunque ni siquiera mi esposo pudo haber hablado con semejante autoridad.
Cuando El me vio pasar, interrumpió un instante su discurso y me dirigió una mirada de amable indulgencia. Y me sentí humillada, y en mi alma supe que había pasado junto a un dios.
Después de ese día su imagen visitó mi intimidad cada vez que me sustraía a la sociedad de hombres y mujeres; y sus ojos buscaban mi alma cuando mis propios ojos estaban cerrados. Y su voz rige la quietud de mis noches.
Estoy por siempre cautiva, y hay paz en mi pesar y libertad en mis lágrimas.
Amiga bienamada, nunca viste tú a ese hombre y nunca lo verás.
El partió mas allá de nuestros sentidos; pero, de entre todos los hombres, El es ahora el más próximo a mí.

Extraído del libro "Jesus, el hijo del hombre", de Khalil Gibran.


Nataniel




Dicen que Jesús de Nazaret era manso y humilde. Dicen que Él, aunque justo y recto, era temeroso, si bien era a menudo tomado por fuerte y poderoso; y que cuando estaba en presencia de hombres de autoridad no era sino un cordero entre leones.
Pero yo digo que Jesús tenía dominio sobre los hombres y que El lo sabía y lo proclamaba entre las colinas de Galilea y en las ciudades de Judea y Fenicia.
¿Qué hombre dócil y blando podría decir: "Yo soy la vida y el camino a la verdad?"
¿Qué hombre manso y humilde podría decir: "Yo estoy en Dios, nuestro Padre; y nuestro Dios, el Padre, está en mí?"
¿Qué hombre inadvertido de su propia fuerza hubiera dicho: "Aquel que no cree en mí no cree en esta vida ni en la vida eterna?"
¿Qué hombre inseguro del mañana proclamaría: "Vuestro mundo pasará y no será más que cenizas dispersas antes de que se extinga el eco de mis palabras?"
¿Dudaba El acaso de sí mismo cuando dijo a quienes querían comprometerlo con una ramera: "Aquel que esté sin pecado que arroje la primera piedra?"
¿Temía a la autoridad cuando echó a los cambistas del atrio del templo, aunque estaban con la licencia de los sacerdotes?"
¿Estaban rotas sus alas cuando dijo a gritos: "Mi reino está por encima de vuestros reinos terrenales?"
¿Estaba El buscando albergue en las palabras cuando repetía una y otra vez: "Destruid este templo y lo reconstruiré en tres días?"
¿Era cobarde El que agitaba su mano en la cara de los poderosos llamándolos "mentirosos, ruines, inmundos y degenerados?"
Un hombre lo bastante osado como para decir estas cosas a quienes gobernaban en Judea, ¿podría ser considerado manso y humilde?
No, por cierto. El águila no construye su nido en el sauce llorón. Y el león no busca su guarida entre los helechos.
Me asquea y se me revuelven las entrañas cuando oigo a los pusilánimes llamar a Jesús manso y humilde para justificar su propia flaqueza; y cuando el humillado, para sentirse consolado y acompañado habla de Jesús como de un gusano que brillara a su lado.
Si, mi corazón se asquea frente a tales hombres. Prefiero llevar mi prédica al cazador vigoroso y al indomeñable espíritu montaráz.

Extraído del libro "Jesus, el hijo del hombre", de Khalil Gibran.




viernes, 29 de marzo de 2013

Poncio Pilato




Mi esposa me habló de El muchas veces antes de que fuera traído a mi presencia, pero no me interesé.
Mi esposa es una soñadora y es dada, como tantas mujeres romanas de su rango, a cultos y rituales orientales. Y estos cultos son peligrosos para el Imperio; y cuando encuentran un sendero hacia el corazón de nuestras mujeres se convierten en destructivos.
Egipto llegó a su fin cuando los Hyksos de Arabia llevaron hasta él al Dios único de su desierto. Y Grecia fue dominada y reducida a polvo cuando Astarté vino con sus siete doncellas desde las costas sirias.
En cuanto a Jesús, yo nunca lo había visto antes de que me lo entregaran como a un malechor, como a un enemigo de su propia nación y también de Roma.
Fue traído al tribunal con los brazos atados con cuerdas a su cuerpo.
Yo estaba en mi sitial del estrado y avanzó hacia mí con pasos firmes y largos; luego permaneció erguido, la cabeza en alto.
Y no puedo sondar que ocurrió en mis adentros en ese instante; pero, de súbito, irrumpió en mí el deseo, aunque no la voluntad, de abandonar el estrado y caer a sus pies.
Sentí como si César hubiera entrado al tribunal, un hombre más grande que la misma Roma.
Pero esto solo duró un instante. Y luego vi simplemente a un hombre acusado de traición por su propio pueblo. Y yo era su gobernador y su juez.
Lo interrogué; pero El no dio muestras de querer responder. Se limitaba a mirarme. Y en su mirada había lástima, como si El fuera mi gobernador y mi juez.
Entonces se levantó desde afuera el clamor de la multitud.
Pero El permaneció silencioso, y sin embargo El estaba mirándome con lástima en sus ojos.
Y yo salí a las gradas del palacio, y cuando las gentes me vieron, cesaron de gritar. Y yo les dije: "¿Qué queréis hacer con este hombre?"
Y ellos gritaron a una sola voz. "Queremos crucificarlo. Es nuestro enemigo y el enemigo de Roma".
Y por ahí, en medio de la muchedumbre, uno gritó: "¿No dijo El que destruiría el templo? Y ¿No era El quien pretendía el reino? No tenemos otro rey que César."
Entonces los dejé y volví de nuevo a la Sala del Tribunal y lo vi todavía allí, solo, siempre en alto la cabeza.
Y recordé lo que había leído de un filósofo griego: "El hombre solitario es el más fuerte de los hombres".
En ese momento el Nazareno era más fuerte que su raza. Y no me sentí clemente hacia El. Estaba más allá de mi clemencia.
Entonces le pregunté: "¿eres tú el Rey de los Judíos?" 
Y El no dijo una sola palabra.
Y le pregunté de nuevo: "¿No has dicho tú que eres el Rey de los Judíos?"
Y El puso los ojos en mí.
Entonces respondió con vos tranquila: "tú mismo me has proclamado Rey. Tal vez para éste fin yo he nacido, y por esta causa vine a dar testimonio de la verdad".
¡Mirad que hombre: hablar de la verdad en semejante momento!
En mi impaciencia alcé la voz, tanto para mí mismo como para El: "¿Qué es la verdad? y ¿qué sentido tiene la verdad para el inocente cuando la mano del ejecutor está ya sobre él?"
Entonces Jesús dijo con firmeza: "Nadie dominará al mundo si no es con el Espíritu y la Verdad"
Y le pregunté: "¿Eres tú el Espíritu?"
El respondió: "Tú también lo eres, aunque no lo sepas"
Y ¿qué era el Espíritu y qué era la Verdad cuando yo, en nombre del Estado, y ellos a causa del celo por sus antiguos ritos, entregábamos a la muerte a un hombre inocente? 
Ningún hombre, ninguna raza, ningún imperio se detendría jamás frente a una verdad en su camino hacia su propio logro.
Y volví a preguntar: "¿Eres tú el Rey de los Judíos?"
Y El respondió: "Eres tú quien lo dice. Yo he conquistado al mundo antes de ésta hora"
Y ya esto solo, de todo cuanto decía, era impropio, tanto más cuanto que solamente Roma había conquistado al mundo.
Pero ya las voces del pueblo se alzaban de nuevo y el ruido fue mayor que antes.
Y descendí de mi sitial y le dije: "sígueme".
Y otra vez aparecí en las gradas del palacio y El permaneció de pie, a mi lado.
Cuando la muchedumbre lo vio bramó con el bramido del trueno. Y de su clamor yo no discernía otra cosa que: "¡crucifícale, crucifícale!"
Entonces lo transferí a los sacerdotes que me lo habían traído y les dije: "haced lo que queráis con este hombre justo. Y si es vuestro deseo llevad con vosotros soldados de Roma para su custodia."
Entonces se lo llevaron y yo decreté que fuera escrito sobre la cruz, encima de su cabeza: "Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos". Si por mí fuera, yo habría hecho escribir: "Jesús de Nazaret, un Rey".
Y el hombre fue desnudado y azotado y crucificado.
Habría estado en mi poder salvarlo, pero salvándolo a El habría provocado una revolución; y siempre es prudente para el gobernador de una provincia romana no ser intolerante con los escrúpulos religiosos de una raza conquistada.
Hoy creo que el hombre era algo más que un agitador. Lo que decreté no lo hice por propio convencimiento, sino mas bien por la seguridad de Roma.
No mucho después dejamos Siria y desde ese día mi esposa ha sido una mujer de pesares. Algunas veces, aún aquí, en éste jardín, veo la tragedia en su rostro.
Me han dicho que habla mucho de Jesús a otras mujeres de Roma.
¡Mirad, pues, cómo el hombre cuya muerte decreté retorna del mundo de las sombras y entra en mi propia casa!
Y dentro de mí mismo pregunto una y otra vez: "¿qué es verdad y qué no es verdad?"
¿Será posible que el sirio nos esté conquistando en las tranquilas horas de la noche?
No debería ser así, por cierto.
Porque Roma debe imperiosamente prevalecer contra las pesadillas de nuestras esposas.

Khalil Gibran, Jesús, el hijo del hombre

jueves, 14 de marzo de 2013

José, apodado el justo


Dicen que era vulgar, vástago ordinario de común semilla, hombre tosco y violento.
Dicen que solamente el viento peinaba sus cabellos, y solamente la lluvia juntaba a sus ropas con su cuerpo.
Lo consideran loco, y atribuyen sus palabras a demonios.
Reparad, sin embargo, en que el Hombre despreciado sonaba a desafío y que el sonido así originado jamás cesará.
Cantó una canción y nadie detendrá esa melodía. Volará de generación en generación y se elevará de esfera a esfera recordando los labios que la hicieron nacer y los oídos que la acunaron.
Era un extranjero. Si. El era un extranjero, un caminante rumbo a su santuario, un visitante que golpeó a nuestra puerta, un huésped venido de un lejano país.
Y como no encontró a un anfitrión afable, El retornó a su propio lugar.

Extraído del libro "Jesús, el hijo del hombre", de Khalil Gibran.


miércoles, 13 de marzo de 2013

Jotham de Nazaret, a un romano




A tí, oh amigo mío, como a todos los demás romanos, te gustaría más concebir la vida que vivirla. Quisieras gobernar tierras antes que ser gobernado por el espíritu.
Quisieras conquistar razas y ser maldecido por ellas, antes que permanecer en Roma bendecido y feliz.
No piensas sino en ejércitos en marcha y en barcos lanzados al mar.
¿Cómo entenderás entonces a Jesús de Nazaret, un hombre sencillo y solitario, que vino sin ejércitos ni barcos, a establecer un reino en el corazón y un imperio en los espacios libres del alma?
¿Cómo entenderás a éste hombre que no era un guerrero, pero que vino con la etérea potestad de los cielos?
No era un dios. Era un hombre como nosotros; pero en El la mirra de la tierra subió al encuentro del incienso del cielo; y en sus palabras nuestro balbuceo abarcó el susurro de lo invisible; y en su voz oíamos una canción insondable.
Si; Jesús fue un hombre y no un dios, y en ello está nuestro asombro y nuestra sorpresa.
Pero vosotros, romanos, no os asombráis de nada fuera de los dioses, y ningún hombre os sorprenderá. Por lo tanto, no entendéis al Nazareno.
Pertenecía a la juventud de la mente y vosotros pertenecéis a su ancianidad.
Nos gobernáis hoy; pero esperemos otro día.
¿Quién sabe si este hombre sin ejércitos ni barcos gobernará mañana?
Nosotros los que seguimos al espíritu sudaremos sangre peregrinando tras El. Pero Roma no será más que un blanco esqueleto tendido al sol.
Sufriremos mucho; no obstante, resistiremos y viviremos. Pero Roma debe inevitablemente sumirse en el polvo.
Sin embargo, si Roma, humillada y abatida, pronuncia su nombre, El prestará oídos a su voz. E insuflará nueva vida a sus huesos para que pueda levantarse otra vez y ser una ciudad entre las ciudades de la tierra.
Pero esto El lo hará sin legiones, ni esclavos del remo en sus galeras. El estará solo.

Extraído del libro "Jesus, el hijo del hombre", de Khalil Gibran.


Como estrellas

  "La mayoría de los seres humanos son como hojas que caen de los árboles: vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se pre...