domingo, 31 de marzo de 2013
Barrer los pensamientos
Cada vez que se alce un pensamiento, arrójalo lejos.
Dedícate a barrer los pensamientos.
Barrer los pensamientos significa meditar.
Cuando se dejan de lado los pensamientos, aparece "el rostro original".
Los pensamientos son como nubes: cuando aclara, aparece la luna. Esa luna de eterna verdad es "el rostro original".
Shuho Myocho (Japón, 1282–1337)
viernes, 29 de marzo de 2013
Poncio Pilato
Mi esposa me habló de El muchas veces antes de que fuera traído a mi presencia, pero no me interesé.
Mi esposa es una soñadora y es dada, como tantas mujeres romanas de su rango, a cultos y rituales orientales. Y estos cultos son peligrosos para el Imperio; y cuando encuentran un sendero hacia el corazón de nuestras mujeres se convierten en destructivos.
Egipto llegó a su fin cuando los Hyksos de Arabia llevaron hasta él al Dios único de su desierto. Y Grecia fue dominada y reducida a polvo cuando Astarté vino con sus siete doncellas desde las costas sirias.
En cuanto a Jesús, yo nunca lo había visto antes de que me lo entregaran como a un malechor, como a un enemigo de su propia nación y también de Roma.
Fue traído al tribunal con los brazos atados con cuerdas a su cuerpo.
Yo estaba en mi sitial del estrado y avanzó hacia mí con pasos firmes y largos; luego permaneció erguido, la cabeza en alto.
Y no puedo sondar que ocurrió en mis adentros en ese instante; pero, de súbito, irrumpió en mí el deseo, aunque no la voluntad, de abandonar el estrado y caer a sus pies.
Sentí como si César hubiera entrado al tribunal, un hombre más grande que la misma Roma.
Pero esto solo duró un instante. Y luego vi simplemente a un hombre acusado de traición por su propio pueblo. Y yo era su gobernador y su juez.
Lo interrogué; pero El no dio muestras de querer responder. Se limitaba a mirarme. Y en su mirada había lástima, como si El fuera mi gobernador y mi juez.
Entonces se levantó desde afuera el clamor de la multitud.
Pero El permaneció silencioso, y sin embargo El estaba mirándome con lástima en sus ojos.
Y yo salí a las gradas del palacio, y cuando las gentes me vieron, cesaron de gritar. Y yo les dije: "¿Qué queréis hacer con este hombre?"
Y ellos gritaron a una sola voz. "Queremos crucificarlo. Es nuestro enemigo y el enemigo de Roma".
Y por ahí, en medio de la muchedumbre, uno gritó: "¿No dijo El que destruiría el templo? Y ¿No era El quien pretendía el reino? No tenemos otro rey que César."
Entonces los dejé y volví de nuevo a la Sala del Tribunal y lo vi todavía allí, solo, siempre en alto la cabeza.
Y recordé lo que había leído de un filósofo griego: "El hombre solitario es el más fuerte de los hombres".
En ese momento el Nazareno era más fuerte que su raza. Y no me sentí clemente hacia El. Estaba más allá de mi clemencia.
Entonces le pregunté: "¿eres tú el Rey de los Judíos?"
Y El no dijo una sola palabra.
Y le pregunté de nuevo: "¿No has dicho tú que eres el Rey de los Judíos?"
Y El puso los ojos en mí.
Entonces respondió con vos tranquila: "tú mismo me has proclamado Rey. Tal vez para éste fin yo he nacido, y por esta causa vine a dar testimonio de la verdad".
¡Mirad que hombre: hablar de la verdad en semejante momento!
En mi impaciencia alcé la voz, tanto para mí mismo como para El: "¿Qué es la verdad? y ¿qué sentido tiene la verdad para el inocente cuando la mano del ejecutor está ya sobre él?"
Entonces Jesús dijo con firmeza: "Nadie dominará al mundo si no es con el Espíritu y la Verdad"
Y le pregunté: "¿Eres tú el Espíritu?"
El respondió: "Tú también lo eres, aunque no lo sepas"
Y ¿qué era el Espíritu y qué era la Verdad cuando yo, en nombre del Estado, y ellos a causa del celo por sus antiguos ritos, entregábamos a la muerte a un hombre inocente?
Ningún hombre, ninguna raza, ningún imperio se detendría jamás frente a una verdad en su camino hacia su propio logro.
Y volví a preguntar: "¿Eres tú el Rey de los Judíos?"
Y El respondió: "Eres tú quien lo dice. Yo he conquistado al mundo antes de ésta hora"
Y ya esto solo, de todo cuanto decía, era impropio, tanto más cuanto que solamente Roma había conquistado al mundo.
Pero ya las voces del pueblo se alzaban de nuevo y el ruido fue mayor que antes.
Y descendí de mi sitial y le dije: "sígueme".
Y otra vez aparecí en las gradas del palacio y El permaneció de pie, a mi lado.
Cuando la muchedumbre lo vio bramó con el bramido del trueno. Y de su clamor yo no discernía otra cosa que: "¡crucifícale, crucifícale!"
Entonces lo transferí a los sacerdotes que me lo habían traído y les dije: "haced lo que queráis con este hombre justo. Y si es vuestro deseo llevad con vosotros soldados de Roma para su custodia."
Entonces se lo llevaron y yo decreté que fuera escrito sobre la cruz, encima de su cabeza: "Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos". Si por mí fuera, yo habría hecho escribir: "Jesús de Nazaret, un Rey".
Y el hombre fue desnudado y azotado y crucificado.
Habría estado en mi poder salvarlo, pero salvándolo a El habría provocado una revolución; y siempre es prudente para el gobernador de una provincia romana no ser intolerante con los escrúpulos religiosos de una raza conquistada.
Hoy creo que el hombre era algo más que un agitador. Lo que decreté no lo hice por propio convencimiento, sino mas bien por la seguridad de Roma.
No mucho después dejamos Siria y desde ese día mi esposa ha sido una mujer de pesares. Algunas veces, aún aquí, en éste jardín, veo la tragedia en su rostro.
Me han dicho que habla mucho de Jesús a otras mujeres de Roma.
¡Mirad, pues, cómo el hombre cuya muerte decreté retorna del mundo de las sombras y entra en mi propia casa!
Y dentro de mí mismo pregunto una y otra vez: "¿qué es verdad y qué no es verdad?"
¿Será posible que el sirio nos esté conquistando en las tranquilas horas de la noche?
No debería ser así, por cierto.
Porque Roma debe imperiosamente prevalecer contra las pesadillas de nuestras esposas.
Khalil Gibran, Jesús, el hijo del hombre
miércoles, 27 de marzo de 2013
Salir de la Trampa
... la relatividad no es solo una cuestión humana, sino la verdadera naturaleza de la vida. Es una especie de acto de equilibrio, que se diferencia de los equilibrios normales en que el sistema siempre se equilibra. Por mucho que podamos alejarnos hacia un lado, la vida acostumbra manifestarse por el otro. Pero no podemos percibirlo así por exactamente la misma razón por la que de ordinario no pensamos que el espacio sea real. La mayoría de la gente siente que el espacio es nada. Pero cuando empezamos a pensarlo cuidadosamente, vemos que espacio y sólido son recíprocamente relativos, que no podemos concebir ningún cuerpo sólido, excepto en el espacio. Y, al revés, no podemos concebir el espacio, excepto ocupado por cuerpos sólidos...Tal y como dijo Einstein en una ocasión, el pez, claro está, no es consciente del agua. Y, de la misma manera, nosotros no somos conscientes del espacio como agente real de algún tipo, como algo que realmente está ahí. Así pues, así como pensamos que los cuerpos sólidos son más reales que el espacio, de la misma forma ponemos el énfasis en lo positivo - el aspecto yang de las cosas, en lugar del yin - y no en el negativo. Y por ello no hacemos más que permanecer en la búsqueda de las cosas positivas de la vida: el bien, el placer y demás, y llegamos a pensar que de alguna manera podemos poseerlas separadas y alejadas de sus polaridades opuestas. No olviden nunca que no se trata simplemente de un caso de oposición. Polaridad y mera oposición son conceptos algo distintos, porque cuando decimos que estos opuestos son polares, queremos decir que de hecho son los términos abstractos o extremos de una especie de continuidad que los une. Igualmente las dos caras de una moneda son superficies euclidianas de un cuerpo sólido: la moneda es una; el imán es uno. Pero las cabezas y los extremos son diferentes, y los polos positivo y negativo de un imán son diferentes. Lo que tenemos aquí es la paradójica situación de diferencias idénticas, explícitamente diferentes pero implícitamente uno.Y así vamos profundizando en la situación de comprender que no hay nada que podamos hacer para que todo sea siempre mejor. Y, en realidad, cuanto más tratamos de conseguirlo, más ciegos nos volvemos a la situación relativa, a la naturaleza de la realidad.
Alan Watts
sábado, 16 de marzo de 2013
La persona
"Un gran maestro Zen de la era Meijí llamado Keichú, era el abad de un templo principal de Kyoto el Tofuku.
El nuevo gobernador de la ciudad fue a visitarlo por primera vez. Al llegar al templo le entregó su tarjeta de presentación al asistente de Keichú. Éste se la llevó al abad. En la tarjeta ponía: "Kitagaki, Gobernador de Kyoto". Al verla, Keichú le dijo a su asistente:
-Ve y dile que se marche. No tengo nada que ver con esa persona.
El asistente se disculpó ante el gobernador, devolviéndole su tarjeta. A lo que éste, que era un hombre juicioso, respondió:
-He cometido un error.
Tras decir esto, cogió la tarjeta de presentación y tachó las palabras "Gobernador de Kyoto", pidiendo al asistente que, por favor, de nuevo se la entregue a Keichú.
-¡Ah!, es Kitagaki - exclamó el maestro al leer la tarjeta -, quiero recibir a esta persona."
Extraído del libro "Sabiduría Zen", Bankei.
Ahora bien, no es difícil asociar al vocablo ‘persona’ con el teatro, basta con recordar algunos de sus derivados: personalidad, personaje, personificar; pero también tiene una relación directa con el sonido. Proviene del latín ‘persona’, compuesta por el prefijo ‘per’ con una connotación superlativa y por ‘sonus’, sonido. Significaba máscara que hace mucho ruido o que retumba.
La personalidad vendría a ser nuestra máscara, algo que utilizamos para hacernos oír, para ser vistos, nuestra manera de interactuar en el "teatro mágico", cada una de las caras del cubo del rompecabezas... interesante.
La personalidad vendría a ser nuestra máscara, algo que utilizamos para hacernos oír, para ser vistos, nuestra manera de interactuar en el "teatro mágico", cada una de las caras del cubo del rompecabezas... interesante.
Unimos los radios en una rueda,
pero es el agujero central
lo que permite que el carro se mueva.
Torneamos la arcilla para hacer una vasija,
pero es el vacío interno
lo que contiene aquello que vertemos en ella.
Hincamos estacas para construir una cabaña,
pero es el espacio interior
lo que la hace habitable.
Trabajamos con el Ser,
pero es el No-Ser lo que usamos
Del Tao Te Ching de Lao Tse, en la traducción de Stephen Mitchell
jueves, 14 de marzo de 2013
José, apodado el justo
Dicen que era vulgar, vástago ordinario de común semilla, hombre tosco y violento.
Dicen que solamente el viento peinaba sus cabellos, y solamente la lluvia juntaba a sus ropas con su cuerpo.
Lo consideran loco, y atribuyen sus palabras a demonios.
Reparad, sin embargo, en que el Hombre despreciado sonaba a desafío y que el sonido así originado jamás cesará.
Cantó una canción y nadie detendrá esa melodía. Volará de generación en generación y se elevará de esfera a esfera recordando los labios que la hicieron nacer y los oídos que la acunaron.
Era un extranjero. Si. El era un extranjero, un caminante rumbo a su santuario, un visitante que golpeó a nuestra puerta, un huésped venido de un lejano país.
Y como no encontró a un anfitrión afable, El retornó a su propio lugar.
Extraído del libro "Jesús, el hijo del hombre", de Khalil Gibran.
Tú eres el mar!
(Grabado Utagawa Hiroshige)
Tairo, un estudiante zen, se dirigió a su maestro en tono convencido:
—El resplandor del Buda ilumina el universo entero.
—Esa frase no es tuya, Tairo. Tú no piensas; solo recitas.
—Maestro —protestó el estudiante—, me alimento de los textos sagrados, leo sin reposo a los grandes autores del pasado, nunca ceso en mi búsqueda de la verdad del Buda…
—Te pareces a un pececito que pregunta en todas partes dónde está el mar… —le dijo el anciano sonriendo.
—¿Qué quieres decir, maestro?
—Tú naciste en el mar, tú vives en el mar, tú morirás en el mar. No busques más, Tairo: ¡tú eres el mar!
Extraído de: http://www.facebook.com/ComunidadZenSotoshu
miércoles, 13 de marzo de 2013
Jotham de Nazaret, a un romano
A tí, oh amigo mío, como a todos los demás romanos, te gustaría más concebir la vida que vivirla. Quisieras gobernar tierras antes que ser gobernado por el espíritu.
Quisieras conquistar razas y ser maldecido por ellas, antes que permanecer en Roma bendecido y feliz.
No piensas sino en ejércitos en marcha y en barcos lanzados al mar.
¿Cómo entenderás entonces a Jesús de Nazaret, un hombre sencillo y solitario, que vino sin ejércitos ni barcos, a establecer un reino en el corazón y un imperio en los espacios libres del alma?
¿Cómo entenderás a éste hombre que no era un guerrero, pero que vino con la etérea potestad de los cielos?
No era un dios. Era un hombre como nosotros; pero en El la mirra de la tierra subió al encuentro del incienso del cielo; y en sus palabras nuestro balbuceo abarcó el susurro de lo invisible; y en su voz oíamos una canción insondable.
Si; Jesús fue un hombre y no un dios, y en ello está nuestro asombro y nuestra sorpresa.
Pero vosotros, romanos, no os asombráis de nada fuera de los dioses, y ningún hombre os sorprenderá. Por lo tanto, no entendéis al Nazareno.
Pertenecía a la juventud de la mente y vosotros pertenecéis a su ancianidad.
Nos gobernáis hoy; pero esperemos otro día.
¿Quién sabe si este hombre sin ejércitos ni barcos gobernará mañana?
Nosotros los que seguimos al espíritu sudaremos sangre peregrinando tras El. Pero Roma no será más que un blanco esqueleto tendido al sol.
Sufriremos mucho; no obstante, resistiremos y viviremos. Pero Roma debe inevitablemente sumirse en el polvo.
Sin embargo, si Roma, humillada y abatida, pronuncia su nombre, El prestará oídos a su voz. E insuflará nueva vida a sus huesos para que pueda levantarse otra vez y ser una ciudad entre las ciudades de la tierra.
Pero esto El lo hará sin legiones, ni esclavos del remo en sus galeras. El estará solo.
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Wabi sabi
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