jueves, 9 de enero de 2020

Otra Vuelta al Sol




Una vuelta más al sol... me gustó eso. No me había dado cuenta. Nunca me doy cuenta de las cosas, hasta que me explotan. "Estás muy distraído", me dicen, "no le das bola a nada a tu alrededor". Mis hijos se ríen de ese estado de ensimismamiento en el que vivo. Otros, como mi madre, se enojan, mucho, siempre se enojó. Algunos creen que es una pose o una manera más "cómoda" de vivir, sin comprometerse. Pero se equivocan, estoy plenamente comprometido, no saben cuánto. Solo hay compromiso, pero con mi vida, con el vacío tras las máscaras. No hago otra cosa.
En fin, una vuelta más. Hasta acá han sido plenas, no cambiaría nada, solo agradezco lo que me ha tocado, porque creo que he tenido suerte, mucha suerte, justamente por andar siempre distraído. Un amigo me dijo alguna vez que yo tenía la suerte de los improvisados... nunca me dieron una definición más certera.


domingo, 22 de diciembre de 2019

Olvida la escalera




Una mujer le dijo al Roshi que le resultaba difícil combinar la práctica del zen con las exigencias de ser un ama de casa. "Siento como si estuviera tratando de subir una escalera, pero por cada escalón que subo, caigo dos escalones abajo".
"Olvida la escalera", le dijo Suzuki. "En el zen, todo está aquí en el suelo".


Momentos con Shunryu Suzuky, compilado por David Chadwick


viernes, 20 de diciembre de 2019

Dragón




Después de pasar dos años muy complicados, lentamente comenzarán a levantar vuelo, sacar las escamas del fango al que los llevó el año del chancho, inspirar y exhalar un nuevo aire que será prana para su nueva etapa, ciclo; saldrá del letargo a despabilarse y encenderse, y logrará recuperar su voltaje y dominio del cielo.
Su aliada, socia y cómplice, la rata, lo invitará a protagonizar un tiempo de grandes hazañas, de eros, de suerte en lo que emprenda, de nuevos amigos, amores que sacudirán con un fuerte viento sur los pliegues de sus alas y las teñirán con purpurina. La sensación de rejuvenecimiento será desde el ADN hasta el look; y aceptará el ciclo que tendrá gérmenes de nuevas semillas, fertilidad, prosperidad, ideas originales e innovadoras.
Tendrá FENG SHUI a favor en lo que inicie, el vacío con el que convivió irá lentamente llenándose de "lo esencial".
Recuperará el humor, a veces ácido, negro, pero necesario en tiempos de incertidumbre y cambios en los hábitos y costumbres del zoo.
El I Ching le es propicio: el hexagrama 46 habla de una subida, ascenso con esfuerzo, día a día, poniendo a favor lo que ha sembrado, soñado, trabajado en soledad y en comunidad.
El dragón tuvo duelos, separaciones, estepas siberianas de soledad en las que se escondió, se refugió para que no lo vieran; su ego se disolvió en la nieve, en las tórridas siestas del Valle de la Luna; en los peñascos del estrecho de Gibraltar, en las cuevas de Altamira, en los cenotes mayas.
Desapareció... aunque marcará tarjeta.
Por eso, su auto disciplina, temporada en el monasterio, Tíbet, lo esculpió para dejar en orden el tiempo caótico y recomenzar, re formular su vida, reinventarse con la bendición de la Vía Láctea, los planetas, asteroides y las estrellas nova.
La rata lo invitará a viajar en business y tomar el Expreso de Oriente hasta Estambul, bailar con las odaliscas, comer manjares árabes y visitar lugares sagrados; compartir las ganancias de los negocios que florecerán en cada lugar del planeta, para nuevas inversiones que serán patrimonio familiar cuando decida aterrizar en el año del buey.
Su intuición sabrá moderar cada oportunidad, no sobrepasarse en exigencias que pueden ser un boomerang, y recuperar la modestia, que no es algo usual en este signo.
Estar en equilibrio, en el punto medio, observando como un dron lo que ocurre con sus hermanos, supervisando el cambio climático, a los refugiados que intentan emigrar de sus países por guerras, tiranías, hambruna, o porque quieren intentar una nueva vida en otro continente o nación.
Y a quien pueda rescatar en sus alas, lo llevará a nuevos y más confortables lugares para renacer.
El dragón estará altruista y solidario.
Se embarcará en nuevos horizontes y mantendrá una amorosa calma que será una bendición para quienes lo admiran y aman.


L.S.D.



martes, 5 de noviembre de 2019

Curame




A todos nos abandonaron un día.
Y cuando digo abandonar, no me refiero solo a un acto extraordinario. Traumático. No. Es más simple. Pero duele igual.
A todos nos abandonaron en el medio de un quilombo. En el inicio de un proyecto. En el placer del logro cumplido. En el momento menos pensado. En el momento más esperado.
A veces pasa, que te das vuelta y no tenés quién te junte los mocos, quién te dé la palmada en la espalda, quién te guiñe el ojo cuando algo te salió bien y quién te limpie las rodillas cuanto te fuiste al pasto.
Todos sabemos de la soledad que se siente cuando nos sentimos solos. Porque todos fuimos abandonados un día.
Y entonces, encontramos un secreto tristísimo, un acto paliativo, para tapar ese pozo.
Vemos gente que se come la angustia tragándose un paquete de cigarrillos, el otro que corre y corre, como un loco, a ver si el viento en la cara le vuela ese agujero en el pecho. Personas que se comen las uñas, junto con los nervios y la ansiedad paralizante. Paquetes de galletitas que van a parar a la boca, sin noción de que lo que se intenta matar, no es el hambre. O por lo menos, no ese.
Pibes que se perforan la nariz y las venas, con alguna que otra cosa que lo pase a otra realidad por un par de horas. El otro se pone a jugar lo que no tiene. Vos, comprás, compulsivamente, cosas que no necesitás para sentirte un poco vivo por ese instante.
Y yo, me quedo mirando una película que me habilita, disimuladamente, a llorar mirando afuera, lo que no tengo ganas de mirar adentro.
Es que somos tan jodidos con nosotros mismos, que cuando peor estamos, es cuándo más nos castigamos. Porque todo eso que te comés, te come a vos. Te pone peor. Te suma al abandono, la culpa de hacer algo que sabés que no es genuino. Que no es lo que querés.
No comés así por hambre.
No corrés por deporte, cuando te estás rajando de vos.
No te intoxicas por placer.
No te acostás con esa mina por amor.
Tapás. Escondés. Tirás abajo de la alfombra. Cerrás los ojos. Te ponés un bozal y un par de auriculares para no escuchar tu corazón. Date cuenta. Te estás comiendo a vos.
Y quizás, el secreto está en frenar.
En sentir. En recordar que en ese abandono, lo que te falta es lo que tenés que buscar. Amor.
Quizás sea hora de pedir ese abrazo.
De acostarte en las rodillas de tu mamá. De poner la pava y llamar, diciendo sí, te juro que te necesito. Es ahora. Después no. Ahora.
Andá a esa casa. Hablá con quién te quiere. Escuchá
Llorá. Gritá. Decí. Vomitá. Pedí. Da.
Ahora.
Hacer malabares en medio del despelote, no te devuelve más que un resultado despelotado. Resultado que no va a curar la herida que te sangra, porque le estás metiendo una curita.
Las curitas no curan. Las curitas tapan.
Y vos sabés muy bien que el dolor tapado, no es dolor sanado.
Pará un poquito. Mirá en el espejo de tu alma.
Frená. Mirá lo que te falta y salí a buscarlo en dónde creas que lo puedas encontrar. De verdad. No revolotees como mosca en platos vacíos. Pedí lo que necesitás si ves que solo no podés. Porque no hay peor abandono que el que se hace a uno mismo. Con eso sí que no se juega. No tenés derecho.

Lorena Pronsky


domingo, 27 de octubre de 2019

Despedida de un Paisaje




No le reprocho a la primavera
que llegue de nuevo.
No me quejo de que cumpla
como todos los años
con sus obligaciones.

Comprendo que mi tristeza
no frenará la hierba.
Si los tallos vacilan
será sólo por el viento.

No me causa dolor
que los sotos de alisos
recuperen su murmullo.

Me doy por enterada
de que, como si vivieras,
la orilla de cierto lago
es tan bella como era.

No le guardo rencor
a la vista por la vista
de una bahía deslumbrante.
Puedo incluso imaginarme
que otros, no nosotros,
estén sentados ahora mismo
sobre el abedul derribado.

Respeto su derecho
a reír, a susurrar
y a quedarse felices en silencio.

Supongo incluso
que los une el amor
y que él la abraza a ella
con brazos llenos de vida.

Algo nuevo, como un trino,
comienza a gorgotear entre los juncos.
Sinceramente les deseo
que lo escuchen.

No exijo ningún cambio
de las olas a la orilla,
ligeras o perezosas,
pero nunca obedientes.
Nada le pido
a las aguas junto al bosque,
a veces esmeralda,
a veces zafiro,
a veces negras.

Una cosa no acepto.
Volver a ese lugar.
Renuncio al privilegio
de la presencia.

Te he sobrevivido suficiente
como para recordar desde lejos.


Wislawa Szymborska


miércoles, 18 de septiembre de 2019

Todo a un tiempo




Soy el cuchillo y la herida. Y no solo el cuchillo y la herida, también quien lleva a cabo el acto de herir y sufrir y, al mismo tiempo, el frío observador que anota cada detalle, que analiza y saca conclusiones, no importa si certeras o equivocadas. Tampoco importa si servirán mañana esas experiencias... 
Todo es un mismo acto, a un mismo tiempo, más allá de toda justificación...
Pero que esto suceda, es de la mayor importancia para que el universo no se hunda.



Wabi sabi

Encontrar la belleza en la simplicidad, la paz en lo imperfecto, lo impermanente y lo incompleto: estas palabras te inspirarán a bajar el ri...