sábado, 25 de julio de 2015

Hablen, tienen tres minutos




Hablen, tiene tres minutos 
De vuelta del paseo 
donde junté una florecita para tenerte entre mis dedos un momento, 
y bebí una botellas de Beaujolais, para bajar al pozo 
donde bailaba un oso luna, 
en la penumbra dorada de la lámpara cuelgo mi piel 
y sé que estaré solo en la ciudad 
más poblada del mundo. 
Excusarás este balance histérico, entre fuga a la rata y queja de morfina, 
teniendo en cuenta que hace frío, llueve sobre mi taza de café, 
y en cada medialuna la humedad alisa sus patitas de esponja. 
Máxime sabiendo 
que pienso en ti obstinadamente, como una ciega máquina, 
como la cifra que repite interminablemente el gongo de la fiebre 
el loco que cobija su paloma en la mano, acariciándola hora a hora 
hasta mezclar los dedos y las plumas en una sola miga de ternura. 
Creo que sospecharás esto que ocurre, 
como yo te presiento a la distancia en tu ciudad, 
volviendo del paseo donde quizá juntases 
la misma florecita, un poco por botánica, 
un poco porque aquí, 
porque es preciso 
que no estemos tan solos, que nos demos 
un pétalo, aunque sea un pasito, una pelusa.

Julio Cortázar


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