miércoles, 2 de abril de 2014

Delicadeza




No todo lo que escribo da como resultado una realización, resulta más una tentativa. Lo que también es un placer. Pues no todo quiero abarcar. A veces quiero sólo tocar. Después lo que toco a veces florece y los otros pueden tomarlo con las dos manos.

Clarice Lispector


Cajas estériles




Te he dicho: no se trata de esclavos ciegos, todas las opiniones están en todos los hombres. No porque los hombres sean versátiles, sino porque su verdad interior es verdad que no se halla en las palabras, vestiduras a su medida. Y precisas un poco de esto, un poco de aquello...
Porque has simplificado por medio de la libertad y la sujeción. Y oscilas entre uno y otro porque la verdad no está en cada uno, ni entre los dos, sino fuera de ambos. Pero ¿qué azar te permitiría asir en una sola palabra tu libertad interior? 
Las palabras son como cajas estériles. ¿Y cómo lo que te engrandece podría caber en una caja estéril?

Antoine de Sait-Exupéry, en Ciudadela, Capítulo CLII



Ritos




Porque te asombras del poder de mis ritos o de mi camino de campaña. Y al asombrarte te ciegas.
Observa al escultor: lleva en él algo inenunciable. Porque nunca es enunciable lo que pertenece al hombre y no al esqueleto de un hombre pasado. Y el escultor amasa para transportarlo a un rostro de arcilla.
Así pues, caminabas y has pasado delante de su obra y has mirado ese rostro quizá arrogante, quizá melancólico, después has continuado tu camino. Y ya no eras el mismo. Débilmente convertido, pero convertido, es decir: vuelto e inclinado en una nueva dirección, por corto tiempo quizá; pero por un tiempo.
Un hombre, pues, experimentaba un sentimiento informulable: dio algunos golpes con el pulgar en la arcilla. Colocó su arcilla en tu camino. Y he aquí que te cargas, si tomas esa ruta, con el mismo sentimiento informulable.
Y eso mismo si han transcurrido cien mil años entre su gesto y tu pasaje.

Antoine de Saint-Exupéry, en Ciudadela, capítulo CLVI


Canción de las simples cosas




Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas,
Lo mismo que un árbol en tiempos de otoño se queda sin hojas.
Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas,
Esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.

Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida,
Y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
Que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.

Demorate aquí, en la luz mayor de este mediodía,
Donde encontrarás con el pan al sol la mesa tendida.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
Que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.

Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida.

Armando Tejada Gómez - Cesar Isella


Actualidad




Si quieres que algo mengüe,
debes antes permitir que se expanda.
Si quieres librarte de algo,
debes antes permitir que florezca.
Si quieres tener algo,
debes antes permitir que sea dado.
A esto se llama la sutil percepción
de cómo son y suceden las cosas.

Lo blando puede a lo duro.
Lo lento puede a lo rápido.
Que tus obras permanezcan en el misterio.
Muestra sólo a la gente el resultado.

Lao-Tse, Tao-Te-Ching, Capítulo 36


A propósito de los tiempos que se viven y de los que vivo...




martes, 1 de abril de 2014

Aliviar




-Hacer que una cosa sea más ligera quitándole peso

-Aligerar, hacer menos pesada [una cosa]; quitar [a una persona o cosa] parte del peso que sobre ella carga

-Soliviar

-Hacer que una cosa, especialmente una molestia física o una enfermedad, disminuya en intensidad y sea menos grave o dolorosa

-Quitar parte del peso de algo y volverlo más liviano




-Decir eso que pesaba en el corazón...


Introspección




La introspección no es un lujo ni una huida individual, es un derecho y casi una condición para conseguir una sociedad lo más armónica posible: sólo mirándose uno mismo se puede ser capaz de saber mirar al otro, de interpretar lo que nos rodea

En las horas que pasó Kafka frente al espejo arreglándose el pelo está el germen de una de las más lúcidas miradas sobre el siglo XX.

En sus últimos años, desde la cama, Proust no hizo otra cosa que repasar su vida y con ello nos dejó una obra que es también un ensayo sobre la condición humana y el reflejo de la organización social de su tiempo. No hay otro modo de mirar más que de adentro hacia afuera, lo que vemos pasa por el filtro de nuestros propios miedos, deseos y obsesiones. Pensar en uno mismo inevitablemente lleva a pensar en la organización social, ya que es ahí donde uno, sin remedio, se integra. Es el “conócete a ti mismo” socrático, nada nuevo, comprenderse es comprender la naturaleza humana, y así, la tensión entre individualismo y sociedad desaparece. O al menos se suaviza.

Extraído de:

http://www.eldiario.es/zonacritica/horas-paso-Franz-Kafka-espejo_6_242935739.html



Siempre necesitamos del espejo para conocernos. A primera vista parecería superficial el conocimiento que nos puede devolver un espejo... parecería una actividad superficial y vanidosa, sin embargo, no hay otra manera de conocernos que parándonos frente a un espejo. Claro, los espejos no necesariamente son esos de cristal pintado, no, los mejores son esos espejos vivos con los que nos cruzamos casualmente o, quizás, no tan casualmente (sincronicidad), en nuestras vidas y nos devuelven imágenes de lo que somos. Cada uno de esos distinto al otro, cada uno devolviendo imágenes distintas con las que vamos construyendo nuestra imagen final. 

Si te miro es porque necesito verme...
Si te quiero es porque esa imágen que me devolves la intuyo esencial, una parte muy importante de mi propio yo (de acá saldrá el mito de la media naranja?)
Cortazar decía:

Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.
Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.
Por ahí un papelito
que solamente dice:
Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.


...Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.


El Maestro y el Pájaro

  El maestro y el pájaro Un sabio maestro quería evaluar la madurez y comprensión de sus tres alumnos más dedicados.  Un día, los llamó, le ...