viernes, 5 de febrero de 2016

Sunzi




Sun Wu, oriundo del Estado de Qi, fue recibido en audiencia por el rey de Wu, He Lu, con la intención de discurrir sobre el arte de la guerra.
El monarca dijo: "He leído vuestros trece capítulos, pero ¿podría concederme una prueba de su arte?".
"Por supuesto", contestó Sun Wu.
"Y ¿se atrevería a hacerlo con mujeres?", insistió el soberano.
"Por qué no", replicó el estratega.
Con tal fin el monarca le concedió las ciento ochenta mujeres más hermosas de su corte. Sun Wu las dividió en dos grupos,dispuso que las dos concubinas favoritas del rey tomaran el mando de cada una delas dos unidades y las armó con alabardas.
Entonces preguntó a las mujeres: "¿saben dónde se encuentra el corazón, la derecha, la izquierda y la espalda?".
"Si", contestaron las mujeres.
"Cuando diga "Adelante", marchad en la dirección de vuestro corazón; cuando diga "Izquierda", hacedlo en la dirección de vuestra mano izquierda; cuando diga "Derecha", hacedlo en la dirección de vuestra mano derecha; y cuando diga "Atrás",hacedlo en la dirección de vuestra espalda".
"Entendido", dijeron ellas.
Habiendo establecido esas órdenes, preparó el hacha de mando, se dirigió hacia ellas y les explicó varias veces el sentido de las instrucciones. Tras esto batió el tambor con la orden de marchar hacia la izquierda, mas las mujeres se echaron a reír.
El Maestro Sun dijo entonces: "Si las órdenes no están claras y las instrucciones nohan sido debidamente explicadas, la culpa es del general".
Repitió las órdenes y volvió a explicar las instrucciones varias veces. Después batió el tambor con la orden de marchar hacia la izquierda, pero las mujeres estallaron de nuevo en carcajadas.
El Maestro Sun dijo en esta ocasión: "Si las órdenes no están claras y las instrucciones no han sido debidamente explicadas, la culpa es del general; pero si, tras haber sido perfectamente aclaradas los soldados no las obedecen, la culpa es de los oficiales".
Y se dispuso a decapitar a las responsables de cada sección. El monarca que contemplaba el suceso desde la terraza, al ver con horror que sus dos amadas concubinas iban a ser ejecutadas envió un mensajero al Maestro Sun con la siguiente súplica: "Ya estoy convencido de que es capaz de conducir las tropas. Sin esas dos concubinas los manjares más exquisitos se volverán insípidos para mí. Ruego les perdone la vida".
El Maestro Sun respondió: "He sido investido como general responsable de estas tropas y, en tanto que general, no estoy obligado a obedeceros".
Y, como medida ejemplar, ejecutó a las dos concubinas responsables de cada sección al mismo tiempo que las sustituía por las dos siguientes. Entonces, batió una vez más el tambor: izquierda, derecha, adelante, atrás, todas las mujeres efectuaron los ejercicios a la perfección sin atreverse a pronunciar una sola palabra.


Anécdota redactada por el historiador Sima Quian, sobre el primer encuentro entre el conocido estratega Sun Zi y el monarca He Lu

El Arte de la Guerra - Sunzi, traducción de Albert Galvany, Editorial Trotta, Pliegos de Oriente

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Toda mi vida, mi corazón ha buscado una cosa que no puedo nombrar. Hunter S. Thompson