sábado, 21 de mayo de 2016

Un dios...




El hinduista no ve ninguna división fundamental entre Dios y el mundo. El mundo es Dios actuando; el mundo es Dios en un escenario. ¿Cómo llegaron a esa idea? Muy fácil. Cuando intentamos pensar porqué existe el mundo, nos damos cuenta de que es francamente extraño que haya un mundo. Habría sido mucho más fácil y hubiera requerido muchísimo menos esfuerzo que no hubiera existido nada. Sin embargo, las cosas existen. ¿Por qué?. Veamos, ¿qué haríamos nosotros en el lugar de Dios? Imaginemos que todas las noches pudiéramos soñar lo que quisiéramos. ¿Qué soñaríamos? Estoy seguro de que la mayoría soñaríamos con aquellas cosas maravillosas que hubiéramos querido que nos sucedieran. Realizaríamos todos nuestros sueños; y podríamos seguir así durante meses, adornándolo hasta lo indecible con setenta y cinco años de gestas gloriosas transcurridas en una sola noche.
Al cabo de unos cuantos meses, sin embargo, quizás empezaríamos a cansarnos un poco y diríamos: ¿Y si vivo una aventura esta noche donde ocurra algo francamente inquietante y muy peligroso? Como sé que estoy soñando, tampoco será tan terrible, y me despertaré si el asunto se pone feo. Así vivimos una temporada: salvando princesas de entre las garras de dragones y corriendo mil y un percances. Al cabo de un tiempo, sin embargo, nos decimos: vayamos un poco más lejos. Olvidemos que es un sueño y disfrutemos al máximo del suspense. Sabemos que nos despertaremos, pero ¡qué pasada...! Andando el tiempo, llega un momento en que nos atrevemos a abandonar del todo el sueño y terminamos soñando la vida que ahora llevamos. Los hinduistas dirían que eso se debe al pulso primigenio de la vida, la motivación básica de la existencia, que es como el juego del escondite. Visto y no visto. Todo se basa en esto; la vida entera es vibración, pulsación. La luz es una pulsación de luz y oscuridad. El sonido es una pulsación de sonido y silencio. Todo avanza y retrocede a distinta velocidad. El movimiento de una ola consiste en dos pulsos: la cresta y el seno. No existen crestas sin senos, ni veremos un seno sin una cresta. Siempre van juntos. En el escondite nos ocultamos para que nos busquen, y luego buscamos porque alguien se ha escondido. No existe el aquí sin el allí; sin un allí, no entenderíamos lo que es aquí. No existe el ser sin el no-ser, porque no entenderíamos el significado de ser si no supiéramos a su vez lo que significa el no-ser, y viceversa.
El escondite es el juego fundamental del universo según la concepción hinduista. Es como si Dios, Nuestro Señor, o el Brahman, hubiera dicho en el principio del mundo: Piérdete, tío. Desaparece, que yo ya te encontraré más tarde. Cuando esa desaparición va demasiado lejos, empieza el ritmo contrario, el soñador se despierta y dice: ¡Buf! !Menudo alivio! Se inicia luego un período de descanso en el que todo está en calma, y entonces todo vuelve a empezar. El espíritu de aventura resurge eterno.

Alan Watts - Mito y religión


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